CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO PRODUCTIVO Y COMPETITIVO
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CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO PRODUCTIVO Y COMPETITIVO

 

 

Por: Raúl García Tlapaya*

 

 En la Educación Superior Tecnológica no debemos perder de vista la perspectiva del “sistema”, la tarea consiste en incrementar tanto las demandas de aprendizaje, como las ofertas. La “novedad” consiste en que se trata de ajustar las últimas de manera que se adapten a las necesidades, expectativas y condiciones de los usuarios y no al revés como ha sido hasta ahora. La perspectiva en juego para todos los actores involucrados, es la generación gradual de una cultura del aprendizaje permanente.

 

 

 

 Pero, ¿que es lo que realmente importa en términos de política?, lo que importa, es promover la demanda y las ofertas de aprendizaje destinadas principalmente a aquellos sectores de la población que hasta ahora han permanecido más lejos de sus beneficios. En ese sentido, es preciso un trabajo de identificación de las necesidades de aprendizaje de los ciudadanos, de la sociedad en su conjunto y de las provenientes del mercado laboral. En nuestro caso, por ejemplo puede ser prioritario abordar el tema de las competencias de base de la población referidas a alfabetización en lenguaje, matemáticas, ciencias, emprendimiento, uso de tecnologías de la información y de la comunicación, la mayoría de las cuales corresponden a competencias que se forman en el sistema escolar (enseñanza básica y media). Focalizar estos esfuerzos, por ejemplo, en las necesidades de los pequeños y medianos empresarios, que constituyen la gran mayoría de la población ocupada del país, en los mercados laborales, en el desarrollo de competencias para nuevas ocupaciones, en la reorientación o reconversión de otras o en las necesidades de la población cesante, sin duda son decisiones socialmente relevantes.

 

 

 Un segundo análisis, de enorme importancia, es el mejoramiento de lo que se ha dado en llamar el “capital humano avanzado”, especialmente en lo que se refiere a la formación de técnicos de nivel medio y superior, por su contribución al desarrollo productivo y a la competitividad del país.  

 

 

 De igual forma, en el ámbito de la política, los esfuerzos anteriores resultarán ineficaces si no van acompañados de las acciones necesarias para asegurar una educación parvularia, básica y media de alta calidad para todos, incluyendo la formación técnica de nivel superior. Se trata de la base de la educación permanente y debiera estar encaminada a dotar a todos de las herramientas básicas que requiere una sociedad y una economía basada en el conocimiento.  

 

 

 Lo anterior demanda también una política consistente hacia los mediadores del aprendizaje, es decir, docentes, instructores, educadores de adultos, orientadores, intermediadores laborales, de manera que sus competencias profesionales de formación y de ejercicio, contribuyan al desarrollo de una cultura del aprendizaje continuo.

 

 

 En términos de acciones, la opción ha sido para aquellas que reúnen al mismo tiempo la condición de prioridad de política y de viabilidad práctica, que permitan su desarrollo gradual y de las cuales puedan extraerse aprendizajes. Se trata más de ir armando un rompecabezas que de producir un mapa, porque muchos de sus territorios están todavía insuficientemente explorados, incluso en países que partieron con esto hace unos diez años.

 

 

 En este siglo XXI estamos obligados a considerar nuevas razones de educar que quizá en otro tiempo no tenía caso contemplar. Pero que la consideración de estas nuevas razones no puede sostenerse exclusivamente sobre un enfoque pragmático que reduzca la función de la educación superior a la socialización, la inculturación y la adaptación o ajuste a las circunstancias de una sociedad que se rige estrictamente por los valores individualistas y autointeresados propios del mercado. Este pragmatismo conservador, se vale de la falsa bandera del fin de las ideologías para legitimar las diversas formas de segmentación social del nuevo liberalismo y justifica las políticas de marginación y exclusión que, desde una perspectiva moral, resultan insostenibles.

 

 

 

 

 * Raúl García Tlapaya (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Candidato a Doctor en Educación Permanente por el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE) y Director General del Instituto Tecnológico Superior de Libres (ITSL)

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