
30 de diciembre de 2020
Cuadernos de Ética 9
En su libro Ética para el siglo XXI, dedicado a los estudiantes de bachillerato, Héctor Guzmán Ramírez escribe: “El hombre a través de su vida va realizando actos. La repetición de los actos genera “actos y hábitos” y determinan, además, las “actitudes”. El hombre de este modo, viviendo se va haciendo a sí mismo. El carácter como personalidad es obra del hombre, es su tarea moral, es el cómo “resultará” su carácter moral para toda su vida”. Ética y moral tienen que ver con los actos de vida. Si pensamos en grandes líderes nos basta con recordar al indú Mahadma Gandi, cuya presencia y aura tienen mucho que ver con sus hábitos de hombre cuyos deseos de fortuna nada tenían que ver con el deseo de ser un ser humano, al cual las riquezas materiales pudieran hacerle comportar mal con tal de lograr las mismas. El ejemplo más claro de lo contrario a Mahadma Gandi es el soberbio e iracundo Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, quien a toda hora expresa su poderosa fortuna y ahora su poder político.
“Actos y hábitos” son la prueba del ser humano frente al cual estamos, frente al espejo que somos, o soy sin cortapisas. <<Mis actos son mi yo>> <<los hábitos que me forman son lo que soy>> <<Los actos de mi pueblo son lo que hace a mi pueblo ser, y en ese sentido el que yo sea como soy>>Actos y hábitos que a veces son malos, pues el hilo tan fino que existe muchas veces entre los actos buenos y los malos son otra parte de hombres y mujeres, para definir su maldad o bonhomía. Bien se dice que <<el hombre es la suma de sus fortalezas y la resta de sus debilidades>>. Eso mismo sucede con un país, y es responsabilidad de sus gobernados y gobernantes que sus fortalezas sean mayores a sus defectos, para poder ser una nación progresista, democrática y libertaria. Una sociedad que es capaz de permear entre el bien y el mal, entre riqueza y pobreza, entre bienestar y pobreza extrema regada por su territorio sin más.
Señala Héctor Guzmán: “Podemos aproximarnos a la conceptualización de la palabra “moral” (origen del latín) como la adquisición de “Modo de Ser logrado por su apropiación”, o por niveles de apropiación, donde se encuentran los sentimientos, las costumbres y el carácter”. Tres palabras claves: sentimientos, costumbres, carácter. ¿Qué hace que un hombre llegue a ser tan duro que sea capaz de terminar con la vida de otro ser humano? La respuesta a esta pregunta tiene que buscarse en el fondo de sus relaciones familiares, sociales, económicas, políticas y educativas. La personalidad es la compleja unión y desunión de tantos factores, que si no existieran los términos de la ética y la moral, tendríamos una especie de humanidad en esquizofrenia permanente, y por lo tanto, en destrucción constante. Por ello, es que a la pregunta del filósofo Fernando Savater, de si es necesaria la filosofía en el bachillerato de las escuelas de España, mientras más mal exista en su sociedad, es claro que es más urgente retomar las ciencias y las áreas que el ser humano ha creado a lo largo de los siglos, para poder redireccionar a esos países donde la epidemia o pandemia de la cultura de la violencia, o de la muerte, que se va regando hasta alcanzar todos los estratos sociales: donde la ley del más fuerte domina sobre las normas que forman y fortalecen un estado y caen duramente sobre los más débiles.
Dice Héctor Guzmán: “El carácter o personalidad moral, como resultado de actos que uno a uno el hombre ha elegido, es lo que el hombre ha hecho por sí mismo o por los demás. “El hombre en este contexto se hace y a la vez es hecho por los demás, tanto positiva como negativamente”. Insistir en la necesidad de hacer que el hombre sea un ser capaz de autocriticarse a sí mismo en sus actos cotidianos debería de ser la mayor escuela de todos los tiempos. Saberse autocriticar, para poder criticar a los demás: siguiendo ese precepto de la vida de Jesús que nos habla del momento en que pide a quienes juzgan a los demás, que <<aquél que mira la paja en el ojo ajeno, sea capaz de mirar la viga en el propio>>. Los conceptos de los que he escrito deben de ser sabiduría cotidiana en las relaciones que tenemos. Sin esta sabiduría el sendero empedrado de los malos hábitos y de la mala educación ha de dar sólo ciudadanos ajenos a principios humanistas, a visiones de la humanidad a la que él pertenece, y que por lo tanto cuando doblan las campanas por la muerte de alguien, como lo dice el poeta John Done, al relatar que la muerte de un ser humano es la muerte también propia.
Humanidad como un todo, al que todos y cada uno pertenecemos por igual. <<El hombre como lobo del hombre>> es de los peores castigos que la humanidad ha sufrido. Desde la escena que se relata en La Biblia, en la que Abel mata a su hermano Caín con la mandíbula de un burro. El hombre como lobo de su hermano y de sí mismo. Pues todo exceso lleva a la propia destrucción —señala la filosofía—, y todos los regímenes que se han sustentado sobre el terror y la guerra, han de terminar defenestrados y despreciados por las presentes y siguientes generaciones nos lo demuestra la historia de todos los tiempos. Nos cuenta Héctor Guzmán: “La ética, de origen griego, como bien dice Vidal, es la “realidad y el saber que se relaciona con el comportamiento responsable donde entre en juego el concepto del bien o del mal del hombre”. Nada escapa a tales reglas humanas, nadie, ni el individuo, ni la familia, ni la comunidad, el pueblo, el país o el mundo escapan a los conceptos del mal y el bien, por más que entre culturas haya perceptibles enfoques, la protección del hombre y la mujer es un deber del Estado, de sí mismos y de cada uno por igual. En aquellos Estados donde impera la Ley de la jungla y del ataque al individuo o a la comunidad ha de caer más tarde que temprano.
Dos conceptos Ética y la Moral para la protección del ser humano. Términos que no por desconocidos son conceptos que no tienen validez por lo tanto. Para aquellos que no han puesto atención a la Filosofía, y creen que <<no sirve para nada>> están terriblemente equivocados. Claro que sirve, sirve para utilizar el cerebro en una de sus mayores cualidades: pensar y reflexionar sobre la propia vida, sobre lo que sucede alrededor y más allá de uno mismo. Es decir, sirve para alcanzar mayores metas de progreso, en las capacidades del individuo y de las sociedades a través del pensar y de la acción del corazón, que por medio de la poesía expresa verdades, que otros no vemos, aunque estén frente a nuestra nariz.
Guzmán escribe: “La ética florece a partir de nuestros valores que nos dictan si algo está bien o mal (correcto o incorrecto) en un acto humano. Mayor relevancia adquiere cuando el acto afecta a un tercero”. El tema del “tercero” tiene todo que ver con el político y la política, pues es la ciencia que nació para ver con los demás y la toma de las decisiones. Sobre el concepto de Moral, dice Guzmán: La Moral, de origen latín, significa lo mismo que ética ya que traduce
El significado de Ethos (carácter / talante) dejando atrás su primera aproximación en que el término mos sólo se refería a “costumbre”. Estudiar lo que ha sido la expresión más acabada del pensamiento es una tarea permanente y de persistente acción. Particularmente cuando en la política y desde la política se ha de tomar decisiones sobre otros, y sobre uno mismo, en el sentido autocrítico de expresar las buenas costumbres, los buenos hábitos que heredados desde la infancia, comprueban la riqueza de la personalidad del que en política actúa para bien de su comunidad.
Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.








