El respeto como elemento esencial en la relación de padres e hijos (Artículo)
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15 de abril de 2022

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Nuestros hijos son individuos independientes y no extensiones de nosotros. Este es el gran reto como padres: establecer límites a nuestros hijos conscientes de su autonomía, a base del respeto mutuo.

El encierro obligado de casi dos años fue una reunión familiar larga e involuntaria. Los niños y adolescentes volvieron al lecho materno de tiempo completo. Muchos adultos, también, pero eso será motivo de otro de mis artículos.

Hacía mucho que no teníamos a nuestros niños, adolescentes o jóvenes 24/7 en casa, y estoy seguro de que muchos padres conocieron nuevos aspectos, preferencias y actitudes de sus hijos.

En el mejor de los casos fue una oportunidad para re-conocerse y pasar más tiempo de calidad entre los miembros de la familia, pero la realidad es que, para la gran mayoría el confinamiento fue tormentoso.

La relación entre padres e hijos es compleja por naturaleza. Desde tiempo atrás se ha estudiado la conducta de los niños, las estructuras familiares, las respuestas de padres e hijos, la psicología de los adolescentes y muchas cosas más con tal de ofrecer a las familias estrategias para establecer relaciones sanas y armoniosas que permitan la correcta educación.

Y aunque se ha avanzado mucho en la materia, esta relación es tan amplia que faltan muchos años de investigación para lograr entenderla en su totalidad.

Especialmente cuando el amor hacia los hijos es muy fuerte, la relación se torna cada vez más complicada porque el progenitor buscará a toda costa el bienestar de su hijo, en algunos casos sobreprotegiéndolo para evitarle el sufrimiento y en otros siendo demasiado estricto para forjarle una personalidad que le permita enfrentarse al mundo.

Los adultos llevamos la ventaja de la experiencia que tiene un valor inquebrantable y hemos aprendido a resolver por nuestros propios medios toda adversidad que se nos presente. Esta manera de solucionar es nuestro modus operandi y nos da la sensación de que estaremos a salvo. Por ende, es esta forma de resolver la que heredamos a nuestros hijos hasta que un día, ellos encuentran sus propios medios para salir de dificultades.

Y mientras más distintas sean sus formas de las nuestras, más sentiremos que nuestros hijos están en peligro, es como si se alejaran de la zona segura. Pero, más que obligarlos a seguir nuestros pasos debemos asumir que nuestros pequeños, esos seres diminutos que creíamos que no sabían mucho de la vida, se han convertido en nuestros grandes maestros.

Hay gran cantidad de cosas que nosotros enseñamos a nuestros hijos, pero ellos también vienen a enseñarnos grandes cosas.

A mi parecer, como en toda relación de aprendiz-maestro, debe primar el respeto por encima de todo. Tanto el respeto de los menores hacia los mayores como el respeto de los adultos hacia la individualidad de los niños o adolescentes.

¡Qué difícil resulta entonces la tarea de criar y aún más de educar! Pues, por si fuera poco, no debemos perder de vista que la educación es la guía que como adultos damos a los menores y son los límites establecidos los que les permitirán autorregularse en el futuro.

Podríamos decir que, para ser buenos padres, debemos respetar las características individuales de los hijos sin dejar de establecer límites específicos, permitiendo al mismo tiempo, que ellos vayan construyendo su propia percepción de la vida a través de sus experiencias. La verdad es que la tarea es mucho más difícil de cómo se lee.

Porque a todo esto hay que agregar que cada etapa es distinta. Bien dicen que no es lo mismo ser el padre de un bebé que de un adolescente o inclusive ser padre de un hombre adulto. Pero, en todas las etapas hay una cosa en común: los padres debemos aprender a soltar y los hijos deben aprender a escuchar.

Cuando un niño aprende a caminar, su cuidador tiene que soltarlo, de otra manera no aprendería nunca. El cuidador puede caminar de tras del pequeño pero algo es seguro, en algún momento el niño se va a caer, y entonces le enseñará a levantarse. Por su parte, hay cosas que el pequeño no sabe y debe obtener del adulto, por ejemplo que no debe correr en la escalera ni jugar cerca de la estufa.

Cuando menos te lo esperas, el pequeño debe cruzar la puerta del colegio y enfrentarse al mundo solo por primera vez. Mientras el padre no puede hacer más que llenarle la mochila de libretas y consejos.

Así, en cada etapa, los vemos alejarse asumiendo los retos y los riesgos que traen consigo.

Estamos muy lejos de tener una receta o un manual sobre cómo ser padres, pero yo puedo decir, como padre de familia y con la edad que tengo, que en las relaciones padre e hijo debe primar ante todo el respeto.

Yo he aprendido que mis hijos no son una extensión de mí, que tienen sus propios intereses y su propia personalidad, y sigo aprendiendo a respetar esa autonomía.

Asimismo, ellos han tenido que respetar mis años de experiencia, que son bastantes, y que, a pesar de que ven la vida bajo un lente contemporáneo, hay cosas que yo he aprendido y que a ellos les falta aprender.

¿Quién dijo que ser padre es cosa fácil? Puedo decir que mi aprendizaje como padre es permanente. Lo mismo que mi aprendizaje como ser humano.

Algunas veces me dejo sorprender con sus extraordinarias maneras de salir adelante, otras veces me toca compartirles mi experiencia y sentarme a esperar a que ellos anden por sí mismos el sendero por donde alguna vez caminé también.

Nos encontramos en un mundo tan distinto. La transpandemia exige encontrar nuevas formas para casi todo: nuevas formas de estudio, de socialización y de trabajo. Y en este sentido muchas de nuestras maneras, nuestros modus operandi, quizá parezcan obsoletos. Aquí es cuando un niño frente a una computadora, tiene más habilidades que un adulto mayor.

Pero, hay algo que no debe perderse nunca: el respeto por la experiencia de quienes llevamos muchos años sobre este planeta.

Padres e hijos podríamos ser un equipo invencible en esta dura transpandemia, con el ingenio de los jóvenes y la sabiduría de los adultos. Aunque creo que, para ello, se requiere algo que parece faltarle al mundo actual: el respeto.

Es momento de respetar la autonomía de los hijos y es de vital importancia también respetar la sabiduría de los padres.

Nadie es mejor que todos juntos.

Bibliografía:
Maioli Sanese Vittoria. Padres e hijos: La relación que nos constituye. Libro digital en: https://books.google.com.mx/books?id=JU_XAAAAQBAJ&dq=relaci%C3%B3n+padres+e+hijos&lr=&hl=es&source=gbs_navlinks_s
Estévez Estefanía, Jiménez Terebel, Musitu Gonzalo. Relaciones entre padres e hijos adolescentes. Libro digital en: https://books.google.com.mx/books?hl=es&lr=&id=iZjtp-8mK_QC&oi=fnd&pg=PA9&dq=relaci%C3%B3n+padres+e+hijos&ots=bUngY6cGoX&sig=ebdNc7mA9w5tete2cgSyOCRrge4#v=onepage&q=relaci%C3%B3n%20padres%20e%20hijos&f=false
LAS ETAPAS DEL DESARROLLO Lectura tomada y modificada de Craig, 1997. 2009, Hoffman, 1996; Kail y Cavavaugh, 2011 Morales, 2008, Morris, 1997; Rice, 1997 y Sarason, 1997. Rescatable en: https://portalacademico.cch.unam.mx/repositorio-de-sitios/experimentales/psicologia2/pscII/MD1/MD1-L/etapas_desarrollo.pdf

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.