Ética Nicomáquea (Artículo)
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8 de diciembre de 2020

 

Cuadernos de Ética 6

 

En su texto sobre la ética, Aristóteles, que vivió del 384 al 322 antes de Cristo, en Atenas, Grecia, quien se dice fue el discípulo más aventajado de Platón y sus estudios que en la actualidad son motivo de estudio lo comprueban. Tanto fue así que varias de las posiciones que Platón tuvo en los asuntos de estudio, fueron con el tiempo refutados por Aristóteles. No debe sorprendernos ello, pues particularmente en el campo de la filosofía la tendencia de los alumnos es tratar de rebasar a sus maestros, con la cual hacen objetivo lo que el pueblo dice: los alumnos deben y tienen la obligación de sobrepasar con el tiempo a sus mejores maestros.

Aristóteles es uno de los grandes genios de la vida humana, en el texto que tengo en mis manos leo que: “La obra de Aristóteles el discípulo más aventajado de Platón y su gran crítico, concentra la totalidad de la sabiduría griega de la Antigüedad e inaugura la ciencia y la metafísica occidentales. La fuerza de su personalidad impregnará toda la vasta Edad Media hasta la llegada de Descartes y la época moderna”. Hay personajes en la historia humana que son estrellas de la enseñanza y el aprendizaje. Sólo debemos de pensar en la cantidad de horas que Aristóteles puso en su existencia terrenal para ser el sabio que fue.

En tales cerebros o intelectuales o artistas se reúne siempre el deseo apasionado por saber todo de todo. Si se piensa en los tres filósofos griegos clásicos: Sócrates, Platón y Aristóteles, en los tres las cualidades y pasión por el saber es una de sus mayores virtudes. Es decir, nadie sabe sabiendo todo, pero los niños que vienen con esa gran sed de saber no se les quita ni con regaños y opresiones de padres y maestros. Son seres humanos que van más allá de las reglas opresoras que toda sociedad tiene para con los ‘anormales’ que por su hiperactividad echan a perder la disciplina del grupo.

Imaginar a Aristóteles, Dante Alighieri, Galileo, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Cervantes Saavedra, W. Shakespeare, W. Goethe o Einstein, es reflexionar si son la imagen vida y actuante de los sabios definidos por el Renacimiento, para los cuales nada de lo humano les era ajeno. Así se puede pensar de Aristóteles y se puede pensar del pueblo griego en su época clásica pues con sus aportaciones trazaron toda una cultura para siempre a su pueblo y a los pueblos de Europa, Medio Oriente y América. Es decir una cultura occidental donde las palabras “democracia”, “política”, “ética”, “aristocracia”, “libertad”, “igualdad”, “ciencia”, “metafísica”, “ostracismo”, “religión”, transformaron la manera de pensar de los hombres y mujeres de aquellos tiempos y de las siguientes épocas de la humanidad en el occidente del planeta.

Se dice: “Mente metafísica a la par que científica, el Estagirita se interesó tanto por el estudio de la Naturaleza como por la antropología y la conducta de los seres humanos. Sus obras siguen siendo una guía de sabiduría vital”. Si pensamos en cuál era su manera de pensar sobre las cosas que él vivía a diario, debemos partir de la regla de oro de todo conocimiento: ve a estudio de campo, no inventes ideas sobre tus ideas. Ve cómo se comporta el hombre y cómo la naturaleza, y del estudio serio y riguroso saca tus conclusiones. Regla de oro que con los siglos olvidamos los de otras generaciones, para pensar que el conocimiento se hace solo en nuestro cerebro, y de tanto hacerse así lo que debe ser un estudio objetivo y que lleve paso a paso a la verdad, se convierte en una ideología.

En los tres filósofos griegos su método no tiene cambio. Sobre la verdad de las cosas humanas y de la naturaleza la regla es estudiar, investigar a fondo tales cosas, tal y como se debe estudiar la política: la ciencia política se basa en el estudio de las cosas tal cual son, y no tal cual creemos que son. La regla de oro de todo científico o profesionista. Saber de su vocación es la regla que le convierte en un sabio o el no saberlas en un charlatán. Los pensadores griegos con sus horas y horas de estudio del hombre en sociedad y en su individualidad, así como en el comportamiento del reino animal y el reino vegetal, es como nos dieron las reglas sobre las cuales sustentamos la ciencia del siglo XXI.

El texto nos confirma: “El espíritu de Aristóteles, fascinado por la inmensa riqueza de la Naturaleza, no se conformó únicamente con investigar los hechos objetivos, ni con la observación de las plantas, los animales y hasta de los cataclismos naturales. El anhelo que lo embargaba lo impulsó a descubrir las causas primeras de las cosas y el escrutinio de la divinidad: Dios, como rimero y único motor inmóvil, era la causa final del mundo, y la filosofía, la actividad más noble del ser humano”. Si se revisa la vida del alemán Wolfgang Goethe y antes, la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, hemos de darnos cuenta que son el espíritu copiado del Estagirita. Todo les interesa y su vida no tiene un día de rutina. Son infantes que desde su primera niñez entraron a la etapa del preguntón y nunca más dejaron dicha forma de vivir y de preguntar por todo lo que les rodeo. El libro Aristóteles / Ética Nicomáquea / Política, preparado por Julian Pallí Bonet en su traducción y notas, editado por Gredos, Madrid, es un tomo de belleza en su forma y en su contenido. Son los escritos de un hombre que vivió solamente 62 años, y tales años le fueron suficientes para plantear a las siguientes generaciones, desde hace 2300 años, muchos de los temas que hoy son temas que no hemos podido resolver: consolidar la democracia sobre las tiranías. Hacer de la ética la regla del comportamiento que permita luchar contra la voraz actitud de hacer que el hombre sea el lobo del hombre, y muchos temas más que reflejan que quien convivió con este genio fue un afortunado de por vida.

En el texto Ética Nicomáquea Aristóteles escribe: “I / La virtud ética, un modo de ser de la recta acción / Existen, pues, dos clases de virtud, la dianoética y la ética. La dianoética se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por ello requiere experiencia y tiempo; la ética, en cambio, procede de la costumbre, como lo indica el nombre que varía ligeramente del de <<costumbre>>. De este hecho resulta claro que ninguna de las virtudes éticas se produce en nosotros por naturaleza, puesto que ninguna cosa que existe por naturaleza se modifica por costumbre. Así la piedra que se mueve por naturaleza hacia abajo, no podría ser acostumbrada a moverse hacia arriba, aunque se intentara acostumbrarla lanzándola hacia arriba innumerables veces; ni el fuego, hacia abajo; ni ninguna otra cosa, de cierta naturaleza, podría acostumbrarse a ser de otra manera. De ahí que las virtudes no se produzcan ni por naturaleza ni contra la naturaleza, sino que nuestro natural pueda recibirlas y perfeccionarlas mediante la costumbre”. Claramente vemos cómo es que se forma un filósofo, de la observación del comportamiento humano y del comportamiento de la Naturaleza.

De ahí que su estudio hecho alrededor de 2300 años, tres siglos más allá de nuestra era cristiana, viene a ser una enseñanza viva de cómo investiga y estudia un filósofo, y cómo es que la ética, la materia que estudia a los seres humanos en sus costumbres rectas, es decir, buenas para la vida de los hombres y las mujeres en todas las etapas de su vida, en la familia y en la sociedad. En su relación entre gobernantes y gobernados. Pues está claro que ante los buenos hábitos la mentira, por ejemplo, en la participación política es más un mal que un bien para las buenas costumbres de la vida civil.

 

Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.