
24 de abril de 2020
El mundo iluminado
Con gran asombro vemos que la sociedad actual sigue empeñada en la añeja costumbre de depositar su bienestar en aquellas escorias (del griego σκώρ, excremento) que conforman la clase política que nada tiene que ver con nosotros. Con qué ingenuidad se enemistan los hermanos aquí abajo defendiendo a su mosca predilecta sin reparar en que todas ellas vuelan juntas y armónicamente en torno a su pecuniario ídolo. La placidez difícilmente la hallaremos en la sórdida vida pública; en cambio, si hemos intuido alguna vez el ardor cordial de la tranquilidad espiritual sabremos, de alguna manera, que éste se irradia desde las ramas de los árboles cual colmena dorada, y no sobre las superficies inhóspitas donde pastan las bestias brutas que pretenden gobernarnos, sin antes haber sometido a sus vicios y pasiones.
¿Si hemos colegido que la vida pública es fuente de aguas negras, en dónde reside, pues, el bienestar personal? La vergonzosa literatura de hoy en día ha explotado hasta el cansancio la respuesta: en uno mismo, sin embargo, un texto milenariamente más antiguo que rescata al individuo y que nos aclara la pregunta anterior (además del “Dhammapada” [“Las enseñanzas de Buda”]) es el “Canto dorado” de Pitágoras (también “Versos de oro”). Pitágoras (569 a. C. – 475 a. C.) y Buda Gautama (563 a. C. – 483 a. C.) vivieron y murieron casi al mismo tiempo; es imposible determinar si establecieron contacto, pero hay quienes sitúan uno de los viajes del filósofo griego en la India, donde residió el sabio budista. Como quiera que sea, los puntos de encuentro entre el texto pitagórico y el budista son tentadores.
Algunos versos de oro: «Honra a los dioses inmortales, a tus padres y parientes. Hazte amigo del que descuella en virtud. No guardes rencor por una falta leve. Lo posible se encuentra junto a lo necesario. Atente a dominar ante todo las necesidades de tu estómago y de tu sueño, después los arranques de tus apetitos y de tu ira. No cometas nunca una acción vergonzosa. Respétate. Practica la justicia. Aprende a no comportarte sin razón jamás. Morir es la ley fatal para todos. Plácete en ganar riquezas y en perderlas. Que no te turben las voces indignas. Reflexiona antes de obrar. Obrar y hablar sin discernimiento es de pobres gentes. Nada hay mejor que la mesura. Antes de dormir reflexiona tu día. Estas cosas hay que amar para entrar en la perfección y conocer a los hombres, víctimas de los males que ellos mismos se imponen.»
Por su parte, Gautama dejó dicho: «Somos lo que pensamos. Habla o actúa con mente impura y los problemas te seguirán como sigue la carreta al buey ensimismado. Habla o actúa con una mente pura y la felicidad te seguirá como tu misma sombra. Sólo el amor disipa el odio: ésta es la ley. Tú también morirás… si te das cuenta ¿cómo puedes seguir peleando? La tentación no toca al que está despierto. Presta atención a lo que importa. Una mente irreflexiva es un pobre techo. No importa cuántas palabras sagradas digas, ¿qué bien te pueden hacer si no pones en práctica lo que dices? Puedes leer tan poco como quieras, y puedes hablar menos aún, pero actúa conforme a la ley. Abandona tus viejas rutinas: el odio, la pasión, la insensatez. Vive la verdad en paz: comparte el camino.»
Es innegable que los “Versos de oro” y el “Dhammapada” están inspirados por la misma causa: alcanzar la justa medianía (Horacio la llamaba ‘Aurea mediocritas’). Siddhartha Gautama se hizo consciente de sí mismo afinando una cuerda musical; cuando ésta carecía de tensión perdía su sonido, y cuando abusaba de su fuerza se rompía. Por su parte, Pitágoras, estableció su teoría de los números a partir de su descubrimiento de los intervalos musicales. ¿Qué es lo que hermana a Pitágoras y a Buda? El silencio; la armonía es exclusiva de quienes escuchan y ellos encontraron en la música la lengua de los dioses, sin embargo, nosotros por estar enamorados del zumbido de las moscas públicas, hemos llenado nuestros oídos de escoria y alejado el dorado manantial de las abejas que resplandece inalcanzable en lo alto del árbol de la consciencia.








