Pandemia, educación, ritual y disciplina (Artículo)
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11 de marzo de 2022

 

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* La pandemia nos enseñó que la vida escolar es un ritual con disciplina.

* Preparémonos para la transpandemia, el mundo en transición.

 

Estos tiempos han sido un parteaguas para la humanidad. Somos parte de esa historia que, años más tarde, será contada en los libros de texto. La pandemia mundial, con el cubrebocas como insignia, se hizo presente cuando nadie la esperaba y, por supuesto, cuando nadie estaba preparado para afrontar un evento de tal magnitud.

Además de la consciencia sobre la higiene y el cuidado personal, los hábitos alimenticios, el contacto físico y las relaciones personales, la educación también es distinta ahora.

Y es que esta situación ha venido a resaltar algunas problemáticas que, si bien ya conocíamos, se había postergado su tratamiento. Es ahora más que necesario atenderlas.

Quienes trabajamos sembrando la semilla del conocimiento en niños y jóvenes, sabemos que la escuela, el espacio físico en donde se imparte una clase, cada metro cuadrado de nuestras instituciones, es un templo. Un lugar sagrado el cual merece todo nuestro respeto. Es por ello que se pide al alumno buena conducta, buen tratamiento de las instalaciones, buena postura al recibir una clase y buena presentación e higiene dentro del espacio de trabajo. Para nosotros, la vida escolar es casi un ritual.

Pero, ¿qué sucedió cuando tuvimos que hacer de la propia casa una escuela? cabe mencionar que el hogar ya es nuestra primera escuela, pero la experiencia de tener que llevar la vida académica a un comedor, en escritorios improvisados, e interactuar a través de una pantalla, ¿qué resultó de todo esto?

Una de las más obvias situaciones que obstaculizaron el aprendizaje fue la falta de interés de la gran mayoría por propiciar un entorno limpio y ordenado para recibir las clases por parte de los maestros que, a su vez, en muchos casos, lidiaban con el buen manejo de la tecnología.

Entre otras situaciones, podemos señalar, ingerir alimentos durante la clase, portar ropa de dormir e incluso llevarse el dispositivo a la cama para evitar mantenerse correctamente sentado.

Más allá del significado literal, lo que es verdaderamente importante rescatar de todo esto es que, como se sospechaba, la mayoría de los alumnos responden solo por la exigencia de una autoridad cuando se les impone una norma, y que, lejos de la vista de sus maestros y directores, el alumno, o la gran mayoría, para no generalizar, no tiene la iniciativa de adoptar hábitos de higiene, disciplina o respeto a su proceso académico.

En este punto, una valiosa interrogativa es: ¿por qué la mayoría de los niños y jóvenes en nuestro país no tienen un buen sentido de aprendizaje?

Quizás, algo hemos estado haciendo que, más allá de motivarlos a desempeñarse satisfactoriamente en la vida académica, les hace sentirse obligados, sin interés por los temas a adquirir, con rechazo a la autoridad y las reglas, y sobre todo con una gran apatía.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone el término “fatiga pandémica”, dicho término no refiere a una enfermedad sino a la desmotivación de los estudiantes para cumplir con las restricciones de confinamiento y las medidas preventivas, así como todas las prohibiciones sociales y culturales. Con esto, se ha aislado a los jóvenes del entorno escolar pero también de los ambientes recreativos, sociales y deportivos, que eran, de alguna manera, los que mantenían el entusiasmo de los jóvenes.

Se había hecho hincapié, ya desde hace tiempo, en la apatía que aqueja a nuestra juventud, por ello se idearon sistemas como la enseñanza a través de las inteligencias y muchos otros sistemas novedosos, sin embargo con la pandemia queda claro que la raíz del problema va más allá de eso. Prueba de ello son aquellas relaciones familiares que se tornaron difíciles conviviendo veinticuatro horas del día, las imágenes detrás de las cámaras dejando al descubierto el desorden personal de una habitación o de la propia persona. Uno de los aspectos que más sorprenden y que fue una de las principales llamadas de atención fue el hecho de apagar una cámara para "no ser visto". A veces apagada para seguir durmiendo o bien para hacer otra cosa mientras se "tomaba la clase". Pero también están aquellos que se sienten incapaces de relacionarse y que su timidez entre un grupo de estudiantes ya daba pistas de su deseo por desaparecer, para ellos, apagar una cámara es un alivio pues no tienen que dar la cara. Habrá que atender entonces, como principal objetivo, el estado psicológico y emocional de nuestros jóvenes. ¿Cómo afrontan las dificultades en casa? ¿Cómo suavizar el rechazo ante una norma? ¿Cómo contagiar el interés de cuidar su propia persona? ¿Cómo pueden recuperar la seguridad en sí mismos?

Tenemos un gran compromiso con nuestros niños y jóvenes que va más allá de enseñar unos cuantos números, acontecimientos y demás datos fríos. En un estudio realizado por la FEADEF (Federación Española de Asociaciones de Docentes de Educación Física) titulado “Mediación y comparación de la actitud docente hacia la salud mental en la escuela”, diferentes especialistas coinciden en que es necesario “reflexionar acerca de los aspectos afectivos y emocionales que podrían llegar a ser elementos importantes, además de la formación didáctica y profesional, para promover la salud mental como activo de la comunidad educativa”.

Podríamos empezar por añadir a la educación el manejo de las emociones, abrir espacios para exponer experiencias, motivarlos a encontrar el sentido de vida, acercarlos a la naturaleza, ponerlos en contacto con el sentido del servicio y sobre todo enseñarles que el trabajo empieza cuando uno se estudia a sí mismo, se evalúa, sin juicios, partiendo de procesos amorosos y empáticos. Para guiarlos y ayudarlos a descubrir cuáles son sus fortalezas y debilidades, cuáles son sus heridas y como pueden sanarse.

El autorreconocimiento es un trabajo que nos llevará a un futuro más grato. No digo que sea un camino fácil, de hecho, es cansado y lleva tiempo, por eso es que se evade con frecuencia, pues siempre será más sencillo mirar hacia afuera, juzgar al prójimo actuando desde el dolor y el rechazo, pero empezar a mirar lo que tenemos dentro, sin duda nos dará grandes resultados.

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.