Aprender del desapego (Artículo)
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23 de marzo de 2022

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El ser humano desarrolla a una edad muy temprana el sentimiento de propiedad o posesión, el cual no desaparece con el tiempo, al contrario, se puede hacer cada vez más complejo en la vida adulta. Como lo explica el psicólogo Jean Piaget, esta es una conducta que se da de manera natural en todas las personas.

Tal sentimiento podemos observarlo en los niños cuando se les regala un juguete, y a partir de asumir que es suyo se crea el sentimiento de propiedad que será más o menos fuerte en función del apego que pueda experimentar hacia el objeto.

Por otra parte, el apego es la necesidad de tener cerca un objeto, animal o persona determinada y experimentar temor a alejarse o perderla. El temor a la pérdida es proporcional a la fuerza con la que el individuo se siente atraído.

El psicólogo Jonh Bowlby señala que el amor no está relacionado con el sentimiento de apego. El apego surge a partir de la sensación de bienestar que puede proporcionar la presencia de algo o alguien, pero que, lejos de dicha persona u objeto, se experimenta temor, o insatisfacción. Por ejemplo, un niño desarrolla apego por su madre y quiere tenerla cerca porque ella le genera confianza y lo mantiene a salvo.

Tanto niños como adolescentes, jóvenes y adultos pueden desarrollar este sentimiento, y en todos los casos está vinculado con un vacío o carencia emocional, de tal manera que primero hay un sentimiento de propiedad, posteriormente se genera un vínculo cuando el objeto o la persona satisfacen una necesidad emocional y por último, a modo de dependencia, surge el apego. Entre los adolescentes podemos escuchar la frase “no puedo vivir sin…” cuando se encuentran en la etapa del enamoramiento, para ese momento mostrarán conductas de apego hacia la persona que les brinda el bienestar o la seguridad deseada.

Conforme pasa el tiempo vamos adquiriendo experiencias que nos ayudan a gestionar nuestras emociones y ante situaciones de separación vamos aprendiendo a transitar el duelo, generando por nosotros mismos la sensación de bienestar deseada. Una de las experiencias tempranas de desapego es la entrada al colegio cuando el niño llora porque lo separan de sus padres. Conforme vamos transitando diferentes pérdidas, vamos desarrollando la capacidad de desapego.

Como ya lo decíamos, el sentido de propiedad y el apego se pueden desarrollar hacia objetos, animales o personas, pero en la actualidad el apego hacia las cosas materiales se ha incrementado considerablemente. En gran medida porque se ha intentado llenar los vacíos emocionales con cosas materiales, y por otra parte, por esa costumbre de medir el valor de una persona en función de su poder adquisitivo. Es común encontrar adultos con un gran apego a sus aparatos electrónicos o a sus autos. Cómo reaccionamos ante una pérdida refleja qué tan capaces somos de ejercer el desapego.

Cuando a una persona se le permite desde pequeña transitar por una separación enseñándole a gestionar sus emociones, podrá mostrar una actitud positiva y una mayor resiliencia en la vida adulta.

Es innegable el valor de algo material cuando trabajamos duro por conseguirlo o bien cuando nos lo regala una persona especial. Sin embargo, es importante identificar cuándo estamos otorgando demasiada importancia a algunas pertenencias, especialmente a aquellas que más allá de ser una herramienta en nuestra vida, las tenemos por presunción, por moda, o porque nos ofrecen una sensación de seguridad. Una de las mayores dependencias actuales es la que desarrollamos por el teléfono celular.

Especialmente cuando se trata de un dispositivo móvil, se genera un apego extraordinario, de tal manera que alejarse de él significa estar desconectado de la existencia. A veces basta con tenerlo en la mano o verlo sobre la mesa para sentirse tranquilo.

En este ejemplo en particular, y retomando el concepto del apego como la necesidad de tener cerca algo que nos hace sentir bien y seguros, habría que analizar cuáles son los vacíos que llena el dispositivo móvil y que, en vez de atender el problema, se está cubriendo con una falsa solución.

Sabemos que con los avances tecnológicos se intenta reducir al mínimo el esfuerzo que hace diariamente el ser humano, nos permite economizar en tiempo y agilizar nuestras actividades. No vamos a poner en duda las ventajas que nos brinda la tecnología, pero sí debemos señalar la poca tolerancia de la mayoría de las personas ante el distanciamiento de algunas cosas especialmente cuando de tecnología se trata.

La seguridad que nos brinda un teléfono móvil radica en diferentes aspectos, uno de ellos es la seguridad de mantenernos ubicados cuando nos dirigimos a un lugar desconocido. También nos garantiza la inmediata comunicación. Nos da la seguridad de estar informados sobre lo que pasa en gran parte del mundo y además nos brinda la enorme satisfacción al poder mostrar en dónde estamos y qué estamos haciendo. Sin mencionar la seguridad de tener la respuesta a casi cualquier pregunta que pudiéramos hacernos. Éstas son algunas de las áreas que nos pueden generar una dependencia por el teléfono móvil. Para resumirlo en una frase concreta diríamos que: tener en la mano o en el bolsillo del pantalón un teléfono celular nos da la seguridad de ser inteligentes y hasta populares: “Con el teléfono lo sé todo, llego a cualquier parte, me comunico con gente de todo el mundo y soy importante para muchos”.

Pero, retomando el proceso del desapego, hay que decir que lleva implícita la necesidad de enfrentar nuestros miedos, tal como lo hace un niño cuando aprende a dormir solo en su habitación. El desapego tiene que partir de un esfuerzo y del desarrollo de habilidades. Poder sentirme bien sin que mi bienestar dependa de algo o de alguien. Saber quién soy y estar contento conmigo sin esperar la aprobación de los demás. Pero la gran mayoría prefiere evitar este esfuerzo.

En resumen, es importante que desde pequeños se pueda resaltar la importancia del desapego, actualmente vemos una gran cantidad de mamás buscando desesperadas un oso de peluche idéntico al que tenía su hijo, porque lo ha extraviado y no puede dormir sin él. Tal vez podríamos ver en situaciones como estas una oportunidad para trabajar el desapego, para que el pequeño sea capaz de superar la pérdida descubriendo que la valentía está dentro de él y no en un objeto inanimado. Me queda claro que, existen casos extraordinarios en los que esto se utiliza como estrategia para el bienestar del menor, pero siendo realistas, la gran mayoría evita al niño el más mínimo sufrimiento. Evitar a los niños los duelos tempranos por separación está formando adultos sin capacidad de desapego.

No hay que subestimar la capacidad de un menor, son seres en desarrollo dispuestos a aprender nuevas cosas, por el contrario, a un adolescente, joven o adulto se le dificultará cada vez más el aprendizaje. La infancia es el mejor momento para trabajar la asimilación ante una pérdida, el ejercicio del desapego y sobre todo para desarrollar las habilidades necesarias que le permitan realizar sus actividades con buena actitud, paciencia y seguridad en sí mismos.

Referencias:
Teoría del apego y psicoanálisis. (Fonagy,p., 2001) Ma. Rosario Mendiola. Rescatable en: http://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000539
Artículo: porqué nos sentimos apegados a cosas materiales, Muy interesante. https://www.muyinteresante.com.mx/cuerpo-mente/es-por-esto-que-no-tiras-tus-cosas/
Teoría del apego, https://psisemadrid.org/teoria-del-apego/
Efectos del apego y desapego en los niños de transición los primeros días de clase en la institución educativa escuela normal superior Ocaña. Sandra patricia Castro Márquez. http://www.enso.edu.co/biblionline/archivos/2644.pdf

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.