Filosofía, Ética y Moral (Artículo)
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25 de noviembre de 2020

 

Cuadernos de Ética 4

 

Escribe Fernando Savater en su libro Las preguntas de la vida, publicado en 1999 por la editorial Ariel de España: “¿Tiene sentido empeñarse hoy, a finales del siglo XX o comienzos del XXI, en mantener la filosofía como una asignatura más del bachillerato? ¿Se trata de una mera supervivencia del pasado, que los conservadores ensalzan por su prestigio tradicional pero que los progresistas y las personas prácticas deben mirar con justificada impaciencia? ¿Pueden los jóvenes, adolescentes más bien, niños incluso, sacar algo limpio de lo que a su edad debe resultarles un galimatías? ¿No se limitarán en el mejor de los casos a memorizar unas cuantas fórmulas pedantes que luego repetirán como papagayos? Quizá la filosofía interese a unos pocos, a los que tienen vocación filosófica, si es que tal cosa aún existe, pero ésos ya tendrán en cualquier caso tiempo de descubrirla más adelante”. Como podemos notar por lo escrito por el filósofo español, reconocido por sus libros Ética para Amador, Política para Amador y El valor de educar, cuyos fines por parte del educador —que no sólo filósofo—, es buscar que los jóvenes españoles, tengan noción de tres áreas de la cultura humana para que sean propiedad intelectual y física de su comportamiento. Por parte de quienes —se piensa— han de tomar el mando de su país en pocos años, al pensar que la juventud es quien ha de gobernar en un corto futuro el país español, como se cree, por lo demás, en la mayoría de los países del planeta en que vivimos.



¿Es importante el estudio de la filosofía en este 2020? en que precisamente la vivencia de una pandemia, como nunca la había visto y vivido la humanidad —por la globalización del Covit-19— en prácticamente el cien por ciento de las naciones del mundo. Tanto por su extensión, como por su difusión física y en las redes sociales, televisión, prensa y radiodifusión, convirtiéndola en tiempo real en una cruel pesadilla: tal y como la vivieron en el pasado en España, con la influenza de 1920, o la peste en la Edad Media o el tifus y la viruela en otras partes del planeta. Ante esto, la pregunta es correcta: ¿vale la pena el estudio de la filosofía ante estos momentos en que la ciencia debe de dar respuestas prontas para la cura de dicha pandemia? Savater dice que “…la filosofía rescata la realidad vital de lo humanamente aparente, en la que transcurre la peripecia de nuestra existencia concreta (v.gr.: la ciencia nos revela que los árboles y las mesas están compuestas de electrones, neutrones, etc., pero la filosofía, sin minimizar esa revelación, nos devuelve a una realidad humana entre árboles y mesas)”. Al plantearse este libro, el filósofo español plantea la necesidad, que por lo demás, se da en la mayoría de los países donde se dice que el neoliberalismo eliminó de sus sistemas educativos toda presencia de la ciencia filosófica, y junto a ello el estudio de la ética o la moral, pues en el peor de los casos, como se llegó a saber del cacique de la región de San Luis Potosí en México, Gonzalo Santos, quien decía que <<la moral es un árbol que da moras>>.

¿Es necesaria la enseñanza de la filosofía en el bachillerato? para jóvenes que tienen como ilusión, en su mayoría, el deseo de igualdad, libertad, justicia, democracia, y tantos otros temas que confieren a esa etapa de la temprana juventud la capacidad de crear movimientos cono el Mayo Francés, en París en el año de1968, o en el Sur de los Estados Unidos, dentro de la Universidad del Sur de California teniendo como líder a una mujer negra llamada Angela Davis, acompañados por la música de Bob Dylan buscando la respuesta en el viento a esos ideales. Tal es el caso de México que terminó en tragedia en la Plaza de las Tres Culturas un dos de mayo de ese mismo año. Todos esos sucesos y los que han de traer hasta este 2020 ¿No son parte de las grandes preguntas de la filosofía, del comportamiento entre humanos de la ética y la moral?...

Hace bien Fernando Savater en citar que: “Lo apunta bien Thomas Nagel, actualmente profesor de filosofía en una universidad de Nueva York: <<La principal ocupación de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas. Un historiador puede preguntarse qué sucedió en tal momento del pasado, pero un filósofo preguntará. ¿qué es el tiempo? Un matemático puede investigar las relaciones entre los números, pero un filósofo preguntará: ¿qué es un número? Un físico se preguntará de qué están hechos los átomos o qué explica la gravedad, pero un filósofo preguntará: ¿cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes? Un psicólogo puede investigar cómo los niños aprenden un lenguaje, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una palabra significa algo? Cualquiera puede preguntarse si está mal colarse en el cine sin pagar, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una acción es buena o mala?”.

Es precisamente esta pregunta final la que interesa a este escrito. ¿Por qué cuando hacemos algo los seres humanos, si es que hay un mínimo de responsabilidad social, nos hace preguntarnos si estamos comportándonos bien o mal? Esas preguntas tienen que ver con los temas de la ética y la moral. Partes de la filosofía que instrumentan lo bueno y lo malo, en la vida del individuo y de éste en sociedad. Antes de entrar al tema de la ética, debo citar palabras de Fernando Savater: “En cualquier caso, tanto las ciencias como las filosofías contestan a preguntas suscitadas por lo real, pero a tales preguntas la ciencia brinda soluciones, es decir, contestaciones que satisfacen de tal modo la cuestión planteada que la anulan y la disuelven. Cuando una contestación científica funciona como tal ya no tiene sentido insistir en la pregunta, que deja de ser interesante… Las respuestas filosóficas no solucionan las preguntas de lo real (aunque a veces algunos filósofos lo hayan creído así…) sino que más bien cultivan la pregunta, resaltan lo esencial de ese preguntar y nos ayuda a seguir preguntándonos, a preguntar cada vez mejor, a humanizarnos en la convivencia perpetua con la interrogación. Porque, ¿qué es el hombre sino el animal que pregunta y que seguirá preguntando más allá de cualquier respuesta imaginable”. Al plantearse Fernando Savater si se debe insistir en educar a las juventudes españolas en el tema de la filosofía, sabe que parte de una idea esencial, mientras más piense y reflexione el ser humano, el ciudadano de una sociedad urbana, rural o semi rural, mucho mejor será su conciencia cívica e histórica.

Si el hombre es un animal político como lo definió Aristóteles. El hombre es mucho mejor si recuerda que René Descartes dijo su famosa frase de: “Pienso, luego existo”. El hombre es un animal político, pero no basta con eso, si en verdad quiere ser un hombre político, tiene obligación de pensar bien, de pensar en la complejidad del comportamiento humano, en lo físico y en el alma, por lo que la filosofía es el instrumento mejor para poder pensar mucho mejor en lo que el ciudadano dentro de la sociedad civil necesita, más allá de intereses económicos o materiales, que trastornan su humanidad y lo hacen ajeno a su propia fortaleza que es el ser humanista y un renacentista al que nada de lo humano le es ajeno. Savater dice. “Hay preguntas que admiten solución satisfactoria y tales preguntas son las que se hace la ciencia: otras creemos imposible que lleguen a ser nunca totalmente solucionadas y responderlas —siempre insatisfactoriamente— es el empeño de la filosofía”. Educación sin filosofía sólo prepara a seres enajenados que no dan posibilidad a sociedades democráticas y libertarias. La triada de Filosofía, Ética y la Moral son el tema del siglo XXI, quien olvida esto, vive en el pasado como vergüenza civil.

 

Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.
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