Benditos poetas malditos o abrevar en el mar de la poesía (artículo)
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09 de febrero de 2020
Hagamos del aprendizaje un acto de amor.

Hace muchos años, en mi libro de Lengua Nacional, de cuarto año de primaria, leí una lección La muchacha que no ha visto el mar , que en realidad es un poema de Enrique González Martínez, del cual extraigo estos versos: ..Yo le pregunto: “Rosa,/ ¿no has visto nunca el mar?”/ En infantil asombro menea dulcemente/ la cabecita rubia; sobre su blanca frente,/ cruza por vez primera una sombra fugaz,/… . En esa época, cuando salía al campo con mi abuela o mi tío para llevar los toros a pastar, veía hacia el sureste, y me imaginaba como sería el mar, no imaginaba la arena, ni las playas, ni la selva, ni las gaviotas, ni el remolino de las olas; nada de eso, sólo el mar, el agua, el océano; el cielo y el mar en uno solo. Desde luego, mi maestro de cuarto año, empeñado en que hiciéramos frases y oraciones y leyéramos correctamente en voz alta, no me explicó que esa lección era un poema, que se construía con versos, y que estos podían ser libres. Viene a colación este punto, porque hace cuatro años, desperté inquieto de un sueño, que por algún tiempo me intrigó, y del cual sin saberlo, mí admirada compañera y escritora tlaxcalteca Alba Tzuyuqui , fue la protagonista. En ese sueño, que después trascribí al papel para no olvidarlo, dialogaba con ella y me enseñaba a ver el mar, sin estar en alguna de las costas de mí querido México. De ese sueño extraigo estos versos: Vi el mar en tus ojos/ su claridad se deslizaba en tu rostro./ Escuché tu voz decir/ —Ve con atención desde este punto/ y allá distante, descubrirás el mar…

Lo anterior, sirve para incitarlos a la lectura e introducirse al fascinante mar océano de la poesía. En un instante en que el tedio inundaba mis espacios vitales, para romper el cerco en que me hallaba; retomé la lectura de la colección de “El Poeta y su trabajo” ; las páginas de estos libros, encendieron las luces de la curiosidad y el ánimo de indagar más allá de lo convencional; provocando que dirigiera la mirada hacia autores, como Georg Trakl , T. S. Eliot , Wallace Stevens ; Ezra Pound , William Carlos Williams , entre otros. Iba en el río y su caudal me arrastraba con mayor intensidad hacia el frente; hasta que me encontré leyendo el libro “Estructura de la lírica moderna” del Alemán Hugo Friedrich, un libro de cuatrocientas páginas, de fácil lectura, que me llevó a mirar hacia atrás y fijar la vista en Baudeliere, Rimbaud y Mallarmé; venerados sin desmayo, para algunos autores y críticos. Sin pasar desapercibida la crítica que se le hizo al autor alemán, de que …no osó traspasar en su estudio los límites de la Santísima Trinidad poética…Baudeliere-Padre, Rimbaud-Hijo y Mallarmé-Espíritu Santo…” Motivado por la lectura de este libro y la serie de poemas de los diversos poetas incluidos en el Apéndice; acudí a dos libros que adquirí hace años, y que había intentado leer para luego abandonarlos a las dos o tres páginas de lectura. Debo confesarlo, no estaba preparado para ello, y quizás nunca lo esté, pero hoy los entiendo mejor: Las flores del mal de Baudeliere y, Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud. Encontrando ahora fascinante su lectura. Ya estaba próximo al mar, ya sentía que la selva se alejaba. Entonces me encontré con Paul Verlaine y su obra Los poetas malditos. Había llegado al mar océano, dueño del timón de mi barca y de mi vida, desde donde contemplo la arena, la playa, la selva y las gaviotas; escuchó el remolino de las olas, las voces de los pescadores; el mar, el agua, el océano, todos en uno solo. Los benditos Poetas malditos que Paul Verlaine dio a conocer en su obra fueron: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes Valmore y Villiers de l'Isle-Adam; todo un convite para aquellos que amamos la poesía y quien gusta de leerla. Finalmente y reconocido por grandes autores de la talla de T.S. Eliot y por la historia, me acerqué a Jules Laforgue. Sabido es que con Las Flores del mal de Baudeliere, se inicia una nueva sensibilidad estética, la sensibilidad moderna de la poesía, y que en realidad es Tristan Corbiere el creador de dicho lenguaje, quien junto con Laforgue “…supieron expresar verbalmente el lenguaje del hombre moderno, con su fluir dubitativo y entrecortado, con su tono confidencial y ambiguo, y deliberadamente prosaico, próximo a la conversación e irónico…” Considerándose a Laforgue, el padre del verso libre. Desde luego, con la polémica que despierta esta afirmación, según sea nuestra afinidad a alguno de estos benditos poetas; los invitó a leer y a releer a estos poetas y abrevar juntos de ese mar océano que es la poesía.

…Volví la vista a la distancia
…aquí el silencio, allá una porción del mar
y el rumor de las olas que en la playa
soltaban un hilo de espuma
y mansas volvían al mar.
—Allá está el mar, — te dije.

Camino a nuestra mesa
volví la vista hacia el agua de los pastizales,
al campo, al cielo luminoso.
“Desde aquí no se ve el mar”
—lo pensé y te lo dije.
Sonreíste y con un gesto me dijiste que no.
y aseguraste:
—¡Pero tú viste el mar!
Y lo acepté.



Joel Samperio Tepale, integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin
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