Terapia del alma (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

Moisés ben Maimón (1138 - 1204)

 

6 de junio de 2022

 

El mundo iluminado


Han sido tiempos duros, difíciles, principalmente para la salud física. La medicina, siguiendo la misma línea desde la antigüedad, no se detiene en su mejoramiento y búsqueda de soluciones que el cuerpo exige a fin de mantener su funcionamiento. A propósito de la palabra ‘medicina’, ésta nos llega del latín y significa ‘cuidar’; por su parte ‘cuidar’ viene del latín ‘cogitare’, que es ‘pensar’. Por lo que el que cuida, el que hace medicina, es el que piensa.

En griego, la palabra ‘medicina’ no existe, pero tenemos otra semejante y que también tiene relación con la idea de cuidar, ésta es la palabra ‘terapia’, la cual, además, significa ‘tratamiento’, de donde obtenemos ‘tratar’ que significa ‘tirar’, en el sentido de arrojar, lanzar. De lo anterior podríamos deducir que el tratamiento nos cura porque tiramos (lanzamos) lo que nos hace daño. Tirar y pensar son necesarios para tener un cuerpo sano, sin embargo, y si atendemos a la sentencia antigua, entonces también son indispensables para mantener en ese mismo orden a nuestra mente, pues, como decía Platón: «Mente sana en cuerpo sano».

La mente no la entendían los antiguos de la misma manera que nosotros. La mente es para nosotros la capacidad que tenemos para pensar, para entender, es un conjunto que se manifiesta a través de la razón, un proceso psíquico en el que nuestras redes neuronales interactúan a fin de procesar la información que asimilamos a través de los cinco sentidos. La mente, en resumen, es para nosotros materia. Los antiguos no lo entendían así, para Aristóteles, por ejemplo, la mente es manifestación del alma, o mejor dicho, la mente es el alma en sí misma. Saber lo anterior nos pone en aprietos en tanto que la sentencia platónica anteriormente citada nos obliga a entenderla en un sentido que conjunta lo material con lo inmaterial, pues cuando decimos «mente sana en cuerpo sano» estamos invocando lo siguiente: ‘alma sana en cuerpo sano’, y aquí se abren la preguntas: suponiendo que el alma verdaderamente existe, ¿pueden la medicina y la terapia atenderla? ¿Existen enfermedades del alma? ¿Cómo sanar al alma enferma?

La ciencia que se dedica al estudio del alma, aunque no nos lo parezca, es la psicología, pues sus orígenes están en ‘psykhe’ (alma) y en ‘logos’ (ciencia). El centro de atención de los psicólogos está en la cabeza, porque ahí está la mente y la mente, según Aristóteles, es el alma. Sin embargo, la manera de entender al alma ha cambiado con el tiempo. En general, ésta es comprendida como una manifestación particular de lo divino, pero esta manifestación varía de una religión a otra. Las doctrinas griegas no estaban unificadas y su visión del alma cambiaba prácticamente con cada filósofo, pero con las religiones monoteístas judeocristianas están un poco más homologadas en este sentido. Los griegos concebían al alma como una entidad que se reunificaba con el cosmos una vez muerto el cuerpo; los judeocristianos conciben al alma como una manifestación del ser que el día del juicio final retornará a su forma física. Resumamos, para los griegos el cuerpo es un despojo, un cascarón, para los judeocristianos es parte del ser.

El filósofo Maimónides vivió en el siglo XII, en la España medieval. Él destacó en disciplinas como la medicina, la astronomía, la filosofía y la religión. Maimónides fue judío y su amplio conocimiento de los textos sagrados le permitió gozar de buena reputación en territorios judíos, cristianos y musulmanes. Su pensamiento estaba influido por el aristotelismo, de ahí que practicara una medicina que atendía con la misma importancia los males del cuerpo y los del alma. Para Maimónides es imposible gozar de buena salud física, cuando la mente está enferma. En su obra “Sobre las conductas humanas” nos dice:

«Los seres humanos cuyas almas están enfermas desean y se inclinan por conductas negativas. Cabe entonces preguntarse sobre la terapia para tales enfermos del alma, siendo el método ir a consultar a los sabios, quienes son los médicos del espíritu. La ira debe de evitarse siempre, el que se enoja, si es un sabio, pierde su sabiduría; si es un profeta, su profecía; la vida de los irascibles no es vida. El comportamiento de los justos se define del siguiente modo: son ofendidos y no ofenden. Es recomendable que la persona busque el silencio y no hable. Quien habla más de lo necesario cae en el error. El silencio se considera el resguardo de la sabiduría. Las personas no deben comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni deben caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que deben ser alegres y esto se consigue practicando la generosidad, reduciendo la vida de los negocios y ocupándonos más del estudio».

Cuando el alma está enferma, dice Maimónides, debemos exponerla más a lo que la daña en lugar de alejarla, es decir, si tenemos un alma amargada, iracunda, debemos de empujarla a situaciones en donde su ira se acreciente, pero intentando contenerla, de esta manera el alma se fortalecerá. O si nuestra alma está enferma de tristeza, debemos de exponerla más a la tristeza intentando contener los pensamientos negativos, de esta manera el alma se llenará de alegría.

La doctrina de Maimónides es considerablemente amplia, pero su eje está en la concepción de la medicina como una ciencia que cura (pensar y tirar) tanto al cuerpo como al alma. Pensemos ahora en nosotros. Estamos convencidos de que lo más importante es fortalecer al cuerpo con vacunas, medicamentos, ejercicios y dietas, sin embargo, el aprecio del cuerpo y el desdén no ya del alma, sino de nuestra vida interior (aquello que la psicología estudia) sólo nos conducirá a ser una sociedad cada vez más enferma.

¿La violencia en el mundo está escalando? ¿La pobreza se está acrecentando? ¿La ignorancia se corona hoy en día como nunca antes? No es fortuito. Estamos enfermos, del cuerpo, del alma, de la mente. No hay correspondencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. ¿Nuestra vida interior es un cúmulo de tinieblas? Parece que es hora de una terapia del alma.

 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.
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