La búsqueda del nombre (Artículo)
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27 de septiembre de 2020

 

El mundo iluminado

 


Uno de los derechos humanos universales es el derecho a un nombre y a una nacionalidad, es decir, todos nosotros tenemos derecho a recibir una palabra que nos identifique y a una tierra a la cual podamos enraizarnos. Recibir un nombre, convertirnos en una palabra, nos hace existir para el mundo y para nosotros mismos. Pocos saben la historia de su nombre, es decir, el motivo por el que fueron llamados así, y muy pocos conocen, además, el significado de su nombre. Craso error. Toda palabra es palabra porque significa algo, por lo que desconocer el significado de aquello que nos fue impuesto no arrojará sino resultados adversos para nosotros mismos. ¿Si nosotros somos palabra, lo mínimo que podríamos hacer, acaso, no sería saber lo que significa?

Tres son los grandes patriarcas del hebraísmo: Abraham, Isaac y Jacob, el abuelo, el hijo y el nieto, respectivamente. Del pueblo hebreo se desprenden corrientes filosófico-religiosas como los judíos. Para los hebreos, el significado del nombre es de vital importancia. A los nuevos miembros de la familia no se les impone un nombre sólo por herencia familiar, sino que también se toman en cuenta atributos únicos del nuevo ser que ha llegado a la vida. Y para ejemplificar esto centrémonos únicamente en el tercero de los tres patriarcas: Jacob.

Abraham, histórica e imprecisamente, está situado aproximadamente alrededor del año mil ochocientos antes de Cristo, y Jacob, su nieto, en el mil quinientos antes de Cristo; las fechas son simbólicas, como también la vida de estos personajes, y esto explica por qué vivían durante cientos de años. Jacob tuvo un hermano mellizo, Esaú, con quien luchaba desde que ambos habitaban en el vientre materno y señalan las Sagradas Escrituras que Esaú fue el primogénito porque usurpó el lugar de Jacob, quien nació en segundo lugar y sosteniendo el talón de Esaú. Jacob significa ‘el que agarra el talón’. Años más tarde, cuando Esaú regresaba a su casa para descansar, pidió a Jacob que lo alimentara con lentejas a fin de reponer sus energías, pero Jacob condicionó el plato de lentejas, mencionando que únicamente se lo daría a cambio de ser tomado él como el primogénito. Esaú aceptó en un inicio, pero no tardó en arrepentirse, persiguiendo de muerte a Jacob.

Haberse convertido en el primogénito, representó para Jacob el inicio de una existencia de continuos escapes en los que su vida estuvo de por medio, y aunque son innumerables los interesantes pasajes de su biografía basten dos para dar cuenta de la importancia del nombre. El primero aparece en el capítulo trigésimo segundo del “Génesis”: En medio de la noche y escondido, Jacob meditaba temiendo que su hermano, auxiliado por cuatrocientos hombres, lo hallase para darle muerte, cuando repentinamente apareció un ángel desafiándolo: «Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un ángel hasta que rayaba el alba. Y cuando el ángel vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el ángel le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el ángel le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el ángel respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.» Antes de profundizar en este pasaje, leámos otro del mismo libro, pero que pertenece al capítulo trigésimo quinto y que sucede, también entre la noche y el sueño: «Y Dios se apareció de nuevo a Jacob y lo bendijo. Y Dios le dijo: Tu nombre es Jacob; no te llamarás más Jacob, sino que tu nombre será Israel.»

¿Qué es lo que une a los pasajes anteriormente mencionados? Esencialmente, la insistencia en el nombre. En el primer pasaje Jacob se enfrenta a un ángel que se niega a dar su nombre, es un ángel anónimo que cambia el nombre de Jacob por el de Israel cuando lo declara vencedor del combate. En el segundo pasaje es Dios mismo quien se muestra ante el patriarca para decirle que su nombre ya no es Jacob, sino Israel. Habíamos mencionado que Jacob significa ‘el que agarra el talón’, mientras que Israel, y nos lo dice el pasaje bíblico, significa ‘el que lucha con Dios y los hombres y vence’. Es decir, cuando el patriarca se llamaba Jacob, cuando sujetaba el talón de su hermano, su existencia se resumía a un temor constante ante la muerte, pero después de luchar contra el ángel, fue nombrado Israel porque venció en la contienda. Cuando Jacob cambió su nombre no sólo dejó de ser un condenado a muerte, sino que además encontró la tierra de Dios, Betel, en la que él y su estirpe se multiplicaron como granos de arena y se extendieron por los cuatro puntos cardinales. Así fue como las doce tribus de Israel comenzaron su gestación.

Del pasaje en el que Jacob lucha contra el ángel y se convierte en Israel podemos extraer enseñanzas útiles para nosotros y el sentido de nuestras vidas. No sólo es importante advertir que el nombre nos determina, sino que para que un cambio suceda es necesario luchar incluso en contra de las fuerzas superiores. Jacob temía por su vida en medio de la noche porque la muerte estaba cerca. ¿No vivimos nosotros también angustiados y como en una noche oscurísima? Cuando nacimos nos fue impuesto un nombre, una palabra que nos determina, ignorar su significado es una sentencia de muerte. La sentencia siempre útil de ‘Conócete a ti mismo’ manifiesta su vigencia y nos señala que el conocimiento de uno mismo comienza por el del nombre con el que cargamos. Somos palabras caminantes, somos condenados en medio de la noche, y alcanzar Betel, es decir, llegar a la tierra prometida será un premio exclusivo de quienes se han despojado de la máscara que les impusieron para emprender la búsqueda de su verdadero nombre.

 
Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, estos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana. 
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