Fatiga pandémica versus estrés por desconfinamiento (Artículo)
Minuto a Minuto

 

14 de marzo de 2022

Compartiendo tu opinión

 

 
“El fin del confinamiento no supone, ni mucho menos, el fin de las consecuencias sobre la salud mental de la pandemia”.
Psiq. Manuel Martín Carrasco, Vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.

 

A dos años de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el covid-19 como pandemia mundial, nos encontramos ante dos términos que marcan una notoria diferencia en el comportamiento de los individuos de una sociedad: fatiga pandémica y estrés por desconfinamiento.

Veamos lo siguiente: la imposición de normas emergentes trae consigo una respuesta negativa por parte de quienes deben acatarlas, porque, cuando estas normas prohíben enfáticamente el acercamiento persona-persona, las visitas, las reuniones, las muestras físicas de cariño, la libertad de asistir a lugares públicos, entre otras; el rechazo ante las restricciones es mayor.

No obstante lo anterior, la mayoría de nosotros nos solidarizamos ante la necesidad de hacer una pausa en nuestras vidas cotidianas para sobrevivir, y adoptamos las medidas de prevención por miedo o por un buen sentido de responsabilidad social. Sin embargo, se decía que estas restricciones serían implementadas por un corto periodo de tiempo que, con el paso de los días, se ha ido alargando tanto, que algunos inclusive creen que nos acompañarán de por vida.

Si bien un gran número de personas se han acostumbrado al uso de la mascarilla o a la sana distancia, hay quienes experimentan cansancio o hartazgo y muestran un fuerte rechazo ante las medidas sanitarias. A esta indisposición por seguir las normas preventivas se le ha otorgado el término de: fatiga pandémica.

Al principio, la preocupación crecía ante un panorama desalentador, con el bombardeo de noticias fatalistas en la televisión y una cifra de muertes por covid que incrementaba al paso de las horas. En los primeros meses, la fatiga pandémica era un factor de riesgo para las familias, pero el hecho de que los lugares públicos, centros de entretenimiento, restaurantes y más, permanecieran cerrados, contrarrestaba el peligro. Hoy, con el desconfinamiento y la apertura de la actividad comercial, aunado a que cada vez son más los que muestras síntomas de fatiga pandémica rehusándose a seguir cumpliendo con las medidas sanitarias, el riesgo de contagio sigue estando latente.

En un comunicado de la OMS en el que se describen las causas de este comportamiento, se afirma que:

“la fatiga pandémica es una respuesta esperada y natural, sobre todo porque la gravedad y la escala de la pandemia de COVID-19 han requerido medidas invasivas con impactos fuertes en la vida diaria de todos" (2).

En el otro extremo están, a modo de contraposición, quienes padecen estrés por el desconfinamiento que viene acompañado, como lo plantea el doctor Martín Carrasco, por una sintomatología psiquiátrica generalmente asociada con el mecanismo de “condicionamiento aprendido” , el cual sucede cuando un individuo se expone a un evento traumático y busca una salida “segura” inmediata. Entonces, el cerebro asocia el estímulo traumático como algo malo y a la situación que le mantiene a salvo como algo bueno.

Con la pandemia asumimos que el lugar seguro era el aislamiento y la casa, mientras que el peligro estaba en el acercamiento, los lugares concurridos y el contacto físico. Por lo tanto, para el cerebro, salir del hogar representa ahora una amenaza y por la tanto cree que retomar las actividades en lugares públicos o en su espacio de trabajo pone en riesgo su vida. El miedo excesivo, las medidas preventivas exageradas y buscar pretextos para evitar salir al mundo, son síntomas de estrés por desconfinamiento.

Es importante mencionar que para adquirir un trauma basta con exponerte al evento una sola vez, pero, para lograr vencer el miedo y volver a estar frente al estímulo que generó el trauma, se requiere una exposición gradual y repetitiva.

Por ello, es de vital importancia reconocer cuando una persona no está siendo capaz de retomar su vida como lo era antes de la pandemia, y en ese caso, se sugiere buscar atención especializada que le permita tener un proceso terapéutico y volver a aceptar que el acercamiento y la integración social no son del todo un factor de riesgo inminente.

Si analizamos ambos comportamientos notaremos que uno exacerba al otro por ser tan contradictorios, los que se cuidan excesivamente señalan como irresponsables a quienes no toman medidas y éstos últimos tachan de exagerados y paranoicos a los primeros. Y qué decir de la guerra que se ha dado entre los vacunados y los anti-vacunas, juzgándose y agrediéndose sin piedad unos a los otros.

Los dos extremos son, pues, síntomas de una afectación en la salud mental, cada cual con sus propias manifestaciones y conductas, pero al final ambos dignos de atender a la brevedad.

Si a todo esto sumamos que a la atención de la salud mental, desde mucho tiempo atrás, no se le ha otorgado la importancia que merece y que al día de hoy muchos centros que brindaban apoyo a quienes acudían en busca de herramientas terapéuticas han cerrado sus puertas a causa de la inactividad, podremos darnos cuenta de que esta no es una problemática que se deba minimizar.

Contrario a lo que se pueda pensar, todos tenemos mucho que aportar ante esta situación, podemos empezar por ejercer la empatía, respetando el proceso psicológico y emocional en el que se encuentran las personas a nuestro alrededor. Otro gran paso que podemos dar es reconocer cuando alguien cercano o nosotros mismos estamos presentando alguna afectación en la salud mental y buscar ayuda profesional.

En la guía: En tiempos de estrés, haz lo que importa [Doing what matters in times of stress: an illustrated guide]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2020, se mencionan los siguientes síntomas como posibles señales de estrés o afectación psicológica: malestar estomacal, presión en el pecho, irritabilidad, dolores de cabeza frecuentes, falta de apetito, nudo en la garganta, falta de concentración, sensación de culpa, dificultad para dormir, cansancio extremo y llanto sin motivo (3).

Vivimos una realidad inesperada y todos podemos vernos afectados, es un fenómeno mundial y estamos inmersos en una común situación, vale la pena, pues, afrontarla con respeto, bondad y empatía.

 

Referencias:
1) Salud mental y desconfinamiento. Manuel Martín Carrasco, Psiquiatra. Director médico en Centros de Hermanas Hospitalarias en Navarra. Vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. https://www.hospitalarias.es/wp-content/uploads/2020/07/Salud-mental-y-desconfinamiento-03.pdf
2) Pandemic fatigue. Reinvigorating the public to prevent COVID-19. © World Health Organization 2020
3) “En tiempos de estrés, haz lo que importa” [Doing what matters in times of stress: an illustrated guide]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2020. https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/336218/9789240009561-spa.pdf

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.