Las matemáticas se deben enseñar a partir de problemas sociales
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PALMIRA, 24 de octubre de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Desde este enfoque, la enseñanza de las matemáticas se debe ver no como una actividad instrumental en la que al niño se le enseña un algoritmo y él lo resuelve, sino a partir de problemáticas sociales que le sirvan, tanto a él como al maestro, para solucionar, vivir y trabajar temas cotidianos.

Cosas elementales, como por ejemplo que los niños sepan cuál es la relación que debe existir entre su peso y su talla, cómo sabe que está creciendo bien o que tiene condiciones de salud favorables; o si existe una problemática de contaminación, o que en su vereda no hay agua.

Así lo plantea Irene Bambagüé Caicedo, magíster en Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien emprendió un trabajo de búsqueda de problemas y soluciones en la enseñanza de las matemáticas para apoyar a los docentes de primaria.

Cuando a los niños se les enseña a sumar se les dice, por ejemplo, que si tienen 8+3 eso les da 11, pero se escribe un 1 en la parte inferior y se dice que “lleva” 1, empiezan a surgir dificultades en el proceso de aprendizaje.

“Cuando yo digo que escribo 1 y llevo 1, el imaginario del niño lo llevaría a pensar que, como se deja una manzana, lo que lleva arriba es otra manzana, pero no conceptualiza que lo que se asocia es una decena de manzanas”.

Otro ejemplo al que alude se basa en la resta: cuando se habla de “prestar”, en realidad lo que se hace es una desagrupación, algo que el niño no alcanza a deducir.

Fórmulas viejas

“Hasta hace unos de diez años los profesores que se formaban en Colombia para básica primaria –que conforman el grueso de los que hoy están enseñando– tienen una conceptualización en la matemática muy somera, superflua, es decir que les enseñan a los niños a sumar como ellos aprendieron, a pesar de la cantidad de libros, textos, políticas y otros aspectos nuevos que existen ahora” dice la académica Bambagüé.

Otro agravante es que las políticas nuevas que ha generado el Gobierno no tienen una propuesta rigurosa enfocada en la formación de seres sociales capaces de usar las matemáticas como herramienta para transformar su entorno cercano y su pensamiento.

“Hoy nos dicen que tenemos que evaluar de una manera determinada, pero la esencia de la enseñanza como tal sigue rezagada, los maestros tienen los mismos discursos de los años 30 o 40, cuando incluso se decía que bastaba con que los niños supieran sumar, restar y firmar”, señala.

Cambios en el discurso

Por lo anterior, la docente Bambagüé primero indagó qué es lo que debe saber un niño que termina el primer ciclo de básica primaria, sobre lo cual encontró que este objeto de estudio es el sistema de numeración decimal.

Después realizó entrevistas a los maestros con un estudio de caso múltiple para indagar sobre lo que enseñan y lo que creen que deben enseñar. Además organizó encuentros en plenarias, en las cuales los profesores contaron cómo ha sido su proceso de formación profesional.

Por otro lado, hizo observaciones directas en el aula sobre cómo dicta la clase el maestro, y notó que el discurso que manejan es precario porque no tienen un conocimiento amplio del manejo de ese sistema de numeración decimal.

Para analizar esos discursos de enseñanza en primaria utilizó la información recolectada en las observaciones directas, entrevistas y encuentros, y la contrastó con diferentes documentos del Ministerio de Educación y autores especialistas en el tema.

“El discurso que les enseñamos es enredado, difícil, básicamente impensable”, concluye.

¿Cómo mejorar?

La académica Bambagüé aclara que su trabajo, dirigido por la profesora Myriam Vásquez Vásquez de la UNAL Sede Palmira, “estuvo enfocado en el análisis de los discursos, pues pensar en dar una propuesta precisa sería como volver a encasillar a los maestros, y no se trata de eso. No es suficiente darles un curso para reproducir prácticas y pensar que así se supera la dificultad”.

Considera además que el reto es lograr que los maestros accedan, como primera medida, a unos textos reflexivos, con autores especializados, que vayan más allá de su formación inicial y de las cartillas escolares.

Por otro lado, movilizar la voluntad del maestro: que se pregunte qué está enseñando y cómo está impactando, “porque un docente que no reflexione sobre su quehacer, por más cursos o reformas que existan afuera, no mejorará estos aspectos”, asegura.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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