Personas con discapacidad, más allá de las barreras que impone la sociedad
Minuto a Minuto

 

 

01 de diciembre de 2020

Hasta hace pocos años se pensaba que la discapacidad era un problema individual derivado de una cuestión de salud, considerada de una “tragedia personal”. Hoy se sabe que la limitación radica en la interrelación que tienen con sus situaciones de vida y los obstáculos que encuentran en la sociedad.

Es el entorno lo que obstaculiza la participación plena y efectiva en igualdad de condiciones de ese sector con el resto de la población. Aún en la actualidad, como sociedad tenemos serias deudas en los aspectos educativo, laboral y de seguridad social con las personas que tienen alguna disminución de largo plazo en la capacidad física, intelectual, auditiva, visual o psicosocial, señalan académicas de la UNAM.

En ocasión del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que se conmemora el 3 de diciembre y que este año lleva por lema “Un día para todos”, Elia Lázaro Jiménez, de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS), explica que las condiciones de vida para ellas son bastante complejas y difíciles, porque al no existir una cultura en la sociedad al respecto, aún se les discrimina y excluye.

El propósito de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, instrumento de Naciones Unidas aprobado en 2006, es promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente.

El documento retoma una perspectiva del modelo social que es básica: la discapacidad no está en las personas, sino en las barreras que impone la sociedad, en la interacción de quienes tienen deficiencias y los obstáculos de la actitud y el entorno, que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.

A pesar de que cumplirá 14 años el próximo 13 de diciembre, “no ha permeado en las mentalidades, en las ideas que tenemos como sociedad, y se ha quedado más en retórica o un discurso de las políticas, que en acciones efectivas”. Aunque hay avances, ha costado aterrizarlo y que se imponga, agrega Patricia Claudia Brogna, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS).

Así ocurre a pesar de que las personas con limitaciones representan, según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (2018) del INEGI, el 6.3 por ciento de la población; es decir, siete millones 877 mil 805.

Se dice que la discapacidad afecta a una minoría. “Pero si uno relaciona que por cada persona con alguna limitación hay dos papás y un hermano, en una familia tipo, más o menos, estaríamos hablando de un porcentaje muy alto de la población que tiene una relación directa con la discapacidad. Definitivamente no es un tema minoritario”, añade Brogna, también coordinadora del Proyecto Discapacidad y Derechos Humanos del Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) y del Seminario Permanente sobre Discapacidad de la UNAM.

Según esa encuesta, de la población con discapacidad 45.9 por ciento son hombres y 54.1, mujeres. La mitad (49.9 por ciento) son adultas mayores (de más de 60 años). Del total, 52.7 por ciento tiene dificultad para caminar, subir o bajar con sus piernas; 39, para ver; 17.8, para mover o usar brazos o manos; 19.1, para aprender, recordar o concentrarse; y 18.4 para escuchar, por ejemplo.

Para Elia Lázaro las personas con alguna deficiencia han sido un sector olvidado y marginado; no tienen asegurados servicios de salud ni educativos, y tampoco el acceso a un trabajo, por lo que en muchas ocasiones la pobreza y la discapacidad son factores que se interrelacionan.

Las condiciones de vida que enfrentan son complejas. “El año pasado el gobierno estableció que recibieran una pensión de mil 310 pesos al mes, pero esa ayuda no llega a los más de siete millones que la requieren. ¿En qué condiciones viven si no pueden trabajar, si no tienen preparación o apoyo de la familia? Peor aún: en ocasiones es dentro del contexto familiar donde reciben maltrato y violencia”, refiere.

La pandemia que vivimos agudizó esas condiciones porque si antes no encontraban trabajo, ahora menos; si los niños carecían de acceso a la educación, hoy es más difícil porque no todos cuentan o manejan los sistemas tecnológicos que se necesitan para la enseñanza en línea. Tampoco hay capacitación para que los maestros los atiendan, lo cual se refleja en deserción, abunda Lázaro Jiménez.

Brogna refiere que hay experiencias exitosas de inclusión laboral gracias a muchas empresas; no obstante, ahora nos encontramos con la situación particular de “vivir en virtualidad” y eso puede representar una nueva barrera si no se tiene acceso a los elementos para conectarse, o no se tienen las habilidades para hacerlo.

Los obstáculos

En las calles, añade la académica de la ENTS, hay zonas con rampas en las esquinas o ciertos señalamientos, pero hay otras donde eso no existe. Aún faltan elevadores o sanitarios amplios para sillas de ruedas, y en ocasiones no se respetan los cajones de estacionamiento.

Además, hace falta señalización en braille y tampoco hay suficientes traductores de lengua de señas. Todo ello impide la movilidad y la participación de esas personas en los ámbitos sociales.

Esas adecuaciones se requieren, incluso, para la población en general, porque temporalmente podemos presentar alguna limitación debido a un accidente, o con la edad podríamos necesitarlas. Si llegamos a los 70 años o más, seguramente presentaremos deficiencias auditivas, visuales o físicas. Debemos procurar que haya accesibilidad en todos los espacios, dice la universitaria.

Boletín UNAM-DGCS-1059/2020

 

next
prev

Hay 331 invitados y un miembro en línea

  • Mino DBlanc