La Urgencia de la Equidad de Género en la Poesía Erótica (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

 

8 de junio de 2022

 

PUTA
“Liberas toda mi femineidad cuando pides que sea una perra,
recorre en mis venas un torrente de oxitocina que hace hervir la sangre en mi centro y se me olvida el poco pudor que me queda,
y luego
tu lengua en mi boca,
tus manos sobre mi piel,
tu verga grande y dura en mi garganta,
esas palabras retumbando en mis oídos y que otrora rechacé: “te quiero bien puta”
El tono de tu voz me llevó a un nivel de ardor que solo siento contigo.
Soy tan puta como tú me pones, soy tu puta”.
Lina Alvarado

 

Hace unos días, vi uno de esos videos virales que envían por las RRSS, en éste, había una petición por parte de la presidenta de un Parlamento a uno de los diputados que lo conformaban:

- “Gracias diputado, yo le voy a pedir que cuando se dirija a mí, en este puesto, soy presidenta, no presidente, eso nos ha costado años que nos respeten y nos reconozcan”
A lo que él, en un tono bastante burlón, -si me permiten tener este desliz de juicio-, responde leyendo un guion, que pareciera no tener internalizado:

- “…quiero decirle que el participio activo del verbo atacar es atacante, el de salir es saliente, el de cantar es cantante y el de existir es existente… ¿Cuál es el del verbo ser? es ente, que significa el quien tiene la identidad, en definitiva, el que es. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota la capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a éste, el término de ente, así que el que preside se llama presidente y nunca presidenta independientemente del género masculino o femenino del que realiza la acción, eso es todo, PRESIDENTE”.

Es recibido ese discurso en medio de aplausos de las ocho personas que se encuentran en la Asamblea, todos hombres, menos aquella que preside. No tengo más información del video, no sé en qué país de Latinoamérica está ubicado este Parlamento, ni la fecha exacta en la que se da la discusión, si puedo decir que es reciente porque están usando mascarillas quirúrgicas, por aquello del virus de moda por estos días.

No es tampoco mi intención aquí desatar un debate sobre el uso correcto del lenguaje, no voy a hablar de lenguaje inclusivo ni de faltas a la lógica gramatical, pretendo ir más allá de lo que a mi parecer se vivió en la Asamblea de ese país, la respuesta del diputado es lo que yo llamo un discursillo seudointeligente, aquel dado por una persona con pretensiones engañosas y que de mala fe, funge de intelectual y se apoya de hecho, en disciplinas teóricas serias, para esconderse detrás de la máscara del seudoconocimiento y vomitar su discurso de odio y de no aceptación de la otredad de un grupo que a pesar de ser mayoría en el mundo, le ha tocado arrancar con las uñas a la legislatura de éste, el reconocimiento de su voz en múltiples dimensiones de la sociedad.

Tengo que confesarlo, como mujer, siempre vi como normal este tipo de conductas por parte de las demás personas, mujeres y hombres, puesto que el ser mujer no me lleva a ser per se, defensora de sus derechos, pues lo que es machista es la cultura, no el hombre ni la mujer, es la cultura, la sociedad la que debe cambiar las prácticas arraigadas de una cultura en la que el hombre viene siendo considerado el centro. Al verlo como normal, me dediqué a desarrollar estrategias para pasar desapercibida en esta sociedad, capeando, como un buen mataor, el toro de los piropos, insinuaciones, propuestas indecentes, inequidad en la contratación, por no nombrar más abusos que recibí a lo largo de mi vida en múltiples contextos de acción, desde el familiar y el académico, hasta el profesional y el último en el que me estoy desenvolviendo y que generó esta protesta en letras, el de la escritura.

Que sea también el momento para aceptar que la poesía me abordó, no la busqué, no soñé con escribirla nunca, pero siento que me seguía los pasos desde que era una niña. En mis estudios de posgrado, mis maestros me abrieron un abanico infinito de posibilidades de escritura y yo, a quien nunca le gustó irse por el camino espacioso, escogí la poesía, la poesía en un país cada vez más muerto. Pero no cualquier clase de poesía, sino la Erótica. Pero no solo la Erótica, sino la que se vive desde el cuerpo y la sensación de la mujer. En ese orden de ideas, en un país de cultura machista, en donde la mujer está hasta ahora tomando protagonismo en esferas políticas, ambientales, sociales, etc., en un país en el que la diferencia no es reconocida sino más bien aniquilada, en mis versos se siente un poderío de la mujer al que nadie ha querido darle la seriedad que se merece: su erotismo, sensualidad y sexualidad.

El poema del epígrafe, de mi autoría, ha sido generador en su corta vida del debate más cruel y del atropello a mi ser, por atreverme a reflejar en palabras lo que ha estado en el argot popular desde hace años: “Mamita –le escuché una vez a la abuela-, la mujer debe ser toda una dama en la sala y una puta en la cama”, y desde entonces, a muchas personas, hombres y mujeres por igual, les he escuchado repetir lo mismo ¿Está bien? ¿Eso ya no puede decirse? ¿Es una idea errónea? No lo sé, y tampoco es mi intención dar una respuesta, más bien como lo dije al principio, trascender, ir más allá.

Volvamos al poema, al imaginarlo, recibí la crítica más dura de uno de los seres más queridos para mí y que no hubiera imaginado nunca que iba juzgarme: uno de mis mejores amigos quién con la cara enrojecida me gritó con todo su desprecio que estaba pordebajeando a la mujer, que no lo creía de mí, que años de lucha de género para que yo aceptara una voz abusiva de un macho cabrío que se ensalzaba llamando puta a su amante. Callé, reflexioné y luego, me alejé de allí con mucho dolor, más que por sus palabras, porque me hizo dudar de mí. Aun así, seguí con la idea en la cabeza, indagué, hice preguntas atrevidas a hombres, mujeres, bi, lesbianas, gays, y, porque no conozco a nadie que se reconozca no binario, sino, también habría sido víctima de mi inquisición profana: todos coincidieron en que en la intimidad se vale todo lo que nos haga sentir cómodos, “ser puta en la cama es lo que todos queremos, es liberación de nuestros sentidos ¿Qué hay de malo en ello?” Finalmente en una noche de insomnio, parí mi poema y luego lo lancé a la arena en una mesa con algunos conocedores, muchos de ellos poetas y escritores serios y otros que ahora reconozco como seudointelectuales, seudoliteratos, seudoescritores, personajes de esos de los que hablé al principio. En ese diálogo, recibí la respuesta más inesperada: tener una aventura con uno de ellos para que pudiera dar rienda suelta a mis deseos con él, un hombre de poco tacto y mucho ego. No supe que hacer y volví a mi vieja estrategia de capear como ¡toa una mataora, y olé!, aunque hubiera preferido poder capar al hombre en cuestión, muchas mujeres saben de lo que hablo.

¿Habría recibido Charles Bukowski (1978) una propuesta para ir a la cama de cualquier mujer u hombre, solo por escribir en Mujeres: “Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo una mujer me la imagino siempre en la cama conmigo”? La respuesta es NO, no porque no es Karla Bukowski ¿Acaso alguien creyó por un solo instante que Gabriel García Márquez (1967) podría ser un incestuoso solo por lo que escribió en Cien Años de Soledad?:

…La impresionó tanto su enorme desnudez tarabiscoteada que sintió el impulso de retroceder…«Ven acá», dijo él. Rebeca obedeció. Se detuvo junto a la hamaca, sudando hielo, sintiendo que se le formaban nudos en las tripas, mientras José Arcadio le acariciaba los tobillos con la yema de los dedos, y luego las pantorrillas y luego los muslos, murmurando: «Ay, hermanita; ay, hermanita». Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito…?

Por supuesto, la respuesta una vez más es ¡NO! no, porque no se llama Gabriela García Márquez ¿Pero es Lina Alvarado (2022) una puta porque escribe: “y luego //tu lengua en mi boca,//tus manos sobre mi piel, //tu verga grande y dura en mi garganta,//esas palabras retumbando en mis oídos y que otrora rechacé: “te quiero bien puta”? La respuesta, desafortunadamente pareciera ser que sí, porque soy Lina Alvarado, mujer y poetisa erótica.

Generar polémica por la inequidad de género en la poesía erótica no es el objetivo de estas páginas, me gustaría más generar conciencia. A lo largo de mi carrera como poetisa erótica han sido preguntas obligadas por qué el erotismo, quien me inspira, que dicen de mis poemas aquellos que me conocen, que piensa mi familia y hasta si me visto de alguna manera especial cuando escribo, ¡no señores! por lo general tengo el pelo alborotado, estoy tomando café y en los andrajos que me permite vestir la intimidad y seguridad de mi casa, apuesto que esas preguntas no se las harían a Quevedo, a Neruda o a Vallejo; de nuevo la mataora capea y contesta de una manera políticamente correcta y con jocosidad: no es solo mi voz, es la voz de la mujer, de muchas mujeres, son sus sensaciones, su cuerpo, su erotismo, su sensualidad, que han sido relegados al campo de la reproducción durante millones de años y que está resurgiendo, en letras provocativas, para la catarsis de la femineidad de muchas.

Las mujeres que han leído mi obra se reconocen en esos versos, así como yo me reconocí en los de Sor Juana Inés de la Cruz o en los de Gabriela Mistral, en los de Juana Ibarbouru o en los de Alejandra Pizarnik. El camino es largo, y para nosotras ha estado más escabroso porque ni siquiera nos conceden la bondad de sabernos dueñas de nuestro cuerpo y de nuestras sensaciones y como decía la Presidenta de la Asamblea: “nos ha costado años que nos respeten y nos reconozcan”. La invitación entonces es a que empecemos por nosotras mismas, reconociéndonos en nuestra sensualidad, en nuestro erotismo, dejemos de jugar ya a la mataora, exijamos, como lo hizo esta mujer valiente, ser reconocida y nombrada y no permitamos que seudos.lo.que.sean, echen abajo nuestra dignidad y lo que nos ha costado tantos años ganar.

 

Lina Marcela Alvarado
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