De la Clemencia y Templanza (Artículo)
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18 de noviembre de 2020

Cuadernos de Ética 3

 

El filósofo Séneca plantea en su libro una gran cantidad de páginas sobre la “¡Ira!”, pero también plantea el tema de la Clemencia, y siguiendo por ese sendero de la Templanza. Ira y Clemencia tienen el justo medio en la palabra Templanza. Las tres palabras tienen que ver con un comportamiento poco ético, en el primer caso, ético para el comportamiento de la Clemencia, y el de la moderación que surge del valor, que no de la cobardía, para tener la virtud de la Templanza, es decir, el pulso firme, pero justo.

Escribe Séneca: “Me he propuesto escribir de la clemencia, oh Nerón César, para servirte a manera de espejo y, mostrándote a ti mismo, hacerte llegar al goce más eminente. Que si bien es cierto que el verdadero fruto de las buenas acciones está en haberlas realizado, y no se encuentra premio digno de la virtud fuera de ella misma, dulce es, sin embargo, la contemplación y examen de la buena conciencia”. El filósofo viviendo en Roma, con quienes son el poder más grande y asombroso que se tenga memoria en aquellos siglos. Cómo hacer comprender a quienes se sienten dioses sobre la tierra, ante tanto poder que se extiende más allá de su vista por miles de kilómetros, ¿Cómo hacerles comprender que la “¡Ira!” es una debilidad del que tiene poder, que no del poderoso, porque el primero debe de contenerse, y el segundo cree que todo es posible para él, pues nación de dioses y siendo dios, todo le es permitido.

Es el Maestro, que le propone o le enseña de las cosas de la vida. Porque los dioses que tienen poder muchas veces vienen con la ignorancia a cuestas o tienen poco cerebro para resolver las complejas formas de tomar decisiones que den bienestar a los pueblos que gobierna. Por excesos es que el imperio romano cayó al paso de los siglos. Los excesos son el mal que derruye imperios y termina con la persona que pierde el piso —como dice el pueblo—. Séneca prosigue: “Con este poder sobre las cosas, no me he visto arrastrado a mandar suplicios injustos, ni por la ira, ni por la fogosidad juvenil, ni por la temeridad y obstinación de los hombres que frecuentemente destierran la paciencia de los pechos más tranquilos: ni tampoco por esa gloria cruel que consiste en ostentar el poder por el terror, gloria que con tanta frecuencia ambicionan los dueños de los imperios”. Aconsejar a un emperador romano en aquellos tiempos debió de ser dura tarea, aún para un filósofo de larga experiencia y paciencia como lo es Séneca sin duda.

Si recordamos lo que mil años después ha de decir Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, es decir que entre las cosas que debe querer un gobernante, es el de ser más temido que amado. Esa aseveración está entre las que se considera es la maldad de Maquiavelo en el uso del poder. Séneca escribe: “Audazmente puedes proclamar, César, que de todas las cosas confiadas a tu fe, a tu tutela, nada has quitado a la República, ni secretamente ni por violencia. Has ambicionado una gloria rarísima y que nunca consiguió ningún príncipe: la de no hacer daño. No has perdido el trabajo, ni tu singular bondad ha encontrado apreciadores ingratos o malévolos, sino que has conquistado el agradecimiento. Nunca fue tan querido un hombre de otro hombre, como lo eres tú del pueblo romano, que ve en ti su bien mayor y más duradero”. Compleja es la vida de los políticos y el estudio de la ciencia política, que tiene que lidiar con la ética, la moral y los filósofos.

Duro trabajo es para el filósofo, el moralista y el que practica la ética, que hacer la tarea de demostrar que se puede gobernar siendo un poderoso que es clemente, que tiene la templanza de no tomar decisiones rápidas con tal de terminar con el contrario. Aún sin saber si ese contrario, según se cree, está laborando por su derrumbe del poder. La ira en cambio aconseja lo que Francisco Villa hacía con sus enemigos: ¡hay que fusilarlos, luego veriguamos!

La clemencia en cambio llama a realizar juicios justos en unos cuantos instantes, sin atreverse a desdibujar el poder que tiene un solo hombre o mujer que lo ejerce. “Los ojos reposan en esta forma de República, a la que no falta para llegar a la libertad más completa sino la licencia que se destruye por sí misma”.

Largo es el camino del poder político y de quien lo ejerce. Aún en las Repúblicas donde sólo dura tres años por ejercer una presidencia municipal, o seis años siendo gobernante de una entidad o de un país. La ciencia política tiene sus reglas y las ejerce más allá de que los hombres la han creado para poder gobernarse: no hay peor régimen a la humanidad que la anarquía cuando se presenta. Todo organismo humano y de la naturaleza sufre terriblemente cuando se presentan los males de manera múltiple, y no hay forma de atacar una parte con medicina, que las demás no acaben con el organismo. De esta manera aspirar a la clemencia, a través de la fortaleza del gobernante porque goza de la templanza, lo que le ha de permitir dar lo justo al momento que crítico se presenta y llama a ejercer su poder, pero con la moderación que corresponde a quien no aspira a ser dictador y por lo tanto destructor de su propio pueblo. Toda la historia de la humanidad comprueba que aquellos que no tienen la fortaleza de la clemencia y de la templanza, son aquellos que con la mayor facilidad dicen: ¡Mátenlos en caliente! Los demócratas cuando gobiernan llaman a la clemencia a través de juicios justos. Los dictadores son despreciados al paso de los años, los demócratas respetados por haber actuado justamente. Así lo enseña la ciencia política.

Por eso hace siglos Séneca escribió: “Pero lo que principalmente conmueve, tanto a los grandes como a los pequeños, es la admiración de tu clemencia: porque tus otras perfecciones cada cual las desea más grandes o más pequeñas, en proporción de su fortuna, y de la clemencia todos esperan lo mismo. Nadie hay que esté tan satisfecho de su inocencia que no se regocije de tener delante de los ojos la clemencia, dispuesta a compadecer los errores humanos”. La ética y la moral son instrumentos de la cultura humana, si así los puedo llamar, que tienen la cualidad de aminorar la participación de la ¡Ira!, que como consejera sólo llama a destruir todo lo que tiene frente así. La clemencia pareciendo una debilidad del carácter de un padre o de una madre, y peor por la dureza del castigo, en el caso de un gobernante que tiene personalidad de dictador: recordemos el comportamiento de Benito Mussolini, y el asesinato del diputado Giacomo Mateotti, el cual le había atacado en tribuna señalándolo por los males que hacía y que haría a la patria italiana. La sola idea expresada ante sus correligionarios de que alguien debería de hacerlo callar, llevó a sus seguidores a secuestrar al diputado y darle muerte dejándolo a las orillas del río Tíber en la ciudad de Roma.

Clemencia frente a la ¡Ira! Dos caminos que el gobernante debe seguir en el terreno del comportamiento ético y moral que debe tener. Y del cual no escapa la vida familiar, que siempre oscila entre estas costumbres que han de crear una familia unida y estable, o aquellas disfuncionales que terminan por hacer de sus hijos los que en la escuela practiquen el bullying sobre sus compañeros. Escribe el filosofo romano: “La clemencia no ha de ser ciega, ni convencional, ni restringida, porque tanta crueldad puede haber en perdonar a todos como en no perdonar ninguno. Necesario es conservar el término medio, y como el temperamento es muy difícil, si hemos de inclinarnos a algún lado, que sea el más humanitario”. Es raro que padres de familia o gobernantes tengan a un filósofo como consejero, pues con él, van a encontrar a quienes por encima de las ambiciones del poder económico o material han de poner los rasgos de la ética y la moral, como costumbres del recto comportamiento.

 
Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.
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