Muerte de Sócrates (Artículo)
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4 de enero de 2020

Cuadernos de Ética 10

 

 

Sin duda para entender de manera objetiva la vida de un personaje que haya puesto por encima su propia existencia: que sus hábitos y costumbres, como acciones rectas, se significa en la persona y vida del filósofo Sócrates. Se dice que hay muertes que han cubierto épocas de la humanidad, y entre ellas la muerte de Sócrates enseña que las ideas por las cuales uno vive, que las costumbres y hábitos representan nuestra forma de vivir, nuestros principios por los cuales se puede y si es necesario se debe morir. La muerte del filósofo, sufrida para sus contemporáneos que le amaban y le consideraban un maestro en vida, son prueba de que las palabras que se dicen con respecto a la filosofía, ética y la moral, no son <<cosas o hecho sin valor, que no valen para nada ninguna de estas tres formas de vida>>. El libro titulado Juicio y muerte de Sócrates, editado por Gredos, España, en el año 2018, por los estudiosos óscar Martínez por el texto, y Luis García por los apéndices.

 

 

Al inicio se dice: “Sócrates pertenece a ese pequeño grupo de aventureros que, de tiempo en tiempo, aparecen para ampliar el horizonte del espíritu humano. Intuyendo, en efecto, que en la naturaleza del hombre existían unas capacidades que hasta entonces habían pasado inadvertidas. Sócrates dotó de un nuevo sentido a ese amor al saber que llamamos filosofía. Los acontecimientos que tuvieron lugar en los primeros compases del siglo V a.C. —la victoria de los griegos sobre los persas en las guerras médicas o el surgimiento y consolidación de la democracia en Atenas— fijaron el foco de interés en la esfera humana y en la manera de habitar ese nuevo mundo que se habría ante sus ojos”. Los grandes tiempos de la humanidad o de un país, es cuando ante crisis de carácter político o social y económico, pone en la balanza de la sobrevivencia a la especie, raza o nacionalidad.

Ante ello, la capacidad de reflexionar sobre lo que se es. Sobre lo que no se quiere ser. Sobre lo que se desea alcanzar y la voluntad que para ello se tenga que hacer. Atenas cuyo faro de cultura sigue brillando en el mundo, planteó en sus siglos de época clásica sus mejores momentos, en la guerra militar y en la batalla por las ideas. Es asombroso lo que lograron dar al mundo en esos siglos que para nada son de felicidad permanente, de alegrías ajenos a sinsabores. Antes, al contrario, lo que se ve desde el siglo V a, C., que se denominó el Siglo de Pericles, en homenaje a un político que llenó su periodo de gobierno de las mayores glorias en la conducción de su patria, una patria que apenas comenzaba a ser la fortuna que hoy todos alabamos.

Los autores señalan: “Coincidiendo con el despertar de Atenas a una etapa sin igual en el campo político, cultural, intelectual, la figura de Sócrates supo dejar atrás las cuestiones relativas al origen del mundo de la filosofía natural para adentrarse en la naturaleza humana. Con la pregunta de qué son las cosas que precisamos para vivir, el filósofo ateniense propuso indagar en el conocimiento tanto del hombre como de uno mismo, marcando un antes y un después en la historia del pensamiento occidental”. Cuando los hombres y mujeres del siglo XXI, de este año 2020 de la pandemia del COvit-19, nos preguntamos a qué sirve la ética, filosofía o la moral, debemos volver los ojos a más de 2400 años, para saber que en la persona de Sócrates encontramos la mejor expresión de lo que es la expresión más humana de esas áreas de la cultura que hablan al hombre y a la mujer tal cual son, y no tal cual creen ser.

Sócrates, el ético, que hizo de la costumbre y el hábito de ser como lo pedían las rectas reglas del comportamiento un carácter puro y sin tacha. Hombre que ponía las virtudes morales por encima de los lujos o la falsa personalidad, que hacía que los sofistas aparecieran como los grandes “educadores” de las juventudes atenienses. Demostrando Sócrates en todo momento que sus enseñanzas eran falsas y mentirosas tomadas de pelo para quienes con respeto y atención les pagaban por ser enseñados. Sócrates el ejemplo de la persona moral, que sabe que hábitos y costumbres deben de ser heredados y sobrellevados con el orgullo de cumplir con las mismas, porque son reglas buenas y no malas. Cosa que en los tiempos de la historia humana son raros de encontrar, pues es más fácil infringir las reglas y así vivir “bien” en lo material, aunque con la ponzoña viva dentro del alma, por lo que de malo se hace en contra de la comunidad, o del ciudadano, que es vecino o compañero de trabajo.

Siglos y siglos ha sido ésta la batalla, la gran batalla, que libra la humanidad, para poder alcanzar bienestar e igualdad. Escriben los coordinadores del libro sobre su muerte: “Sin embargo, en un momento determinado se produjo entre- el filósofo y su ciudad un cortocircuito que hizo que cuando tenía 70 años de edad Sócrates fuera conducido ante el tribunal popular de Atenas”. Expresión, quizá de la política, se podía hablar de estar ante un “senador” que por su senectud, se encontraba entre los elegidos y alabados por su sabiduría y buen comportamiento. Pero no era así. El más sabio de los atenienses de ese siglo era sometido a juicio por quienes eran sometidos a su crítica pedagógica. Crítica filosófica, que no medra con la verdad, porque en ella está su fuerza. Los sofistas aprovechando que los jóvenes alumnos de Sócrates sometían todo a juicio: enseñanzas de sus ‘maestros’ sofistas, discursos de los políticos de ese tiempo, comportamiento y posiciones autoritarias de sus padres, reglas de comportamiento que se decían pero que no se cumplía. El educador revolucionario llamado Sócrates puso a la juventud en contra de todo. Porque todo estaba cimentado en montón de falsedades, y esto, no podía ser aceptado por el statu quo. Señalan los estudiosos del filósofo: “¿Cuáles fueron los pasos que le guiaron hasta allí? El acta de la denuncia le acusaba de no creer en los dioses de la ciudad, de introducir nuevas divinidades y de corromper a la juventud”. Imaginemos, hay que poner también entre sus acusadores a los sacerdotes enquistados dentro del poder político.

La revolución del pensamiento, de la sabiduría y de la ciencia en persona. Sócrates, al que sus jóvenes alumnos buscan sacar de la prisión, para salvarle la vida: a lo cual el filósofo les regaña pues comprueba que no han aprendido nada de sus enseñanzas: por los principios se debe vivir y si es necesario morir les ha de decir. <<De qué sirven mis enseñanzas, si al final de mi existencia, yo renuncio a todo lo que les he enseñado, con el sólo fin de vivir un tiempo más>> y contra toda insistencia, decide terminar el día que bebe la cicuta, meses después de haber sido aprisionado por sus enemigos encabezados por los sofistas que triunfan en su fin de darle muerte. Pero ellos mueren, pues sus principios de amor a la riqueza patrimonial, a la soberbia de sentirse sabios cuando sólo son mentirosos a paga. La lección ética y moral, pedagógica y política sólo puede partir de un filósofo, que hace de la ética su escudo, de la moral su muro de resistencia ante la corrupción y la deshonestidad, que le es enseñada a los jóvenes atenienses con el permiso de sus padres y familiares. Un solo hombre ha sido capaz en la historia de la filosofía para fundar el pensamiento moderno como una lección que busca la verdad, pero teniendo como base las costumbres y ritos de la ética y la moral que son recto comportamiento. Fue en el año de 399 a.C. cuando su juicio se inició, han pasado los siglos y su figura pura y limpia está aquí, sin que el tiempo le medre, sin que miles y miles de sofistas, que siguen presentes a la fecha puedan desaparecer su bello ejemplo de ética, moral y sabiduría. Nuevos y viejos acusadores aparecen ante la irrenunciable filosofía del Hombre sabio y justo.

 

Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.