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“Las personas buenas no deben descansar
porque la supervivencia del ser humano
sobre la faz de la Tierra está al límite”
Abel Pérez Rojas

Quienes se han destacado por hacer el bien, han confesado que más de alguna vez han estado a punto de botar todo para echarse al descanso, para desentenderse de sus labores; es entendible cuando parece que las cosas no salen bien, pero ¿cómo descansar si quienes hacen de su entorno un lugar mezquino no reposan en lo más mínimo?

El célebre  músico, guitarrista y compositor jamaicano Bob Marley  se refirió al respecto del descanso de las personas buenas de la siguiente manera: 

“La gente que está tratando de hacer este mundo peor no toman ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Hay que iluminar la oscuridad”

Dijo lo anterior después de haber recibido un disparo y poco antes de un concierto que finalmente dio.

Los malos de la película verdaderamente no descansan, porque el egoísmo y la avaricia es una especie de bestia que no tiene punto de satisfacción, devora lo que está a su paso; tanto que estaría dispuesta a acabar con todo, y después de engullirse a sí misma, quedaría aún con hambre.

Mire, sólo para poner un ejemplo. Después de los pasados sismos de septiembre en México, mientras la sociedad civil se organizaba para brindar ayuda humanitaria; alguien, algunos, se frotaban las manos imaginando las carretedas de dinero que debido a la emergencia serían destinadas para la reconstrucción.

Así, en tanto un país vivía su duelo, unos cuantos –los de siempre- hacían negocio con otros cuantos –los de siempre- para que los recursos no llegaran a quienes más lo necesitaban –los de siempre-.

Repitiendo así un fatídico “destino” causante, en gran medida, de la pobreza de nuestro pueblo.

Y como este reciente caso podríamos hacer un listado enorme de situaciones internacionales, nacionales, locales y también individuales de cómo se envilecen las cosas teniendo como cimentación el capitalismo/egoísmo fuera de control que predomina en todo.

Tómese un tiempo y vea a su alrededor, véase a usted mismo y observe que alguien, tal vez usted o yo, estamos maquinando cómo aprovecharnos de los demás a costa de las condiciones que hacen posible el equilibrio y la vida en el planeta.

A costa del agua, del aire; a costa de la credibilidad, de la amistad… del amor.

Es claro que no se trata sólo de “echarle ganas” a lo que hacemos. Se trata de hacer una profunda introspección para revisar lo que estamos haciendo y optar por la vía que haga cambiar las cosas para bien de todos.

Estoy hablando de un profundo convencimiento con las mejores causas: con los derechos humanos, con la tolerancia y comprensión intergeneracional, con el diálogo, con la educación que libera, con la verdad y la justicia… en fin, con todo aquello que provoca evolución y hace de este planeta un lugar bello y digno.

El convencimiento íntimo al que me refiero es necesario para parir seres con voluntad inquebrantable, dispuestos a hacer del trabajo humanitario su vida.

Es claro que como las condiciones que hacen posible la vida en el planeta penden de un hilo, cualquier tiempo perdido puede significar especies en extinción, daños irreparables al patrimonio cultural de la humanidad o la pérdida incontable de vidas.

Por eso las personas de bien no pueden descansar, porque es mucho lo que está en juego y casi todo es de carácter irreparable.

Además, a veces parece que son tan pocos quienes buscan el progreso individual y colectivo, que el hueco es enorme si falta alguien.

Y mientras tanto los malos -léase las mafias, las corporaciones sin escrúpulos, los políticos corruptos, los hipócritas, los mezquinos- siguen haciendo de las suyas.

¿Por qué habríamos de descansar si hay tanto por hacer y el tiempo parece que se agota? ¿O no?

 

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.

 

Imagen: wallpaperscraft.com

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