Una mirada al corazón (Artículo)
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14 de junio de 2022

 

Compartiendo tu opinión


Te pido una disculpa anticipada si este último artículo desentona del resto, pues más que un artículo esto es, como lo dice el título, una mirada al corazón.

No puedo cerrar el libro sin antes hablar de mi lado más humano. Como ya habrán leído en páginas anteriores, me gusta observar, estudiar y reflexionar sobre distintos temas, acontecimientos y fenómenos sociales, sin embargo, eso no significa que yo esté exento de cometer errores.

Es por esto que quise escribir acerca de cómo yo mismo he transitado estos tiempos transpandémicos. Les anticipo que he asumido el riesgo de que este texto termine por cubrirse de nostalgia dejando en evidencia mi sensibilidad.

No puedo dejar de hacerlo, cuando eliges trabajar en tu propia persona, reconoces tus imperfecciones y encuentras en ellas un noble material de trabajo. Así que, les comparto de dónde han surgido estas ganas de escribir cincuenta libros antes de trascender, un deseo nacido en tiempos de coronavirus, y de paso, hablaré de lo que ha significado el camino del crecimiento personal.

Antes de la llegada del COVID-19 transité un momento muy especial en mi vida, ese instante en el que te miras al espejo y te preguntas ¿qué sigue?, ¿la muerte?, ¿la enfermedad?, ¿el abandono?, ¿el retiro?...

Dicen que el tiempo es intangible, subjetivo o inexistente, pero estoy seguro de que en ocasiones se puede llegar a sentir como una puñalada de melancolía en el corazón.

Mirar atrás y observar todo el camino andado. Mirarte al espejo y descubrir esas marcas que te han dejado las innumerables caídas, y luego mirar a futuro, con los ojos cansados, con el cuerpo limitado en movimiento, y preguntarte ¿qué hay para mí mañana?

Entonces pensé en lo siguiente: ¿quién soy realmente y a qué he venido al mundo? Cuando me formulé esta pregunta y no pude responder de manera clara, encontré una tarea pendiente en mi vida: reconocerme.

Desde entonces han aparecido, como por arte de magia, personas que me han acompañado en este camino hacia el reencuentro conmigo mismo.
Las letras siempre me han parecido una forma exquisita para expresar las emociones y pensé ¿por qué no?, ¿por qué no tomar ese camino? Así que me dediqué a escribir de manera constante y encontré una gran satisfacción en ello.

El cuerpo y la voz se resisten a trabajar, pero los pongo a trabajar contracorriente. Creo firmemente que cuando existe una profunda motivación, el cuerpo responde de mejor manera.

Así me encontró la pandemia, con claros objetivos, y como a la gran mayoría, el coronavirus me puso un alto, me obligó a hacer una parada en el camino.
El aislamiento, el sufrimiento de tanta gente, las noticias de los amigos queridos que habían partido, el miedo que se respiraba en el aire, todo esto sonaba más fuerte cuando me encontraba en soledad.

He tenido momentos de profunda nostalgia al pensar en todos aquellos que se vieron más afectados con el confinamiento. También he sentido un inmenso agradecimiento, por lo bendecida que ha sido mi vida. Me he sentido fuerte algunas veces y muy débil en otras.

Todas estas emociones me han ayudado a reconocer la persona que soy. Empezando por aceptar todos mi errores que son muchísimos. Podría escribir un libro entero sobre mis defectos y equivocaciones. Pero podría después escribir dos o tres acerca del aprendizaje que he obtenido a partir de ellos.

He aprendido a amarme, a reconocer mi trabajo, mi esfuerzo y el sudor de tantos años. He entendido que puedo exigirme ser mejor, pero que también puedo abrazarme cuando me siento vencido.

He entendido que no es fácil relacionarse conmigo, que soy una persona de carácter difícil. Esto lo aprendí cuando tuve que soportarme durante días enteros entablando conversaciones con mi voz interior.

Entonces he sabido valorar a todos aquellos que disfrutan de mi compañía, porque ellas y ellos aprendieron, antes que yo, a convivir conmigo, a descubrir mi lado amable.
También me he sentido orgulloso de mí, analizando todas las veces que insistí y luché hasta lograr mi objetivo. Descubrí ese lado de mi ser bondadoso, recordando todas las veces que le extendí una mano a alguien que lo necesitaba.

Cuando se levantó el confinamiento, me sentía distinto. Me había permitido reconocerme y volví al mundo, como todos, paulatinamente, retomando actividades, sin embargo algo afuera había cambiado.

La gente estaba lastimada, los negocios, los que sobrevivieron, estaban gravemente afectados, familias rotas, escuelas abandonadas, y noté en la mirada de muchos una nota de esperanza, esas enormes ganas de volver a salir a flote, a pesar de lo vivido.

Ya he hablado en este libro del entusiasmo, y de lo importante que resulta tener un motivo para levantarse cada mañana. Este es uno de mis grandes aprendizajes durante la transpandemia.

Esa mirada, esa actitud que he visto en tantas personas, de no perder el rumbo, de mantenerse firme y seguir adelante, me ha conmovido y me ha inyectado en el alma una buena dosis de energía.

Estoy lleno de ilusiones, como un niño pequeño cuando sueña, tengo proyectos, por mí y por mis seres queridos. Por mi gente, por mis estudiantes, por mi familia. Tengo claro hacia dónde voy ahora. Tengo motivos, muchísimos.

Me he sorprendido trabajando hasta tarde y levantándome muy temprano, por ese entusiasmo de alcanzar todas mis metas.

Ahora me queda claro que, mientras tengas un motivo, un anhelo profundo, cada día será una valiosa oportunidad para hacer realidad tu sueño; pero claro, sin dejar de lado esa búsqueda del crecimiento personal que, ahora lo sé, nunca termina.

Así que, cierro este libro con mi mejor deseo para ti:

Querido lector, te deseo motivos. Deseo que encuentres dentro de ti un propósito de vida, un anhelo profundo.

Y si me lo permites, quisiera acompañarte en tu camino con futuros libros, conversando contigo a través de mis letras.

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.

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