Son niños, no estúpidos. Parte I
Minuto a Minuto

Masca la Iguana

Son niños, no estúpidos

Primera parte


Luis Fernando Paredes Porras


Ser niño en la actualidad implica  y demanda ser más inocente y menos ingenuo. Es decir más candor y menos malicia. Nuestros niños – generalizando – son maliciosos y poco inocentes.


Nuestros niños, no me refiero sólo a aquellos de quienes que somos responsables de su educación desde el seno familiar, sino a nuestros niños, a los de la humanidad,  viven momentos atroces. Me refiero a ellos en la consciencia de que los padecemos y/o gozamos y estaremos en sus manos dentro de muy poco, cuando los ciclos nos coloquen en la parte baja de la rueda de la vida.


La infancia, - ese estadio que va de los 0 a los 18 años-, nunca antes había sido objeto de deseo de tantas miradas que ven en ella a clientes, a víctimas, a esperanza, a carne de cañón, a potencia, a culpa, a inspiración. La infancia con tan pocas décadas de existir en el mundo de los adultos, con derechos, con estudios, con  asociaciones que les protejan y divulguen su sentir, son reflejo de lo  que somos los adultos y lo que es peor, son reflejo de nuestras miserias colectivas.


Miles de municipios en el país, este 30 de abril regalarán juguetes, contratarán imitadores a botargas, juegos inflables y regalarán juguetes para mostrar que su compromiso con  los niños esta muy lejano del desempleo, la frustración, los problemas de salud, la violencia y la ignorancia supina que vivimos sus padres. Pero la realidad, tal como la describe Serrat en su canción, “esos locos bajitos” es contundente, atroz y miserable.


A menudo los hijos se nos parecen,

y así nos dan la primera satisfacción;

ésos que se menean con nuestros gestos,

echando mano a cuanto hay a su alrededor.


Los adultos del 2012, en su mayoría, somos obesos o tendientes a la obesidad, enfermos de estrés, el corazón nos falla, los nervios están desequilibrados y nuestras relaciones son endebles. Por si fuera poco, no leemos, no analizamos, manifestamos sentir pereza a pensar y pocas veces reflexionamos sobre  que nuestra trascendencia no está en la ansiedad que nos carcome por poseer cosas materiales. Los adultos, por desgracia, en su gran mayoría, somos desorganizados, miedosos, mediocres. Nadie se salva, nos han educado, nos han conducido a que nos acostumbremos a vernos en ese estado.


Por si fuera poco tenemos miedo a envejecer y  por lo mismo despreciamos a los viejos, nos pasamos la vida  negando lo innegable acrecentando nuestra ansiedad por el transcurrir del tiempo.


Y si, es cierto, a menudo, y con mayor frecuencia, nuestros hijos se nos parecen, pero no debe haber mucha satisfacción en ello, sino más bien un estado alarma que nos debe llevar a la acción inmediata, no de gobiernos, sino de cotidianidades que permitan a los niños emular lo mejor que hay en nosotros. Todos, sea cual fuere nuestra historia de vida, tenemos algo valioso, algo que nos enorgullece y nos salva. A eso hay que asirnos y ofrecer a nuestros hijos para que se proyecten desde esos cimientos.


Son niños, no son estúpidos, por eso aprenden muy rápido lo que el mundo de los adultos demanda para sobrevivir y para sobresalir, los resultados los podemos palpar en todos lados y a toda hora. Poco queda de inocencia y se incrementa la malicia, no porque sea el estado ideal el vivir en el candor ni mucho menos el ser malicioso en todo momento y con todas las personas, pero parafraseando nuevamente a Serrat, si los niños se mueven con nuestros gestos y aprenden a echar mano de todo cuanto hay a su alrededor, si aspiran a ser como muchos de nosotros somos, estamos ante un presente triste y un futuro desalentador.


Dice la iguana que ella no tuvo infancia, que nació ya iguana, sin tiempo, sin edad, que lo suyo es el instinto, y aunque  verde,  se percata de que la mirada de muchas niñas y niños no tiene la misma inocencia ni tampoco la misma malicia que hace unos años.

 

 

Luis_FernandoLuis Fernando Paredes Porras es Director General del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM y Director de sabersinfin región sureste.