Historia y crónica (Artículo)
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11 de septiembre de 2020

Posdata 9

 

Dos personalidades existen en México que comprueban lo importante que es mirar el pasado. Con la mirada seria, ajena a posicionamientos ideológicos, que nos recuerdan el aprendizaje de los educadores de principios del siglo XX, tal y como sucede con quienes fueron paradigmas del educador, en el profesorado de Heriberto Enríquez, Enrique Carniado y Horacio Zúñiga. Personajes de las primeras décadas del siglo XX mexicano, cuya expresión de hechos y sucesos de esas décadas comprueban su amor por el país que se formaba; también su profunda preparación en temas de culturas griegas y romanas. Apasionados de lo que llamamos cultura grecolatina, dibujaron en sus conocimientos la propia vida, ideas en favor de la educación que venía de muy lejos. Que no se queda en el país, sino que abreva de la Europa clásica, y confiere al nuevo a país independiente que lucha por darse personalidad propia. Ajena a modas e imperios que nos vienen de la España echada al mar, y de los otros imperios: Francia e Inglaterra. La dictadura porfirista busca imponer lo afrancesado como expresión del nuevo país capaz de labrar su presente: en últimas décadas del siglo XIX y principios del XX. Así como aquello que toma en cuenta otras culturas de más allá del océano Atlántico que tanto daño hizo en su idea de imponer algo que no diera identidad a un pueblo, que gozaba de culturas milenarias que venían de allende los siglos; cuya riqueza sorprende a pesar de haber tenido 300 años de cultura imperial española. Sin poder borrar lo que originarios y dueños de estas tierras han dejado como prueba de su genio y capacidad constructora.

Dos personalidades comprueban importancia de la historia en la vida de México, de su historia y, por tanto, de sus historiadores. En este caso, como vemos la figura de don Ángel María Garibay, nacido en ciudad de Toluca, quien con varios libros comprueba el tipo de educación que los mexicanos de las primeras décadas del siglo XX tomaban en escuelas o de manera autodidacta. Encuentro por Editorial Porrúa dos libros de nuestro sabio mexiquense y toluqueño: Llave del náhuatl, investigación muy seria, yendo a raíces de ese idioma. Con esto escribo que los estudiosos que cité en poetas de Toluca: Enríquez, Carniado y Horacio Zúñiga, en su conocimiento de temas indígenas y por tanto su revaloración del Yo mexicano: mestizaje que bien se piensa en el Ulises inventado como raza cósmica por José Vasconcelos. Esos hombres y mujeres de principios de siglo venidos de la educación del gobierno de don Lázaro Cárdenas del Río, son ejemplo, de que la educación actual ha dejado a un lado la historia y la cultura para dar desastrosos resultados.

Llave del náhuatl es un trabajo que explica y dilucida la gramática de la lengua más reconocida en el país. Don Ángel María Garibay, que naciera el 18 de junio de 1892 en Toluca, tuvo como ocupaciones la lingüística, traductor de lenguas indígenas y del griego y latín; fue sacerdote católico y poeta. Uno de los sabios más importantes del México del siglo XX. El falleció el 19 de octubre de 1967. Si revisamos en las décadas del cincuenta y del sesenta. mueren personajes fundamentales de nuestra cultura mexicana y mexiquense. Su texto que abre serios caminos para el estudio de las lenguas indígenas, y muestra de ello, es que entre sus alumnos más destacados lo es Miguel León Portilla: recientemente fallecido, mismo que representa al historiador de sabias posturas. Él y don Luis González y González, son expresión del amor a la historia y la crónica. La microhistoria se hizo realidad con don Luis González.

Composición del libro dedicado a la cultura náhuatl aparece con la gramática y lo que las palabras representan. En un serio trabajo de traductor del idioma y de filólogo, preocupado por dar lo más cercano el concepto que la palabra indígena dice en su tiempo, y por ello debe ser revisada en ese contexto en la actualidad. Su libro que es una edición de 1961, expresa en la colección “Sepan cuantos…” la riqueza teórica de este sacerdote que hoy es recordado por lo que aportó a nuestra cultura mexicana y universal. Dos importantes del libro referido me atraen la atención: la versión literal de los trozos clásicos de “Llave del Náhuatl” para ayudar a su interpretación. De esta manera la lectura es una delicia sobre temas como creación del sol y la luna; Creación del Hombre; Hallazgo del maíz; Quetzalcoatl y Titlacahuan; Presagio de la ruina de Tula; Prestidigitadores; Llegada de Cortés a México. El Apéndice de Etapas de evolución de la lengua náhuatl y el breve vocabulario náhuatl castellano enriquecen el estudio.

Si con ello don Ángel María Garibay nos da muestra de su sabiduría, al revisar el siguiente libro que lleva por título Mitología griega, publicado igualmente por Editorial Porrúa, en su colección “Sepan cuantos…” en su primera edición de 1964, el subtema señala que está dedicado a “Dioses y héroes” de dicha mitología. En su introducción Garibay dice: “la palabra mitología en las lenguas modernas relacionadas con la cultura de Occidente significa una relación de historias legendarias, engendros de la fantasía, con fundamentos más o menos históricos. / Etimológicamente sólo diría tratado de palabras, cuentos, historias, relaciones populares. Y aún queda margen para más amplios sentidos en la voz griega mitos. Han usado otros la palabra mitografía. Poco varía el sentido, que fuera, en el primer caso, tratado más o menos científico, y en el segundo pura descripción de los mitos”. Lo que importa en nuestro caso, es comprender que la sabiduría de Ángel María Garibay alcanzó lo mismo la sabiduría sobre nuestro pasado indígena, y no se negó, después a ser un sabio en las cosas de la cultura griega en primer lugar, y latina por el necesario conocimiento que le pedía su cultura como sacerdote católico, religión donde los más avezados son profundos estudiosos del latín y sus mitos.

El libro del doctor Garibay es una seria y minuciosa investigación sobre dioses y mitos que aparecen por montones: Zeus, Hera, Poseidón, Démeter, Apolo, Artemis, Efesto, Afrodita, Hermes, Atenea, Ares, Dioniso, Adonis, Agamennón, Andromaca, Anteo, Aqueronte, Aquiles, Argos, Atalanta, Ayax, Calipso, Caronte, Casandra, Circe, Dafne, Dédalo, Diomedes, Eco, Edipo, Egisto, Electra, Eneas, Eolo, Euridice, Europa, Eros, Esfinge, Diomedes, Dirce, Edipo, Fauno, Fénix, Filas, Ganimedes, Gorgona, Helio, Himeneo, Hipólito, Ícaro, Ifigenia, Kratos, Lacconte, Licurgo, y tantos y tantos nombres más de personajes, lugares o hechos sucedidos en esa gran cultura griega que para toda acción inventaron un nombre; y para cada personaje la seguridad de hacerlo leyenda al paso de los siglos. De ello son los estudios de don Ángel, que es sin duda orgullo, para quienes como mexiquenses sentimos el honor de haber tenido un ciudadano de tales cualidades.

El Doctor Ángel María Garibay tuvo como alumno a otro genio de la historiografía mexicana, a don Miguel León Portilla, nacido el 22 de febrero de 1926 en la ciudad de México, destaca siempre el que para su tesis doctoral su supervisor lo fuera don Ángel María Garibay, y que él siempre tuviera palabras de gran cariño para “su maestro”. Falleció el 1 de octubre del año 2019, es decir, recientemente y fue notorio, como todas las portadas de periódicos y revistas pusieran su fotografía informando sobre su deceso.

En un libro clásico por su contenido y por el diseño que raya en la belleza, pues va acompañado de aportaciones del artista visual Vicente Rojo, titulado La tinta negra y roja / Antología de poesía náhuatl, en ella nos cuenta en la introducción Miguel León Portilla: “Como en los códices o libros de los antiguos mexicanos, con sus pinturas y escritura jeroglífica, también en éste conviven poemas de aquellos antiguos dueños de la palabra, con las policromías de un moderno pintor, maestro de la tinta negra”. Un libro de lujo, por su contenido que se nota trae la mano amorosa del maestro León Portilla; amor por México y su pasado, comprensión que ha nacido en tierra privilegiada: Mesoamérica donde las culturas se traspasaban por la guerra o por los afluentes del agua, que sin ser el río Tíber, Sena, Danubio, Támesis y tantos otros, en el fluir de su líquido para el centro del altiplano hoy mexicano, aparecieron culturas originales y sabias.

 

Francisco Javier Estrada nace en Toluca, México. Es Presidente de Casas del Poeta AC. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Nacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de 4 mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de 120 títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.
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