25 de marzo de 2022
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¿Cuál es el efecto de las redes sociales en el comportamiento de los usuarios? Cómo ver todo esto desde la visión transpandémica?
Podemos empezar diciendo que la autoestima es la valoración, percepción o juicio que una persona tiene por sí misma. Esta valoración hacia la propia persona repercute en su estado de ánimo y en su capacidad de desempeñar actividades diarias tanto personales como sociales. De tal forma que una baja autoestima o un juicio negativo podría reflejarse en un bajo desempeño escolar, en aislamiento, depresión, inseguridad, entre otras conductas.

Por su parte las redes sociales son plataformas digitales conformadas por una comunidad o grupo de personas que permiten la interacción cibernética entre ellas.
Pero, ¿cuál es el punto de convergencia entre ambas? Diferentes instituciones han encontrado una estrecha relación entre uno y otro concepto.
En estudios realizados con adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años se concluyó que las redes sociales provocan adicción principalmente entre individuos con problemas de bajo autoestima, inseguridad, poca habilidad social, depresión e impulsividad.
Las plataformas como Facebook e Instagram son actualmente las nuevas formas de comunicación para la creación de relaciones interpersonales. Sin embrago, éstas ofrecen una falsa ilusión de sociabilidad que quedará al descubierto cuando el individuo se encuentre ante una situación real. Quienes presentan trastornos de conducta pueden encontrar un beneficio inmediato en el uso de estos espacios y, por lo tanto, incrementarán el tiempo de navegación sin darse cuenta que en realidad están perdiendo cada vez más sus habilidades sociales.
Al participar de estos espacios se puede incrementar la inseguridad y la depresión al estar en contacto con noticias negativas, fotografías de hombres y mujeres con cuerpos “perfectos”, retos que ponen en peligro su vida y consejos sin fundamentos que en muchos casos pueden dañar la salud, entre otros riesgos.
Otro dato relevante que arrojaron los estudios fue que la mayoría de personas con baja autoestima y depresión que buscan refugio en el uso excesivo de redes sociales son del género femenino.
Una vez involucrados en la actividad cibernética sin regulación, los usuarios pueden presentar falta de interés por aspectos de su vida real como la limpieza, el desempeño escolar y el cuidado personal en general. Esto a partir de darle mayor importancia a lo que sucede en el mundo ficticio antes de aquello que les rodea.
La aprobación social es sin duda una de las más fuertes razones por las que una persona se puede inmiscuir en el mundo cibernético. Incrementar el número de likes o seguidores causa una especie de satisfacción, es como un pequeño logro que refleja una buena respuesta por parte de un grupo de gente hacia la persona que publica. Esta sensación de aceptación o popularidad se genera en la mayoría de los usuarios, pero solo aquellos que tienen un desorden de conducta buscarán continuamente esta situación para mantener dicha sensación de bienestar, que no son capaces de generar o encontrar en el mundo real.
Esconderse detrás de una pantalla también resulta muy atractivo para muchos adolescentes que no tienen que mostrar más de lo que ellos quieren, sin la necesidad de mirar a la cara a nadie y creyendo que están a salvo de sufrir agresiones, hostigamiento o acoso, pero la realidad es que el ciber-acoso es capaz de causar estragos en la personalidad, tanto como un acoso directo y presencial.
Para una persona emocional y mentalmente sana, un señalamiento, comentarios desfavorables o incluso rechazo dentro de una red social, puede no significar nada dejando pasar rápidamente el incidente, sin embargo, para un adolescente con problemas de autoestima o inseguridad esto puede representarle una agresión significativa que repercutirá sobre su salud mental debido a que ha trasladado sus emociones al mundo ficticio.
Los adolescentes que acosan, por su parte, también son aquellos con problemas de conducta, en muchos casos con una fuerte depresión que disfrazan o distraen tomando el papel del agresor, de esta manera evitan que alguien más señale sus debilidades.
Como podemos ver, el mundo digital es, sin duda, el medio perfecto para escapar de la realidad, disfrazar las debilidades y modificar nuestra persona. La tecnología nos brinda cada vez más herramientas para adjudicarnos aquellos atributos que nos gustaría tener en la vida real, especialmente cuando del aspecto físico se trata. Esto no garantiza que mejore la apreciación hacia nosotros mismos pues basta con interactuar de frente en el plano real para que vuelvan las inseguridades.
Podemos concluir que, la adicción a las redes sociales se puede reducir si trabajamos con la autoestima de adolescentes y jóvenes, buscando soluciones de primera instancia en el núcleo familiar. Acciones tan pequeñas como escuchar a nuestros hijos, reconocer sus logros y participar de actividades en conjunto, pueden tener un impacto positivo en su personalidad ya que podemos ofrecer una sensación de aceptación real hacia ellos.
Guiar al adolescente para identificar sus debilidades y motivarlo a reforzarlas de manera amorosa y sin prejuicios, también puede contribuir a la buena percepción de sí mismos. Así como evitar la comparación con otros jóvenes tanto de habilidades, como inteligencias y atributos físicos. Podemos inculcar la autodisciplina para alcanzar objetivos reales y experimentar la satisfacción de obtener un logro a partir de su propio esfuerzo. No está de más mencionar que la sobreprotección y falta de límites en el hogar también disminuye la confianza que un adolescente tiene en sí mismo.
Hay que tener presente que en el mundo real existen diversas amenazas que pueden ser afrontadas positivamente si el individuo tiene seguridad en sí mismo. Pero entre personas con baja autoestima siempre será más fácil interactuar en un mundo ficticio, trasladando sus intereses y sueños a una plataforma que poco a poco va instalándose en sus vidas arrebatándoles la posibilidad de alcanzar la plenitud en el mundo real.
Por todo lo anterior y tomando en cuenta la visión transpandémica que hemos asumido en los últimos trabajos, debemos replantearnos los vínculos emergentes entre las redes sociales -por cierto, las cuales no son las mismas después de los dos años recientes- y la autoestima, ¿o no?



Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana






