Nos dividen entre la praxis y la erudición (Artículo)
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

3 de junio de 2018

“Vivimos fragmentados como si así fuera la realidad”.
Abel Pérez Rojas.

Lamentables consecuencias acarrea no percatarnos que vivimos fragmentados en la dicotomía entre el conocimiento práctico y la erudición, pero a pesar de que las secuelas son más visibles que la división en sí, ésta perdura y con ella se nos va la vida.

La praxis, entendiendo ésta como el conjunto de conocimientos prácticos, se liga estrechamente con lo útil y pareciera que siempre está en contraposición con la especulación, la meditación y la contemplación.

La erudición, por otra parte, se concibe como el conocimiento profundo sobre alguna materia o asunto en particular, generalmente se vincula muy de cerca con ser culto, cuando se refiere a quien tiene un panorama informado sobre distintos asuntos y temas.

La praxis está ligada a la imagen de saber “meter manos a la obra”, mientras que la erudición o el ser culto se ata a la información libresca o al conocimiento fatuo.

Tanto la praxis como la erudición tienen su valor e importancia y mal haríamos en desdeñar a cualquiera de ellas o colocar a una sobre la otra.

Pienso lo anterior mientras repaso con detenimiento el cuento titulado El barquero y el erudito, el cual le comparto a continuación:

Mulá Nasrudin consiguió trabajo de barquero.

Cierto día transportando a un erudito, el hombre le pregunta:
– ¿Conoce usted la gramática?
– No, en absoluto, responde Nasrudin.
– Bueno permítale decirle que ha perdido prácticamente la mitad de su vida – replica con desprecio el estudioso
Poco después, el viento empieza a soplar y la barca está a punto de ser tragada por las olas.
Justo antes de irse a pique, el Mulá pregunta a su pasajero:
– ¿Sabe usted nadar?
– ¡No! – contesta, aterrorizado, el erudito.
– Bueno, ¡permítame decirle que ha perdido usted toda su vida!

El cuento ilustra de maravilla la importancia de uno y otro conocimiento, de una y otra formación.

Por supuesto el erudito libresco que no sabía nadar llevaba desventaja en caso de un naufragio, pero el barquero, tal vez analfabeta, estaría en igual situación si tuviese que firmar un contrato muy importante y no tuviese quien le auxiliara sobre los alcances y contenidos.

El contexto del aquí y el ahora es lo que le da mayor peso a nuestra experiencia y a nuestro conocimiento, no son el conocimiento ni la experiencia en sí; por ello más que preferir a uno sobre el otro de lo que se trata es de optar por el saber, entendiendo al saber cómo la combinación de ambos, cómo aquél que parte de una postura ética de la vida y que tiene cimientes sistémicas.

Es decir, no se trata de elegir entre lo práctico y lo erudito, se trata de tomar consciencia de cada uno de ellos y optar por aquello que nos permite tener una visión más completa de la vida y de las cosas.

De lo que se trata es de saber remar y también saber gramática, a propósito del cuento, y también se trata de saber dialogar para poder charlar con el barquero o con el pasajero, sabiendo que cada quien tiene un enorme valor del cual podemos aprender para bien –he ahí la postura ética-.

Si optamos por saber, en lugar de la dicotomía planteada al inicio, tomaremos consciencia que este fenómeno tiene implicaciones en lo individual e íntimo de cada persona y en lo colectivo como uno de tantos mecanismos de control que nos impiden vivir a plenitud.

Dejar la dicotomía es deseable y tiene repercusiones que pueden cambiar el fatídico destino que parece no tener remedio.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo. ¿Estás dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige Sabersinfin.com
Imagen: diildaa.tumblr.com
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