Interesémonos por el prójimo, y los conflictos disminuirán (Artículo)
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29 de abril de 2022

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Para revolucionar la política actual hay que reestructurar el concepto que tenemos de ciudadanos, por ejemplo, si nos interesamos en los demás los conflictos disminuirán.

Desde Aristóteles hasta Karl Marx, han dejado claro que el hombre es un ser sociable. La necesidad de relacionarse y organizarse con sus semejantes ha traído la conformación de tribus, clanes y sociedades.

En todas y cada una de estas formas de organización social ha sido fundamental la asignación de roles y el establecimiento de jerarquías.

Estos roles o cargos se otorgan o se asumen en función de las características de cada individuo. Para ser jefe de tribu o presidente de un país, el candidato debe tener algunas características. Cuando una persona al mando no cumple los requisitos, los ciudadanos señalan estas carencias y los mandatarios son frecuentemente juzgados por no llenar las expectativas del cargo.

En este proceso tan habitual no podemos dejar de mencionar que, así como la figura de autoridad tiene que cubrir ciertas expectativas, los gobernados, es decir, el pueblo, también tiene algunas características en común.

En esta relación gobernador-gobernado, parece que el primero debe tener iniciativa, energía, sentido de la organización y voz de mando. Mientras que el gobernado debe tener un alto sentido de la responsabilidad, y una actitud complaciente, para permitir ser dirigido.

Y aunque entre los ciudadanos podemos encontrar una gran cantidad de líderes que no “encajan” en el perfil del gobernado, la mayoría de los ciudadanos son complacientes o desinteresados.

Pero esto, a mi parecer, no es más que un proceso natural de las sociedades y de los rasgos generales de la humanidad. Sin embargo, creo que el sistema se ve amenazado cuando la mayoría toma cualquiera de estas dos posturas:

Fanatismo político, generalmente porque ante la falta de las propias ideas se adopta por completo la ideología de un dirigente, y por lo tanto, se idealiza a la persona en cuestión.

Y la crisis de gobernabilidad por un exceso de demandas sociales. Señal de que la mayor parte de la población exige a la autoridad solución a cualquier problemática que se presente, en lugar de buscar una salida propia.

Ambas situaciones se han dado con frecuencia en la historia de muchos países, y no podemos juzgar de bueno o malo, pero sí ha quedado claro que esto ha sido motivo de disturbios, guerras y por consecuencia, pérdidas humanas.

Pero no es mi intención hacer un juicio sobre la evolución de la política, sino hacer notar lo difícil que es en sí la organización social y la gran oportunidad que tenemos de revolucionar lo que hoy se conoce como política.

Cuando menciono que hay que volver a construir el concepto de ciudadano, estoy apostando a una idea que puede llegar a ser muy mal recibida por muchos, y es la de creer que para cambiar al país hay que empezar por cambiar uno mismo.

Construir una ideología autónoma con fuertes convicciones evitará que se caiga en el fanatismo político. Así como, cumplir con las responsabilidades que, como ciudadanos tenemos, podrán evitar la crisis de gobernabilidad.

Dejar de esperar que el alcalde de mi colonia asigne trabajadores de limpieza porque la calle está muy sucia y salir a barrerla. Ante un caso así, aquellos que tengan rasgos de liderazgo o sentido de la justicia, buscarán la forma de que cada vecino de la zona mantenga limpia su acera. Podrá hacer brigadas, mesas directivas y turnos de vigilancia, así como aplicar sanciones para los vecinos que no cumplan.

Algunos vecinos tomarán como buena esta iniciativa y participarán de ella, pero aquellos que tengan las características de líder, o protestante, podrán obstruir el trabajo.
Así se hace política en una colonia y así se hace también política en una escuela, en el trabajo y en el propio hogar.

El ser humano es tan complejo que nunca, un dirigente, podrá tener la aceptación de todo el pueblo, me atrevería a decir que es imposible.

Los ciudadanos asumen, o no, las responsabilidades y obligaciones que le son impuestas y pueden ser complacientes o protestantes, según sus intereses. Pero si cada individuo lograra participar con acciones dentro de su entorno, estoy seguro que poco a poco dejaríamos de esperar a que otros den solución y se reducirían las demandas sociales.

Parece que esto es una simple utopía, pero basta mirar nuestro núcleo familiar para entender cómo funcionan las relaciones entre gobernadores y gobernados.

En las familias vemos con frecuencia roles como el del hijo mayor exitoso que alcanzó una muy buena economía, la hija que toma la iniciativa, propone, y toma decisiones y el hijo menor que no cubrió las expectativas y truncó su carrera quedando a expensas de los padres.

En un núcleo familiar con estas características es muy probable que cuando se tenga que organizar alguna actividad familiar, se le pida al hijo mayor la aportación económica porque “él tiene y no le falta nada”, por otro lado se esperará de la hija que dirija a todos y tome decisiones, y del hijo más pequeño no se esperará nada porque “ya saben que nada puede aportar”.

Si todos están cómodos con los roles, pasarán años funcionando bajo esta organización. Pero con uno solo que esté en desacuerdo, dará paso a discusiones, peleas y hasta rompimientos en las relaciones. Esto también es política.

Así que la política se construye a escala mundial o a escalas menores, como el núcleo familiar. Pero a cualquier nivel, hay una cosa que suele detonar el conflicto: la falta de interés por las necesidades del prójimo. Si todos, sin distinción de cargo o posición social, nos permitiéramos escuchar las necesidades del otro y fuéramos empáticos con ello, la política podría dar un giro importante.

Para lograr esto, tendríamos que ser capaces de quitarnos toda armadura, bajar las armas y dejar de lado el ego.

Somos seres complejos y además, dinámicos, cambiamos, aprendemos y nos modificamos. Es por esto que nos cuesta tanto organizarnos como familia, como colonia, como país y como mundo. Pero si empezáramos a construir una mejor relación con nuestro entorno inmediato, veríamos grandes cambios.

A veces necesitamos tocar fondo para querer cambiar, y creo que con lo vivido actualmente, con todo el sufrimiento que ha detonado el COVID-19, podríamos encontrar esa oportunidad de evolución social. No exigiendo a los demás; sino asumiendo nuestra responsabilidad como ciudadanos.

La transpandemia nos obligará a mover las fichas y re direccionar, así que depende de nosotros que el cambio sea para bien.

Interesémonos por el desarrollo de nuestros prójimos y los conflictos disminuirán, se los aseguro.

 

Bibliografía:
Spiller Ingrid. ¿Cómo cambiar al mundo? NUSO N° 290. 2020 https://nuso.org/articulo/como-cambiar-el-mundo/
Bueno María. Aristóteles y el ciudadano. Scielo. 2018 http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-66492018000100011
Definición de gobernabilidad. Sistema de Información Legislativa. http://sil.gobernacion.gob.mx/Glosario/definicionpop.php?ID=112

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.