Reyes sin corona
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

 6 de enero de 2011
 

El 9 de diciembre del 2004, en Londres se presentó el informe anual sobre el estado mundial de la infancia a través de la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia).


Si bien, en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, por unanimidad, la Convención sobre los Derechos del Niño, dando lugar a la Cumbre Mundial en favor de la Infancia y en la que 71 jefes de Estado y Gobierno firmaron una Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño (con metas que deberían lograrse para el año 2000), el informe revela que el alcance histórico de estas y muchas otras “reuniones” orientadas a mejorar las condiciones de los niños simplemente han sido ineficaces.  

       
¿Por qué me atrevo a hacer esta afirmación? Estricta y llanamente porque más de 1,000 millones de niños y niñas no disfrutan del desarrollo y la protección que se prometió para el año 2000. El documento hace hincapié en que, la incapacidad de los gobiernos para cumplir las normas de la Convención, causa un perjuicio permanente a los niños y las niñas e impide a su vez el progreso hacia la mejoría en los derechos humanos y el avance económico. "Hay demasiados gobiernos que toman decisiones deliberadas y con conocimiento de causa que en realidad perjudican a la infancia", se dijo durante la presentación.


En resumen, se abarcan tres puntos de impacto en el bienestar de la niñez que son fundamentales: pobreza, conflictos bélicos y el VIH/SIDA. Más de la mitad de los niños y niñas del mundo en desarrollo sufren privaciones graves de uno o más de los bienes y servicios esenciales para la niñez. Incluso más preocupante es el hecho de que alrededor de 700 millones de niños y niñas sufren de por lo menos una o más de estas privaciones. 640 millones carecen de una vivienda adecuada. 500 millones no tienen acceso al saneamiento básico. 400 millones no consumen agua potable. 300 millones carecen de acceso a la información (televisión, radio y periódicos). 270 millones no tienen acceso a servicios de atención de la salud. 140 millones, la mayoría niñas, nunca han acudido a la escuela. 90 millones sufren graves privaciones de alimentos. Además, la pobreza extrema se encuentra entre los principales elementos que contribuyen al estallido de conflictos bélicos, especialmente dentro de los países, cuando las facciones armadas compiten por la obtención de recursos nacionales mal gestionados. De hecho, 55 de los 59 conflictos armados que se produjeron entre 1990 y 2003 fueron guerras internas, en lugar de conflictos entre países. Las repercusiones sobre la infancia han sido graves: cerca de la mitad de los 3,6 millones de personas que murieron en guerras desde 1990 han sido niños y niñas.


Por último, la oleada de huérfanos a causa del SIDA, que ha alcanzado en la actualidad los 15 millones de niños en todo el mundo, es un ejemplo dramático de las repercusiones de esta enfermedad sobre la infancia.


¿Qué se puede hacer?


No nos podemos cruzar de brazos pues la situación de la infancia actualmente compromete nuestro futuro. Tampoco podemos imaginar que la adquisición de “juguetitos chinos” que inundan nuestros mercados, marcarán un paliativo.


Lo único que se me ocurre es elevar la voz e invitar a crear conciencia, manifestando esta cruda realidad de nuestro tiempo: el ser niño, para más de mil millones de seres humanos pequeños, no es otra cosa más que una narración de una experiencia brutal. Esto los convierte en verdaderos Reyes… sin corona.

 

 

Jose_Gabriel_Avila-Rivera

 

José Gabriel Ávila-Rivera es médico egresado de la BUAP, especialista en Epidemiología e investigador del Proyecto de Salud Ambiental y Humana, Departamento de Agentes Biológicos, Facultad de Medicina de la BUAP.

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