
10 de mayo de 2020
El mundo iluminado
elmundoiluminado.com
Nuestra sociedad es débil. Existe una preocupante tendencia de querer satisfacer los deseos de todo individuo, mas nuestra especie nunca estará conforme con lo que es ni con lo que tiene. Somos débiles, y la adversidad, como la muerte, impredecible. Por eso cuando ésta se presenta en el resquicio de nuestra puerta –cual indeseado invitado que indiferente a la vida privada busca la atención del otro sobre de sí– somos incapaces de cerrarle la puerta en su cara y de evitar que marchite las flores de nuestro jardín. La adversidad es el carnívoro felino que nos acecha.
“Tengo derecho a expresarme”, “tengo derecho a la sexualidad”, “tengo derecho a la libertad” son consignas, exigencias, que todos los días escuchamos y que sin duda serían aceptables si fueran emitidas por individuos que antes de pronunciarlas atravesaran sus ideas por el filtro de la razón; pues es innegable que, la mayoría de las veces, aquellos que reclaman lo anterior no son más que ignorantes, personas engañadas que están seguras de que sus pensamientos les pertenecen, de que sus ideas son genuinas y válidas a pesar de no comprender la profundidad que tienen las palabras que salen de sus bocas con la misma naturalidad que los excrementos, de sus cuerpos.
El problema de nuestra sociedad no es su ignorancia, sino su egoísmo –remediando el segundo se corrige la primera–. Esos otros que diario deambulan por las calles ven únicamente por ellos mismos y piensan que el mundo está para satisfacerlos –por eso sus ridículas exigencias de libertad– y cuando el mundo no les responde como ellos quisieran se frustran y terminan violentados ante la adversidad, el visitante indeseado. Esta masa de egoístas es la que a ella misma se ha arrebatado sus derechos a expresare, a tener una vida sexual y a ejercer la libertad, sin embargo, aquellos que conforman la masa difícilmente aceptarán que el enemigo no está afuera sino dentro de cada uno de ellos. Víctima y victimario son polos opuestos de una misma entidad.
Los egoístas viven para el mundo exterior; pero los pocos que han decidido hacerle frente a la adversidad son los que buscan su libertad –la única y genuina libertad– en su realidad interior. Paul Brunton, en “La realidad interior”, dice: «¿Es posible que todos los dones de los dioses nos caigan en la falda; que nunca sepamos lo que es la desgracia; que todo en el jardín de la vida será hermoso y encantador hasta el día de la muerte? Todo esto, y siento decirlo, no es otra cosa que ilusión. Este efímero mundo es definitivamente un mundo de mezclado sufrimiento y dicha, porque es un mundo transitorio, un mundo que tiene un principio y un fin. Es por eso que no se puede encontrar en él una felicidad perdurable, o una buena suerte contínua, a menos que se la busque dentro de uno mismo, en el yo interior.»
Y luego añade: «Encontrarse a uno mismo es hallar el perfecto equilibrio mental. Incluso si los más grandes sufrimientos nos están reservados, no podrán ellos turbar nuestra paz. Como tampoco podrán turbarnos los placeres más grandes. Uno estará enraizado con el centro divino, el cual es el único lugar donde se puede hallar la paz. No hay fuga posible de uno mismo, excepto hacia el interior de uno.»
Agraviar y contradecir al otro, derrochar la sexualidad, aferrarse a la banalidad de los deportes, del espectáculo y de la política no es ejercer la libertad. Quien vive para el mundo externo, quien le rinde culto a las formas de lo efímero en un intento por olvidarse de su miserable existencia jamás dejará de ser esclavo. La verdadera revolución libertaria, la que puede trastocarnos el corazón y desenvainar contra la indeseable adversidad es la que se ejerce hacia adentro. Podremos olvidarnos de nosotros y del otro, y embriagarnos con los estímulos del mundo vulgar, sin embargo, si un día, por alguna revelación o intuición, decidimos abandonar lo vacuo para concentrarnos en lo perdurable será preciso escapar, fugarse nuevamente, pero no hacia afuera, sino en dirección a nuestro abismo interior.


Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, estos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.






