Niños soldados, grandes víctimas de "La Violencia"
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BOGOTÁ D. C., 08 de octubre de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Todo esto tras haber quedado huérfanos por el asesinato de sus familiares o por separarse de sus padres durante los éxodos.

Uno de los casos es el de “Pancho Villa”, un hombre 90 años que pidió ser llamado así, quien se convirtió en guerrillero cuando tenía 12 años, luego de que sus hermanos fueran asesinados.

Otro es el de Gustavo Oyola, indígena tolimense que ronda los 85 años y que hoy es sobandero en el sur de Bogotá, quien relata que “le supliqué a un grupo que pasaba cerca que me llevara para huir de los chulavitas (conservadores) que me perseguían”.

Un tercer caso es el del pastor Héctor, un hombre de más de 70 años que predica en una iglesia de Bogotá ante cientos de feligreses, y quien dice que “uno de mis mayores logros fue haber sido un niño guerrillero”.

Así lo relata la antropóloga Ximena Pachón, doctora en Antropología Etnología y Etnografía y profesora del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien rastreó las huellas de los niños combatientes en la época de La Violencia en Colombia, una sangrienta disputa política entre liberales y conservadores ocurrida entre 1947 y 1965.

La profesora Pachón explica que aunque la presencia de niños soldados ha permanecido invisible, en los últimos años su participación se ha vuelto evidente.

Como parte de su investigación, en la que participaron estudiantes de Antropología, Sociología e Historia de la UNAL, y que fue resultado de dos convocatorias de financiación “Orlando Fals Borda”, se encontró que durante La Guerra de los Mil Días los niños soldados pusieron una cuota importante de muertos en este conflicto armado del siglo XIX.

Testigos y combatientes

En las décadas de 1980 y 1990 los informes de periodistas y científicos sociales también registraron la presencia de menores, no solo como testigos de masacres, sino como combatientes de grupos guerrilleros y paramilitares.

Sin embargo había un vacío entre la Guerra de los Mil Días y el conflicto contemporáneo, y allí apareció La Violencia. En esa búsqueda encontraron que los niños no lograron escapar. “Hallamos los primeros rastros en el libro La Violencia en Colombia, de Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna”, señala la investigadora.

Agrega que “en una revisión de cientos de textos no encontramos a los niños. En el censo nacional de 1951 el 45 % de la población del campo era menor de 14 años, y sin embargo en la mayoría de los textos no se habla de ellos”.

Por ello la misión de los investigadores fue hallarlos, y el único lugar era en la memoria de los ancianos que fueron combatientes.

En Tolima y Huila el equipo encontró otro puñado de historias, la mayoría de hombres que se identifican con seudónimos como “comandante Lubín Bonilla”, “el hijo de la costurera”, Rogelio Tique “el niño panadero”, “Jaime Guaracas” y “don Chengo”, entre otros.

En su búsqueda solo hallaron a una mujer que se hace llamar “Fidelina”, quien les contó que aprendió a usar armas para defenderse. Otro hallazgo importante es el peso en los relatos de figuras indígenas, como Quintín Lame.

¿Qué pasó con los niños huérfanos?

La hipótesis de la doctora Pachón es que existen tres trayectorias posibles: una, que los niños fueron recogidos y trasladados a instituciones en otras ciudades; otra, que encontraron una familia campesina que los protegiera, o una abuela, un tío o un padrino; y el último camino es que fueran recibidos por las guerrillas.

Algunos de esos niños abandonaron las guerrillas y entraron a otros oficios, mientras otros siguieron el camino de las armas: “de las 20 historias que encontramos solo cinco o seis continuaron en la vida guerrillera”, cuenta la investigadora Pachón.

La intención del equipo no es justificar lo sucedido, sino entenderlo, pues su esclarecimiento ayudaría a elaborar políticas públicas y diseñar estrategias para erradicar la práctica. Algunos de los entrevistados ya murieron, por lo que es urgente encontrar más para completar la historia de los niños de La Violencia.

Estos resultados preliminares se presentaron durante la primera jornada del “Encuentro de investigación y diálogo interuniversitario 2020: academia y sociedad”, promovido por el Instituto Colombo Alemán para la Paz (Capaz) y la Dirección de Investigación y Extensión de la UNAL, que busca dar una mirada al escenario del posacuerdo, el medioambiente y la salud.

“Mientras haya conflictos los niños estarán involucrados, por eso la clave es terminarlos”, sentencia la profesora Pachón.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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