Alternancia educativa generaría riesgos durante la pandemia de COVID-19
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BOGOTÁ D. C., 13 de enero de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Así lo asegura Orlando Acosta, doctor en Virología Molecular y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien destaca que aunque alrededor del 16 % de los niños con SARS-CoV-2 son asintomáticos, existe evidencia científica que muestra que la mitad de los menores puede transmitir el virus.

“Al comienzo de la pandemia, cuando los niños se sometieron a confinamiento en sus hogares, los datos iniciales de varios países sugirieron que los niños prácticamente no padecían COVID-19 ni transmitían el nuevo coronavirus. No obstante, datos posteriores en Estados Unidos indicaron que el número de niños positivos para COVID-19 sigue aumentando constantemente”, explica el doctor Acosta.

En Colombia, los casos positivos por COVID-19 superan el 1.800.000, los fallecimientos son más de 46.000 y los nuevos casos de los últimos días superan los 15.000 diarios. El Ministerio de Educación Nacional (MEN) insiste en que se debe iniciar el calendario escolar entre la tercera semana de enero y la primera de febrero de 2021, bajo la figura de “alternancia”, es decir sesiones presenciales alternadas con trabajo virtual y en casa.

Sin embargo, ante el pico de contagios y el alto número de ocupación de las unidades de cuidado intensivo (UCI), la Alcaldía de Bogotá y la Secretaría de Educación del Distrito establecieron que las actividades escolares se realizarán bajo la modalidad no presencial, mediante la estrategia “Aprende en casa”.

Así, los 400 colegios públicos de Bogotá contarán con un monitoreo constante para seguir trabajando en las adecuaciones de los espacios escolares hasta que llegue el momento de volver.

Alternancia escolar, ¿una alternativa?

En Estados Unidos se clasifica la magnitud de los riesgos con base en la lista de indicadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Cuando el número de nuevos casos por cada 100.000 personas durante los últimos 14 días en la comunidad es menor que 5, se tiene el riesgo más bajo, mientras que el más alto se tiene superando los 200 casos.

Así mismo, cuando el porcentaje de pruebas de RT-PCR positivas en la comunidad durante este mismo periodo es menor del 3 %, el riesgo es el más bajo, mientras que el más alto se obtiene cuando este porcentaje es superior al 10 %. Como referente, a principios de diciembre de 2020 en Nueva York se había fijado un 3 % como indicador para la apertura o el cierre de las escuelas.

En el caso de Bogotá, durante los últimos 14 días los casos nuevos por 100.000 personas son más de 707, mientras que el porcentaje de pruebas positivas por RT-PCR corresponde al 31,25 %, sin contar con que las UCI superan el 90 % de su ocupación, lo que, según el doctor Acosta, sería otro indicador del más alto riesgo frente a las reaperturas.

“Pese a que los niños tienen una menor probabilidad de desarrollar enfermedad severa, no están libres de desarrollar COVID-19 severo, aunque las tasas de fallecimientos sean muy bajas”, señala.

Reto de garantías

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso de mascarillas por niños y adolescentes en las escuelas se debe considerar solo como un elemento de una estrategia para limitar la propagación del COVID-19; estas no deben ser obligatorias para los menores de cinco años, y entre los de 6 a 11 años de edad, la decisión de imponerles la mascarilla se tomará partiendo de un enfoque basado en los riesgos.

Las escuelas deben velar por una ventilación adecuada y aumentar el flujo de aire total en los espacios ocupados. La ventilación en el interior de los edificios debe ser limpia y natural siempre que sea posible, y el aire no se debe reciclar.

En los desplazamientos se deben hacer adaptaciones para limitar la exposición innecesaria del personal de la escuela, además de promover y establecer medidas de higiene respiratoria y de manos, el distanciamiento físico y el uso de mascarillas en los medios de transporte; cuando sea posible, sentar a solo un niño en cada asiento del vehículo y con una distancia mínima de 1 m entre ellos, por lo que tal vez sea necesario aumentar el número de buses por escuela, entre otras recomendaciones.

Según el profesor Acosta, “durante la actual pandemia se ha hecho evidente un conflicto explícito entre el derecho a la educación y la salud mental de los niños, y el derecho a su vida y su salud física, de sus padres y sus profesores, pues se ha llegado al punto estimar estadísticamente el precio en vidas que habría que pagar para garantizar un derecho en detrimento de otro derecho”.

Para el experto, además de los beneficios psicosociales de la presencialidad, la inasistencia a los colegios podría privar de servicios asistenciales a niños de estratos socioeconómicos vulnerables.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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