Literatura indígena (Artículo)
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15 de julio de 2020

POSDATA 1 

 

Ángel María Garibay realizó un extenso y profundo estudio sobre la literatura náhuatl, por lo mismo publicó en Editorial Porrúa un libro titulado Historia de la literatura náhuatl en la colección “Sepan Cuantos…” número 626, interesante esta edición que trae un prólogo de su alumno favorito, don Miguel León Portilla quien escribe en la edición del año 2007: “Al cumplirse en 1992 cien años de su nacimiento del padre Garibay, no será ponderación afirmar que, entre los varios homenajes realizados en recordación suya, éste de difundir al máximo su Historia de la literatura náhuatl, tiene muy particular significación. Conociéndolo como lo conocí a través de largo tiempo, pienso que este homenaje le sería de los más gratos. / A partir de ahora, en forma íntegra y en un solo volumen sumamente asequible, esta Historia, con su rico contenido, fruto de muchos años de investigación, podría ser leída y estudiada por especialistas, público en general y asimismo por estudiantes a los que el padre siempre tenía en mente y corazón”.

Los grandes maestros de la historia siempre tienen en su mente a sus educandos. De esta manera el padre Garibay tuvo como mejor ejemplo a Miguel León Portilla, pero al pensar y educar a su mejor alumno, pensaba en todos esos jovencitos, hombres y mujeres, teniendo sus mejores capacidades físicas e intelectuales, son desaprovechados por la falta de un educador cuya pasión sea trasmitida a ellos, para hacerles apasionados de lo que hacen y desean realizar. El padre Garibay no sólo es un gran investigador, sino un educador del cual en este siglo XXI le vivimos en el olvido. Ni en la ciudad de Toluca se le llega a valorar como debería de ser, pues no hay duda que de los nacidos en esa ciudad es de los más valiosos en todo el siglo pasado.

Los tomos que preparó Ángel María Garibay destacan en su bibliografía, por eso escribe León Portilla: “Ya la misma Editorial Porrúa había sacado dentro de su Colección “Sepan Cuantos…” otras obras suyas a las que luego aludiré y, asimismo, también en un solo volumen, la edición que él preparó de la Historia general de las cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún. Lo que esto significó, con acierto lo expresa la dedicatoria de quienes dispusieron tal edición: A la memoria del padre Ángel María Garibay que tanto deseó ver en las manos de todos, la obra de Fray Bernardino de Sahagún”.

Siguiendo las huellas del padre Garibay, ir al campo, es decir seguir los libros de su autoría, o como investigación sobre mitologías o culturas como Voces del Oriente; Mitología Griega; Literatura de los Aztecas; o Llave del Náhuatl, reflejan una cultura asombrosa. Si pensamos que además era un erudito de la Biblia y todo aquello relacionado con la Teología, cuya importancia nos hace recordar que fue la reina en los estudios durante el medioevo. Formando así una educación escolástica que forjó las bibliotecas que hoy se encuentran en los mejores museos y monasterios del mundo. Ir detrás de sus libros para comprender su angustia de <<querer saber más>> como lo pidiera en el siglo XVII la Décima Musa, Sor Juana Inés de la Cruz. Bendita tierra mexiquense que ha dado a Nezahualcóyotl, Sor Juana, Juan Domingo Chimalpaín, Laura Méndez de Cuenca, Andrés Molina Enríquez, así como al padre Ángel María Garibay, Narciso Bassols, Isidro Fabela, Josué Mirlo, Horacio Zúñiga y muchos más.

Nos cuenta el Dr. León Portilla: “Con tres instituciones mantuvo Ángel María Garibay estrecho contacto a lo largo de su fecunda vida. La primera, es obvio decirlo, fue la Iglesia Católica, desde su bautizo hasta la muerte y, de modo especial en los muchos años de vinculación a ella como seminarista, sacerdote, maestro, cura párroco en Jilotepec, San Martín de las Pirámides, Huixquilucan, Tenancingo y Otumba, y finalmente canónico lectoral en las Sagradas Escrituras”. Sólo esto significaría para la carrera del sacerdocio toda una vida bien labrada. Muchas veces no alcanzamos a ver el horizonte en la existencia de un hombre o una mujer. Pensamos que sólo hizo tal o cual cosa, y no extendemos nuestra vista para entender que sí, la vida de un ser es todo un paisaje que se cubre en el tiempo por sus hechos y sus faltas. Y el indagar sobre Ángel María Garibay es entrar a uno de los más extensos paisajes que mexiquense alguna haya tenido.

Cuenta León Portilla: “Tuvo allí, como encargo principal, la exégesis de las Sagradas Escrituras. De su asiduo y profundo trabajo como comentador bíblico dejó él centenares de páginas que, inéditas, se conservan en el Fondo Garibay que guarda la Biblioteca Nacional de México. Otros estudios de temas religiosos, publicó —entre otras— en la bien conocida revista Ábside que dirigían sus antiguos discípulos Alfonso y Gabriel Méndez Plancarte”. El hombre es él y sus circunstancias, él y sus escritos. Miles de páginas resumen una personalidad que tenía que aceptar que no importaba cuán concentrado estuviera en sus investigaciones, pues había que laborar en la divulgación de la palabra de Dios. Una profesión que para el siglo XX tenía los claro oscuros de una idea de que los mexicanos eran tan salvajes que mataban a los curas. Estudiar sus aportaciones en el mundo de las Sagradas Escrituras nos ha de dar luces sobre cuán grande fue su vocación por el tema de Dios en la tierra, cuántas fueron las finesas del Señor para quiénes poblando el mundo, muchas veces han hecho lo contrario de sus lecciones para nosotros.

La institución religiosa como prioridad. Pero también la que nos hace saber León Portilla: “la segunda institución, a la que don Ángel consagró también mucho de su existencia, fue la Universidad Nacional Autónoma de México. De ella recibió en 1951 el título Doctor Honoris Causa en ocasión del Cuarto Centenario de la fundación de esta máxima casa de estudios y en reconocimiento de sus méritos personales. Maestro fue en la Universidad, investigador muchos años en su Instituto de Investigaciones Históricas, fundador del Seminario de Cultura Náhuatl y editor y autor de no pocas obras publicadas por ella, entre otras Poesía Náhuatl de la Altiplanicie; Épica náhuatl, tres volúmenes de Poesía náhuatl, que incluyen la única paleografía y versión castellana existente del manuscrito en náhuatl conocido como “Romances de los señores de la Nueva España”. A ello hay que sumar sus ediciones de textos de los Códices matritenses y varios trabajos más, no pocos de ellos en la revista del Seminario que él dirigía, Estudios de Cultura Náhuatl”.

Cómo se logran en la vida de la humanidad seres cuya laboriosidad se extiende por tantos campos de la cultura humana. Cómo hemos tenido un Ángel María Garibay, toluqueño de nacimiento, mexiquense por su trabajo como cura y párroco. Cuáles fueron sus vivencias en los poblados o municipios donde arribó por indicaciones de las autoridades de la Iglesia Católica en el estado de México. ¿Acaso hay una biografía que nos diga cuántos beneficios aportó a esas poblaciones? Acaso su trabajo como sacerdote es lo que le ha mantenido en la semioscuridad, después de ver cuánto reconocimiento ha tenido don Miguel León Portilla en estos días de su fallecimiento.

En tiempos en que desaparecen las lenguas indígenas, él, mestizo seguramente por nacimiento se entregó como pocos mexicanos a salvar lo que es lengua origen de la nación. Hoy sabemos que la lengua matlatzinca está en vías de extinción en el estado de México, y de la misma manera sucede para la lengua ocuilteca, que tiene por centro el municipio de Ocuilan, en reductos sociales, comunidades cerradas, en vías de extinción enfrentan el abandono oficial, social y de los tres sectores en general. Ángel María Garibay fue un hombre del pasado: en el estudio de la Teología y de todo lo religioso que iba en particular por el mundo de Cristo. Un hombre del pasado, recuperando la lengua más rica del altiplano: el Náhuatl, sabedor que el centro del país fue metrópolis, donde otras muchas lenguas con sus culturas, forjaron el México mestizo donde la lengua en neolatín surgió del siglo XVII, época de la Fénix de América.

 

Francisco Javier Estrada. nace en Toluca, México. es Presidente de Casas del Poeta AC. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Nacional de Poetas del estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de 4 mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de 120 títulos publicados en Ensayo, Cuento, Poesía y Antologías.

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