Preescolares aprenden a leer más fácil con lenguaje oral
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BOGOTÁ D. C., 26 de enero de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Así lo señala la doctora María Fernanda Lara, fonoaudióloga y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con base en diferentes estudios en Colombia y en otros países.

Para la experta, algunas de las habilidades que determinarán si un niño está listo para aprender a leer son la modulación y el gusto por los sonidos, un buen lenguaje oral con amplio vocabulario y comprensión, y factores cognitivos como atención y memoria de trabajo.

“El problema con las diferentes formas de enseñar a leer es que no todos los niños tienen las mismas habilidades del lenguaje y estas son la base para un buen aprendizaje de la lectura”, comentó la experta, en el marco de la charla ¿Cómo apoyar el inicio de la lectura en los niños preescolares? del programa #SaludUNALContigo.

La docente menciona que antes de entrar a la escuela los niños deben saber las vocales, los números del 1 al 10, ser capaces de contar una historia con inicio, nudo y desenlace y usar el teclado del computador; así mismo, cuanto más conocimiento tenga sobre lo impreso, más ventajas tendrá en la escuela.

“El gusto por la lectura depende mucho de la estimulación que se tenga desde sus inicios. Si aprendemos a leer de manera temprana y la actitud hacia la lectura es buena, los niños tendrán mayores probabilidades de ser buenos lectores, lo cual es el indicador más alto de éxito académico, democracia y participación”, detalla la profesora.

Destaca además algunas investigaciones y modelos de enseñanza como el modelo de cuerda, mediante el cual se busca que el niño tenga una lectura fluida y sin pausas; o el modelo por fases, que sugiere una enseñanza por etapas antes de lograr una lectura fluida.

En este segundo modelo primero está la lectura logográfica, basada en logos, que consiste en que aunque el niño no sepa leer, puede nombrar una marca por reconocimiento de la imagen. Luego viene la etapa alfabética que tiene que ver con el aprendizaje y distinción entre letras, números o símbolos. En esta etapa puede empezar a leer libros que tengan letras o juegos con letras y su conversión de grafemas a fonemas.

Por último está la etapa ortográfica, que arranca con una lectura global, en la cual el niño mira la palabra y la entiende. Esta lectura propone que más que aprender a pronunciar y leer la palabra, el niño sepa su significado.

La lectura “no es tarea fácil”

Según la doctora Lara, la lectura no es una tarea fácil, ya que no se da de forma natural, pues el lenguaje escrito implica un elevado número de operaciones cognitivas para que la lectura sea eficaz.

Dichas operaciones incluyen aspectos como atención, memoria y velocidad de razonamiento, por lo que genera una mayor carga o necesidad de recursos cognitivos. Con el paso del tiempo, este proceso se va automatizando hasta que la persona deja de ser consciente de que está interpretando letras y comienza a interpretar significados.

El momento de aprender

La evidencia en español demuestra que aprender es más fácil cuando se trabaja el grafema (como se escriben las palabras) y el fonema (como suenan las palabras).

Para fomentar y estimular el interés de los niños por la lectura, son de mucha utilidad algunos juegos, como aquellos en los que ellos deben escuchar atenta y selectivamente los sonidos del ambiente y del lenguaje. Las rimas también ayudan a introducirlos en los sonidos de las palabras. Otra estrategia es la música y las canciones, que son herramientas fundamentales para fortalecer el lenguaje.

Desde casa, padres y cuidadores pueden hacer lectura compartida (lectura en voz alta por un adulto en compañía de un niño). Para esto, la hora más recomendada es la de dormir, ya que no hay afanes, ayuda a calmar al niño y se asocia como un hábito en el pequeño.

Los libros utilizados para contar historias no necesariamente deben contener letras, pueden ser de dibujos o imágenes descriptivas, y preferiblemente que sean muy cortos.

“La ventaja de estas actividades es que no solo aumenta en el niño su interés por aprender, sino que mejora la relación entre padres e hijos, ya que se hace de manera conjunta, engancha a los hijos y se puede convertir en hábito”, concluye la doctora Lara.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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