PRINCIPIO DE MOTIVACIÓN POR LA EXPERIENCIA DEL ÉXITO
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PRINCIPIO DE MOTIVACIÓN POR LA EXPERIENCIA DEL ÉXITO

Por: Rafael Fiscal Flores*
 

 Como profesores nos hemos dado cuenta de que algunos alumnos son más tolerantes al fracaso y la frustración resultantes del trabajo escolar que otros. Se trata de uno de los comportamientos observables anclados en las zonas profundas de la personalidad de los seres humanos. En muchas ocasiones se nos olvida o no sabemos que la automotivación por la experiencia del éxito es un estupendo argumento para seguir aprendiendo.

 

 

 No es ningún secreto que los alumnos que carecen de la conciencia de la experiencia por el éxito, son los que carecen de éxitos reales de los cuales tomar conciencia. Optando, por tanto, por una serie de justificaciones externas a él a efecto de reclamar alguna nota o calificación, que denota que cumplieron exitosamente los objetivos, pero que en realidad no significa ningún éxito real para el alumno. Como profesores recibimos muchos reclamos que denotan lo que he citado anteriormente, baste algunos ejemplos para estar en sintonía: “¿Por qué me puso ocho sí vine a todas las clases?”, “¿Por qué me puso ocho si hice todas las tareas y trabajos?”, ¿”Por qué me puso nueve si fui el que más participó en clase?”, “¿Por qué me puso nueve si nunca llegué tarde?” Se trata de esos alumnos que carecen de éxitos reales de cuales tomar conciencia.

 Con frecuencia, algunos profesores “compadecidos” infringen tanto daño a los alumnos, engañándolos al hacerles ver que han conseguido un éxito cuando no lo es así, por ejemplo, recordemos: ¿Cuándo fue la última vez que le asignamos una nota aprobatoria a un alumno porque consideramos que de no hacerlo dañaríamos su autoestima? o ¿En aquella otra ocasión cuando la tarea o trabajo de un alumno plagado de errores (ortográficos, puntuación, acentuación, etc.) lo calificamos cuando menos como bueno sino que hasta excelente con la pretendida intención de que se automotive?  Conviene recordarles a esos profesores “compadecidos” que, por graves que sean los fracasos académicos de los alumnos más débiles, mucho más grave es que tales alumnos pierdan la confianza en los profesores, cuando se dan cuenta que el profesor sólo los trató de “consolar”, pues precisamente este tipo de alumnos suelen ser personas muy inseguras.

 En algunas universidades para evaluar el trabajo del docente (proceso continuo y permanente de la práctica educativa) se incluye una evaluación que considero es fundamental, se trata de la evaluación que los egresados hacen a sus profesores. A veces se trata de una sola pregunta, como la siguiente: ¿Qué profesores consideras que te dejaron más y por qué? Las respuestas son contundentes, siempre se refieren a los profesores que fueron exigentes, honestos, sensibles, duros y a veces rudos. Un argumento que acaba con cualquier discusión es cuando refieren que esos profesores les dejaron más porque: fueron honestos y a la vez duros porque no los engañaron y les enseñaron a levantarse ante el fracaso y a disfrutar de los éxitos; supieron decirles no cuando las cosas estaban mal y sí cuando las cosas salían bien, usted deduzca lo demás. Como cita el profesor Fernández (1998: 613) “En todo caso, sería fundamental que los profesores sensibilizarán a sus alumnos, después de haberse sensibilizado ellos mismos, hacia uno de los tipos de motivación más auténticos para la educación y el aprendizaje: el motivo del propio crecimiento personal, de desarrollarse como persona humana, sin más adjetivos ni académicos, ni profesionales, ni sociales. Larga tarea, casi siempre, corta la vida para rematarla. Vamos quizás a no llegar, con Machado, pero vamos a ir: cada día de escuela estaremos menos lejos del propósito”.

Hay técnicas muy sencillas que cualquiera de nosotros puede aplicar sin menoscabo de su imagen y perfil docente, así como también sin provocar daño a sus alumnos, por ejemplo: cuando les pongamos ejercicios, dejemos tareas o trabajos, debemos de indicarles a los alumnos cuales son los aspectos de calidad y cuales los de error, por ejemplo cuando se trata de una presentación, se puede indicar que los puntos de calidad de la presentación son, la precisión en el manejo del tema, el nivel de análisis y síntesis en la exposición del tema, etc. Adicionalmente es recomendable que se dé un seguimiento lo más individualizado posible (si las condiciones lo permiten) produciendo un doble beneficio, por un lado, la determinación de un ritmo de exigencia y progreso adaptado a la realidad de los alumnos y, por otro, un apoyo para el alumno para  el sano conocimiento de sí mismo (de sus capacidades), de forma que el alumno adopte una actitud motivadora para que decida lo que piensa emprender o hacer, sea mucho o poco.

No engañemos a los alumnos compadeciéndonos de ellos, mejor trabajemos desde sus incapacidades y enseñémosles a aprender de sus incapacidades y fracasos, así como de llevarlos más allá producto de sus éxitos. Pero fundamentalmente hacer conciencia tanto de sus fracasos como de sus éxitos.

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