Presentamos el reto viral #CronistaChallenge, súmate y aprende que: el pozole se servía con carne humana en el México de antes. ¿Te animas a jugarlo?
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

18 de Septiembre de 2018

Usuario desde sus comienzos en México de las redes sociales, investigador apasionado desde los años de facultad, y actual relator o cronista de diversos hechos, mi tarea es una: dar razón sobre la fundamentalidad -concepto introducido por María Beatriz Arriagada Cáceres en sus Tres tesis sobre Hohfeld bajo discusión (2018)- de la praxis. Por ello, el festejo de la mexicanidad tardía que el país reserva para ocasiones especiales año tras año, como la del 15 de septiembre, puede y debe ser llevado a una revisión que dote de un reconocimiento del ser mexicano, ese ente diluido en siglos tras la conquista.

Muchos podrían ser los tópicos a tratar sobre el ser nacional, y cada uno de ellos nos llevaría a una amplia búsqueda de saberes que, de no tener orden y concierto, nos legaría más oscuridad que necesarias luces en el ánimo de vivir desde ahora, una nueva ilustración. Así es que limitemos el universo y expongamos un objeto de estudio que después de investigarlo nos permita establecer en principio un claro epílogo grupal. ¿Te puedo interesar para participar en este ejercicio que nos permita crearnos un nuevo RETO, listo para viralizarse en redes sociales? Si es así, veamos que logramos y qué nos permite rescatar la viralidad posterior del RETO: #CronistaChallenge

En un comienzo para tal reto, sólo destinado para ánimos curiosos y deseos de investigar, propongo un principio que ilustra la dinámica del ejercicio más allá de cualquier discurso. Descubrirás que no hará falta en la dinámica una toga universitaria, ni frack, ni condecoraciones, ni cartas credenciales que te sitúen como intelectual, cualquiera podrá jugarlo y sólo una condición tendrá… indagar en fuentes electrónicas disponibles en la red de redes a las cuales se deberá citar, compartiendo también la dirección electrónica. Hoy todos tenemos la posibilidad de ser cronistas modernos, te ofrezco el reto de mutar en uno mientras ayudas a re descubrir nuestro origen como nación y pueblo.

La gastronomía es una vía láctea para responder las preguntas fundamentales de quiénes somos, y de dónde venimos, no es la única, pero es noble para dar en este principio la idea de cuanto pretendo si te unes y compartes el reto anunciado.

No hace mucho, publicaba en redes sociales las siguientes líneas:

Al ver este video (la enémisa muestra de que el pozole puede ser Verde, Blanco y Rojo), la pregunta me taladraba el cerebro, ¿Existe el pozole verde? Responder la pregunta me llevo a investigar brevemente su receta y ello me llevo hasta el origen del pozole, así es que en esencia les diré que si bien la receta del pozole proviene de épocas prehispánicas, en la actualidad se compone de una mezcla de ingredientes mexicanos, europeos y asiáticos. En épocas precolombinas se realizaba a base de la carne de un animal que criaban los indígenas y la costumbre hasta la fecha se respeta. Así es que en esencia, el exquisito platillo es mexicano.

Ahora, los ingredientes que hacen a un pozole verde son: caldo sazonado con salsa de tomates verdes, epazote y pepitas de calabaza. A mí me ha parecido interesante saber esto; sin embargo, no se me antojó. Personalmente yo prefiero el pozole rojo, tolero el blanco si es servido con salsa macha extra picante. Eso en verdad es mi delirio.

Las líneas de la publicación censurada que hice son las que se acaban de leer. ¿Líneas censuradas? Sí, los rasgos grises no me atraen ni me seducen en ningún soporte de expresión. Líneas de texto coloquial, filosofal, medular por crítico, sensato por positivo o no, en tinta gris causan más ignorancia de la que el mundo puede soportar en un día, pues el diagnóstico sombrío de las épocas pasadas y presentes, ennegrecen la marcha diaria, contribuyen a enrarecerla.

Pero lo que vino posterior a la publicación, provocando en los espacios que yo he llamado, "notas al calce" en los espacios de los nuevos medios de expresión y comunicación virtuales -las líneas de comentario- llegó en tropel porque no pude contener una verdad incomoda en parte, pero neurálgica también, que exigía ser narrada y comentada.

Sobre esas otras líneas transcribo su esencia básica.

La investigación que hice me reveló un hecho aterrador, lo comparto por cultura general.

Algunos antropólogos señalan que en el México prehispánico, tras los sacrificios rituales en los que se ofrecían los corazones de las víctimas a las deidades, el resto del cuerpo se cocía con maíz y era repartido entre todos los participantes en una especie de acto de comunión o sólo entre determinados sacerdotes.

En la investigación se han recabado recetas de cocina de carne humana que recogieron los frailes españoles durante su labor evangelizadora tras la conquista, que señalan que nunca aquella carne se consumía asada y que, por otro lado, sí era habitual añadirla al pozole.

Según el testimonio de uno de estos frailes, la carne humana «sabía como la del cerdo», de ahí que, tras ser prohibido su consumo durante la cristianización de los indígenas, fuera sustituida por el puerco.

La antropofagia ritual entre los mexicas. Códice Magliabecchiano

He descrito hasta aquí la superficie del Iceberg, acompáñame a navegar más a fondo pues hay mucho que narrar. A continuación el resultado de la investigación que hice.

La experiencia degustativa del mexicano –sobre todo del centro del país– ha hecho del pozole un plato que se destina de manera preferente para las fiestas nacionales, y a pesar de que en los últimos tiempos su ingestión se haya extendido a lo cotidiano mediante restaurantes especializados, parece referir conductas enraizadas en ritos que se encuentran en nuestros orígenes, algo que algunos psicólogos suelen designar como inconsciente colectivo.

En la figura del pozole como un platillo náhuatl, se puede especular la existencia de un platillo mucho más especial, del que se deriva el arraigo de nuestra costumbre para comerlo en momentos de tradición mexicana. El pozole parece haber sido, durante la época de los aztecas, un plato ceremonial destinado a las festividades religiosas que sólo podía ser ingerido por el emperador o los sacerdotes del más alto rango. De aquí que seguramente era comido sólo en ocasiones especiales.

Si el origen del pozole como platillo es ceremonial, la razón se podría encontrar en sus condimentos y la expresión simbólica de su ingestión. Además del maíz, la carne que le daba sustancia a este platillo era la humana, proveniente posiblemente de alguno de los guerreros sacrificados en los ritos solares. Fray Bernardino de Sahagún consigna la práctica antropofágica en su Historia general de las cosas de la Nueva España, aunque refiere un significado acorde con su visión y percepción, modelada por los usos y costumbres de su tiempo y de su tierra. El horror que seguramente le produjo y sus propias concepciones religiosas atribuyeron al hecho un significado salvaje y anticristiano.

A la llegada y conquista de los españoles, la sustitución de la carne humana por la del cerdo (que aparentemente tiene un sabor similar) parece haber sido la consecuencia lógica del proceso de adaptación a lo hispano que hicieron los colonizadores de las costumbres, tradiciones y ritos indígenas relacionados sobre todo, aunque no únicamente, con la religión –las capillas pozas, así como la veneración mexicana por la Virgen de Guadalupe, están siempre allí recordándolo–. La percepción de aberración que la antropofagia causaba entre la cultura española, y la importancia del platillo en los ritos y ceremonias solares, parecen haber hallado en la sustitución de ingredientes el mejor mecanismo de esa adaptación, subyaciendo entre los pobladores, esto es, todos nosotros, la ingestión ceremonial del pozole. Fue así que la carne humana fue sustituida por la de cerdo, animal que, domesticado, fue introducido por los españoles al Nuevo Mundo. Con la utilización del cerdo se abrieron posibilidades diferentes, aunque el significado primigenio quedó soterrado. Con esa transición de ingredientes se le despojó al platillo del significado simbólico, y desde entonces se propició y extendió su consumo a todos los sectores de la población dejando de ser exclusivo para sacerdotes.

La razón por la cual el principal ingrediente del pozole, el maíz cacahuazintle, fue utilizado dentro de la amplia gama de variedades existentes, se debe posiblemente al significado simbólico del maíz y del color blanco que caracterizaba la cosmovisión del mundo azteca.

Según Soustelle, Jacques (1983), el color blanco se asocia al Oeste y a las viejas diosas terrestres. La vinculación del Oeste con el Norte permite entender que el blanco se asocie también con algunos personajes septentrionales como Iztacmizcóatl, la Blanca Serpiente de Nubes.

El blanco está cargado de significados adicionales, pero es interesante y sugerente el hecho de que para los mexicanos este sea el color de las primeras luces del día, antes de que surja el rojo Sol levante y por lo tanto, sea el primer paso del alma resucitada, el vuelo del guerrero sacrificado hacia las alturas. De esta manera, todas las víctimas de los sacrificios humanos iban adornadas con el plumón blanco, símbolo de su dichoso destino.

La incesante actividad religiosa de los aztecas, asociada a los sacrificios propiciatorios para los dioses, tiene que ser observada sin las connotaciones que tienen las palabras, ritos y ceremonias de la civilización occidental –afirma Soustelle–. Para los antiguos mexicanos, nada tan vital como esos cantos, esas danzas, esos sacrificios y acciones tradicionales, porque con ellos se pretendía asegurar la marcha regular de las estaciones, el regreso de las lluvias, la germinación de las plantas alimenticias y la resurrección del Sol: la vida toda. El pueblo mexicano se esforzaba en los ritos colectivos sin los cuales la naturaleza y el mundo hubiera perecido. Era por ello el más serio de los asuntos, la más imperiosa de las obligaciones (Soustelle, 1974: 151).

La significación del rito parece conducirnos a la comprensión cosmogónica del azteca, que tan difícil nos resulta ahora. El maíz, base de la cultura mesoamericana, y la ingestión de carne humana del sacrificado, significaban el rito donde se verificaba la dualidad permanente de la visión mística del nahua: origen y fin, cielo y tierra, día y noche, simbolizado de muchas maneras en sus artes, en su filosofía y en sus ritos: Quetzalcóatl que repta-vuela con la serpiente-aguila, en su condición terrenal-divina.

La carne del hombre en el pozole es un ingrediente ideal, único, para ser complementario al rito del renacimiento del Sol. Hecho el hombre mismo de maíz, de acuerdo con el mito de la creación, su ingestión era la expresión mítica, pero sobre todo mística, del renacer total, con un Sol feneciente al que la sangre de los sacrificados habría de darle vida. Hay que morir para renacer, y quien mejor que el hombre aporte lo que a su vez le fue otorgado como un gesto divino. Se cumple así el ciclo de lo eterno: ser porque se ofrece y así es como se puede ser.

Cumplía de esta manera el pozole con su función ritual, permitiendo al hombre participar del rito sagrado de la creación a condición de formar parte de él. Y los ritos inmolatorios que describe la antropología en muchas sociedades son múltiples. De hecho, afirma Octavio Paz que el ahora tan popular amaranto fue prohibido por los españoles debido a que los sacerdotes aztecas acostumbraban comer una figurilla hecha de la combinación de amaranto con la sangre del guerrero sacrificado como parte de la ofrenda a los dioses. Actualmente, la sustitución del ingrediente por miel de piloncillo no ha modificado su permanencia entre los alimentos mexicanos; si bien su significado ha sido olvidado, parece mantenerse la reminiscencia de su importancia mítica.

Comiendo el alimento sagrado, místico, el sacerdote participa directamente en ese rito. En ese sentido no es muy diferente a la liturgia sagrada de los católicos en la comunión: la hostia y el vino representan, simbólicamente, la sangre y el cuerpo de Cristo.

Por eso es sugerente que la tradición de comer pozole en las festividades tenga, por lo tanto, una significación que va más allá de una expresión de la mexicanidad transnochada y chovinista, esto es una preferencia excesiva por todo lo nacional con desprecio de lo extranjero. La recuperación de los ritos en nuestras sociedades nada tiene de superficial: hay en ella la búsqueda de nosotros mismos.

Lo anterior parece una necesidad relevante en nuestra sociedad, que tiene que enfrentar las poderosas fuerzas centrípetas de la globalización y la aceptación inmediata de otros ritos –ahora relacionados con el tiempo–: la invasión de la comida rápida que, como nunca, reniega del rito de comer, el más importante para la subsistencia física pero también espiritual. Para otras culturas, como para el mexicano, la cocina y el comer han sido un rito que, al menos hasta el momento, han considerado que vale la pena preservar. Sobre todo porque tiene como contraparte actual, la expresión de una cultura de lo instantáneo, funcional, desprovista de significados, o mejor, provista de significados que parecen ser totalmente ajenos a una visión de largo plazo, de complementación con la naturaleza.

Es por ello que no está de más intentar rescatar el significado primigenio de algunas de nuestras arraigadas costumbres, aun cuando para muchos pueda tener connotaciones repulsivas en nuestro contexto actual. La identidad de nosotros mismos, como anfitriones de gente diferente; de otredades que, a veces y según algunos, parecen ser mejores, se verá reforzada con la conciencia de las razones de nuestras tradiciones, y con ello será posible interactuar con el otro a partir del conocimiento de las diferencias y de las similitudes que nos acercan en esta nuestra sociedad planetaria.

Para mayor amplitud de esta investigación se puede profundizar aún más directamente en la fuente principal: el mismo Códice Florentino, obra de Bernardino de Sahagún, misionero franciscano (1499 - 1590) En ella, que fue su obra monumental, Sahagún se llevó treinta años de arduo trabajo. La obra, escrita al principio en náhuatl y luego traducida por el propio autor al español pero desde el punto de vista indígena es un tesoro de conocimientos etnográficos, arqueológicos e históricos y no se publicó hasta 1829. ¿El nombre del códice? Historia general de las cosas de Nueva España.

La publicación se suscitó después de la indagación directa entre los nativos mexicanos, concentrándose en la región central de México. Los materiales originales fueron los registros de conversaciones y entrevistas con indígenas en las poblaciones de Tlatelolco, Texcoco y Tenochtitlán, además de informes de los estudiantes indígenas trilingües formados por el fraile en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Todos los informantes de Bernardino de Sahagún habían pertenecido a la élite mexica. Su testimonio fue invaluable en el acto de reconstruir la historia de primera mano de quienes lo practicaban, disfrutaban y que, tal vez, propiciaban en un intento de ritualizar la praxis de lo cotidiano legitimando su extensión y supervivencia. Como quiera que se vea, el códice florentino fue naturalmente censurado y readaptado para su publicación perdiendo en el proceso su riqueza y propósito inicial. Sobre esa situación sólo diré a manera de resumen lo siguiente…

Bernardino de Sahagún sirvió como misionero en lo que actualmente son los estados de Puebla e Hidalgo. En Tepeapulco (actualmente en el estado de Hidalgo), sitio al que llegó en 1558, colectó otras informaciones con las que enriqueció el texto que había venido redactando desde 1547 y que habría de convertirse en el texto definitivo, con el nombre que lleva.

El propósito que él buscaba era el dar a conocer entre sus colegas misioneros algunos de los aspectos de la cultura y la historia de los pueblos del altiplano central de México. Lo anterior debía proporcionarles a los evangelizadores algunas herramientas para conocer mejor algunas situaciones a las que podrían enfrentarse en su intento por ganar adeptos para la Iglesia católica entre los naturales de América. Como dato final anexo este descubrimiento: Historia general de las cosas de la Nueva España tiene actualmente su residencia censurada en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia, Italia.

Las particularidades de este texto son:
1.- Está escrito en náhuatl en el lado derecho del códice.
2.- Las secciones de este texto fueron traducidas al español, y escritas en la columna de la izquierda. Sin embargo, muchas partes del texto no se tradujeron y algunas fueron resumidas en su traducción.
3.- El Códice tiene alrededor de 1800 ilustraciones realizadas por indígenas tlacuilos con técnicas europeas.
4.- Algunas de las traducciones al español fueron censuradas o reescritas por Bernardino de Sahagún.
5.- Consta de doce libros en los que se enumera y se relata varios aspectos de la vida e historia de los nativos.
6.- Los seis primeros libros tocan superficialmente los aspectos religiosos de los indígenas.
7.- El libro séptimo versa sobre astrología
8.- El libro séptimo trata sobre astrologia, y filosofía que alcanzaron los naturales.
9.- Los libros octavo, noveno, décimo y undécimo tratan sobre la vida social de los nativos: se describe el sistema de gobierno, creencias y los sistemas de intercambio de mercancías.
10.- El último libro narra la Conquista de México sobre la base de los relatos que le transmitieron sus informantes a Sahagún.

Más que cualquier otra fuente, esta obra ha sido fuente acerca de las costumbres de los aztecas en los años anteriores a la conquista española. En 1979, el gobierno mexicano, a través del Archivo General de la Nación, sacó a la luz una copia completa del códice, con el beneficio de que se encuentra tal y como se conserva actualmente. Antes de ese año, sólo habían estado disponibles las traducciones al español censuradas y reescritas. Además, para consulta y estudio a profundidad, está disponible en línea en el portal de la Biblioteca Digital Mundial.

Su enorme valía reside en lo que sus informantes pudieron señalar acerca de la sociedad destruida por el poderío y las estratagemas españolas, y que en sus líneas editadas y reeditadas apreciamos un vistazo de quiénes éramos en el origen.

Esto lo hemos podido apreciar a partir de sondear cómo es que el pozole se puede teñir de verde. Simple, pero efectivo para ilustrarnos a todos los alcances del RETO: CronistaChallenge

¿Te animas a jugarlo? Pues hagámoslo viral, comenta y comparte el reto en tus círculos, en tus redes y lo más importante, comienza tus indagatorias sobre el hecho que quieras investigar. El límite está en ti.

FUENTES CONSULTADAS
Wikipedia, la enciclopedia libre (2018). Bernardino de Sahagún. México: Wikipedia. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Bernardino_de_Sahag%C3%BAn

Wikipedia, la enciclopedia libre (2018). Historia general de las cosas de Nueva España. México: Wikipedia. Recuperado de
https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_general_de_las_cosas_de_Nueva_Espa%C3%B1a

Korsmeyer, Carolyn (2002). El sentido del gusto. Comida, estética y filosofía. Barcelona: Paidós.

Soustelle, Jacques (1983). El universo de los aztecas. México: FCE. (1974). La vida cotidiana de los aztecas. México: FCE.

Sahagúan, Bernardino (1577). Historia general de las cosas de Nueva España por el fray Bernardino de Sahagún: el Códice Florentino. México: Biblioteca Digital Mundial. Recuperado de https://www.wdl.org/es/item/10096/

 

Christian Escamilla Carrasco es conductor y comunicador del programa: Epílogo y Praxis, que se transmite por la señal y las redes sociales de Sabersinfin.com, sus aportes se extienden a la escritura de diversos contenidos del saber como Articulista, y a la realización de transmisiones en vivo, entrevistas y cápsulas en campo en su labor como Periodista.
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