Ética como forma de vida (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

19 de diciembre de 2020

 

Cuadernos de Ética 7

 

En el libro Aristóteles / Ética Nicomáquea / Política, preparado por Julian Pallí Bonet en su traducción y notas, editado por Gredos, Madrid, impreso en el año 2014, me hace pensar cómo la ignorancia sobre los escritos de los hombres y las mujeres como creadores, que en su tiempo llegan a ser imperceptibles para sus contemporáneos, vienen a resultar la herencia que deja un individuo a la posteridad como muestra de que sí aprendió a leer y también, a escribir. Libro primoroso que nos llega de España y nos permite ver en este tercer volumen dos de las materias que quienes se dedican a la política no pueden dejar de estudiar con seriedad y responsabilidad.

El libro tiene en la contrapasta una frase de la pensadora Martha Nussbaum, que me parece significativa para el estudio de la ética, dice así: “Muchos filósofos comienzan la ética con la pregunta <<¿Cuál es mi deber?>> o <<¿Cuál es mi deber moral?>> Aristóteles comienza con una pregunta mucho más general: ¿Qué es llevar a cabo una vida buena?>>. Dentro de la filosofía destaca el ingenio del que en verdad es filósofo por el tipo de preguntas que hace. Siempre preguntas o respuestas que rompen con el orden establecido. Sabemos que en la vida humana no hay otra ciencia que más rompa con los cartabones que el del papel del filósofo. Por ello se dice: el filósofo no anda en busca de respuestas, sino en busca de romper con todo aquello que se dice ser la verdad, cuando son sólo falacias que se enseñan por la verdad, como en el caso de los sofistas, que además en el tiempo de Sócrates acostumbraban cobrar por esas enseñanzas que eran mentiras, y vivir de ello como potentados.

La pregunta de todos los que participan en la política como vocación por ello se convierte en la permanente pregunta que se hace a diario: <<¿Qué es llevar a cabo una vida buena?>>. A partir de ello comprender la importancia de la ética en las cosas del Estado, y en las relaciones de gobernados y gobernantes, para saber que praxis política sin una ética que rija su formación humanista —puede ser todo—, pero cuando es mala en sus hábitos cotidianos y de toma de decisiones no se puede considerar política como tal.

Escribe Aristóteles en el libro de referencia: “Además, de todas las disposiciones naturales, adquirimos primero la capacidad y luego ejercemos las actividades. Esto es evidente en el caso de los sentidos; pues no por ver muchas veces u oír muchas veces adquirimos los sentidos, sino al revés: los usamos porque los tenemos, no los tenemos por haberlos usado”. Es tan bella la forma de aprender de un filósofo, y la forma de enseñarnos. Ver, oír, oler, sentir con el tacto y la piel, e ir más allá, quizá con un sexto sentido, que nos de el conocimiento metafísico de las cosas naturales, y de las cosas que forman al ser humano. Escribe el griego: “En cambio, adquirimos las virtudes como resultado de actividades anteriores. Y éste es el caso de las demás artes, pues lo que hay que hacer después de haber aprendido, lo aprendemos haciéndolo”. Desde hace más de 2300 años los griegos entendían que todo avance viene de la educación, es decir del hacer: y sólo se hace enseñando al alumno, en el oficio de los artesanos el maestro al que aprende, pero con la seriedad y eficiencia de aquello que se busca en verdad mejorar. Así se hicieron los mejores pintores y artistas del Renacimiento en la Europa vieja.

Todo el camino de la humanidad ha sido entender que es a través de la educación que se logran avances de los países, de las familias y del individuo. Sin educación, es decir, sin enseñanzas y aprendizajes no es posible ningún progreso, recto progreso, de la humanidad. Por eso escribe Aristóteles: “Así nos hacemos constructores construyendo casas, y citaristas tocando la cítara. De un modo semejante, practicando la justicia nos hacemos justos; practicando la moderación, moderados, y practicando la virilidad, viriles”. Todo aquí, para ser rectos hay que pensar bien, en el bienestar de los demás, antes que en el propio. Pues el mal de todo lo que a sucedido en la historia viene del hecho de que lo individual que no es recto lleva a la destrucción de las comunidades, pueblos y naciones.

Para saber contar con principios éticos es necesario tener un comportamiento recto, que no sólo parezca, sino que lo sea en lo público y en lo privado. No se puede tener <<virtudes públicas y vicios privados>>, pues ante ello, más pronto que tarde, la revelación del hábito ético como comportamiento recto, se impone sobre el mal comportamiento, y esto es válido, en todas partes del mundo y no sólo en México o América. Cuenta Aristóteles: “Esto viene confirmado, por lo que ocurre en las ciudades; los legisladores hacen buenos a los ciudadanos haciéndoles adquirir ciertos hábitos, y esta es la voluntad de todo legislador; pero los legisladores que no lo hacen bien yerran, y con esto se distingue en buen régimen del malo”. Toda la política es una caja de cristal, dice el pueblo en su sabiduría. Los buenos gobernantes quedan en la historia por sus buenas costumbres, que son el pensar de su pueblo, porque como político conoce sus necesidades y sabe de cuáles son los caminos que hay que emprender para solucionar dichas necesidades. Hacer lo contrario es cometer yerros, nos dice Aristóteles, que ocasionan que un régimen político se convierta en todo menos en foro de la política, en ágora donde se oye al pueblo, en foro de la ética donde se reúnen las buenas y rectas costumbres para buscar el avance de todos, y no nada más de un sector o clase social.

Todo es un recto camino. Todo es tener hábitos que sean rectos, ya porque se aprendieron en la casa paterna, o porque la escuela fue capaz de crear conciencia en el alumno; al hacerle ver que sus deberes éticos le obligaban a ser buen estudiante que cumplía con la primera norma: estudiar y más estudiar, leer y más leer, para ser excelente alumno. Por eso cuenta Aristóteles: “Además, las mismas causas y los mismos medios producen y destruyen toda virtud, lo mismos que las artes; pues tocando la cítara se hacen tanto los buenos como los malos citaristas, y de manera análoga los constructores de casas y todo lo demás: pues construyendo bien serán buenos constructores, y construyendo mal, malos constructores”. Al revisar este texto nos damos cuenta que la facilidad del filósofo o del estudioso de la ética nos deja todo dispuesto para saber dilucidar cuándo se comporta uno bien y, cuando no es así. Ya porque estemos en el foro público donde nuestras virtudes o nuestros defectos aparecen en la caja de cristal, sabiendo con ello, que el político es el que hace, como dice Aristóteles, de la virtud la principal cualidad o fortaleza para ser político de verdad.

Profundiza más el filósofo griego: “Y éste es el caso también de las virtudes: pues por nuestra actuación en las transacciones con los demás hombres nos hacemos justos e injustos, y nuestra actuación en los peligros acostumbrándonos a tener miedo o coraje nos hace valientes o cobardes; y lo mismo ocurre con los apetitos y la ira: unos se vuelven moderados y mansos, otros licenciosos e iracundos, los unos por haberse comportado así en estas materias, y los otros de otro modo”. El estudio de los hábitos y costumbres en el campo de la ética nos hace ver que es muy extenso el panorama y el terreno a estudiar e investigar. A practicar, pues ningún ciudadano está exento de ser revisado en su comportamiento ético, y como con los buenos metales, en la medida que son usados estos principios, van apareciendo aquellos metales que en verdad son de oro, y no de cobre o laminilla. que no cuenta con ningún valor material.

 

Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.