Medicina nuclear avanza en diagnóstico y tratamiento de enfermedades
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PALMIRA, 23 de octubre de 2020 — Agencia de Noticias UN-

La radiación se puede usar en la medicina diagnóstica, en la cual, mediante la administración de pequeñas dosis de materiales radioactivos con instrumentos como cámaras PET o Gamma, se puede saber qué está funcionando mal en las personas tanto a nivel celular como de sistemas y órganos; así mismo, en el uso terapéutico permite identificar partes específicas del cuerpo que se deben tratar.

Así lo dio a conocer Amy Jo Montgomery, profesional en Ciencias de la Salud y en Medicina Nuclear –actualmente vinculada al Hospital de la Universidad de Misuri (EE. UU.)–, en la conferencia “Medicina nuclear: una mirada a los usos y aplicaciones de la radioactividad en el tratamiento y diagnóstico de las enfermedades humanas”.

Entre los exámenes más frecuentes de la medicina nuclear está la prueba de esfuerzo cardiaco, que según la experta “es uno de los mejores exámenes para detectar la enfermedad de arterias coronarias, una gran alternativa a la cateterización cardiaca”.

En esta prueba se adjunta una tetrofosmina Tc-99m, que se une a las mitocondrias plasmáticas en el músculo del corazón. Después de un tiempo con la radioactividad, cuando se libera del flujo sanguíneo se toman imágenes con una cámara, lo que permite ver todo el flujo sanguíneo coronario alrededor del corazón: si es normal o anormal, e incluso ver exactamente dónde no está llegando sangre.

Por otro lado, está la fluorodesoxiglucosa (FDG), que se usa en pacientes que tienen un incremento en glucosa en el metabolismo (característica presente en las células cancerosas).

Esta droga también se puede usar para la epilepsia cuando un paciente sufre convulsión y se toman imágenes para ver con exactitud dónde está el punto focal de esta. Es una importante ayuda para los neurólogos, pues les da una idea más clara de la parte del cerebro que causa dichos ataques.

Otros de los exámenes diagnósticos en la medicina nuclear son: la colescintigrafía, para ver el funcionamiento de la vesícula biliar; la ventilación/perfusión, para detectar la embolia pulmonar; el mapeo de ganglios linfáticos centinela y otros para detectar tiroides (muy común en gatos), párkinson, muerte cerebral y más afecciones.

Usos terapéuticos

Las terapias I-131 (yodo radioactivo) y Y-90 se pueden utilizar para que los pacientes experimenten menos trauma ante enfermedades como el cáncer; se enfocan en darles una dosis suficientemente grande de radiación en la parte que se ubican los tumores. De esta manera, se crea una curva en la que dicha radiación mata el tejido malo mientras deja que el sano se regenere antes de una próxima dosis.

“Muchas veces hacemos varias terapias y podemos salvar el tejido sano que está alrededor del tumor, y al mismo tiempo tener un impacto en el tumor”, cuenta la experta Montgomery, quien aclara que los radiofármacos utilizados tienen dosis muy pequeñas de radiación.

Esta fue la conferencia inaugural del Primer Encuentro Internacional de Ciencias Básicas Biomédicas, organizado por la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, desde su Departamento de Ciencia Animal. Dicho evento, que tendrá una conferencia mensual hasta mayo de 2021, cuenta con el apoyo de las Universidades de Sucre y de Misuri.

Es común que la radioactividad se asocie con catástrofes como las ocurridas en Chernóbil, Hiroshima y Nagasaki, con todas las consecuencias negativas en el medioambiente y en la salud de las personas expuestas a este tipo de energía, que contraen el síndrome de irradiación aguda (ARS).

Sin embargo, la experta Montgomery hace énfasis en que también es posible “crear la radioactividad y utilizarla en tratamientos médicos o para generar energía en diferentes escenarios”. Y es aquí donde centra su trabajo: en las aplicaciones de la radioactividad para el diagnóstico y tratamiento de diferentes enfermedades en la salud humana o animal.

Una de las claves en esta práctica es la vida media radioactiva de los elementos, la cual puede ser de segundos, minutos, horas, hasta miles de años. El uranio, por ejemplo, tiene una vida media radioactiva de miles de millones de años.

“Los elementos que usamos en el diagnóstico humano tienen medidas (de vida media radioactiva) mucho más cortas. Usamos otro tipo de uranio, porque así tienen una dosis de radiación mucho más baja. La droga más común que utilizamos tiene una vida promedio de seis horas”, explica la doctora Montgomery.

En esta primera charla estuvieron los profesores Yasser Lenis, y Javier Antonio Benavides, director del Departamento de Ciencia Animal, además de Laura Marcela Fuertes, de la Unidad de Medios de Comunicación (Unimedios) de la Sede, como moderadora.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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