El mito de la inferioridad intelectual femenina
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- La Historia Jamás Contada -

El reciente desliz del Premio Nobel Tim Hunt, trajo nuevamente a la escena mediática un mito que, sin ser tan antiguo, a estas alturas resulta casi inexplicable debido a la activa participación de mujeres en todas las actividades que requieren capacidad intelectual, quedando tan sólo como un acto de fe, esto es, la reafirmación obsesiva de un dogma que no se aviene con los hechos actualmente observables pero tampoco con la Historia, de la que cito dos casos sumamente conocidos: la polímata mexicana del siglo XVII Juana Inés de Asbaje y Ramírez y la filósofa y matemática griega Hypatia de (la Escuela de) Alejandría, quien fuera destrozada por una horda de protocatólicosprotos, primero- azuzada por un “santo” varón en el siglo V.

 

Pero el ejemplo cotidiano más conspicuo –y no de ahora- son las maestras de Educación Básica, cuya tarea consiste, precisamente, en inaugurar el desempeño intelectual de sus alumnos y alumnas con la lectura-escritura y el cálculo, entrenando de paso la atención y la memoria, elementos indispensables del proceso, pues no es cosa de inculcar “valores”, como pretenden los idealistas –en sentido filosófico- de Derecha, que mediante algún ignoto mecanismo lograrían alcanzar esos mismos objetivos, sino de entender –un acto intelectual- cómo se instalan –o suscitan- y refuerzan las capacidades que los hacen posibles. Por eso la Escuela –en todos sus niveles- es el medio óptimo para estudiar su génesis y desarrollo en individuos concretos, no con exámenes generalizados y concursos, televisados o no.

(En la escuela –pública- que cursé mi Educación Primaria, existía un premio instituido por unos exalumnos distinguidos para el o la estudiante con mejor promedio a lo largo de todo ese nivel educativo. En los seis años que estuve, recuerdo que al principio lo obtuvo un niño, seguido de cuatro niñas los años posteriores antes del siguiente niño, que fui yo.)

Resulta obvio que son apabullantemente más las que los escolares quienes descuellan intelectualmente, conservándose la proporción al considerar específicamente niños y niñas superdotados, por lo que la supuesta funcionalidad del mito habría que buscarla en el aspecto de las relaciones, esto es, lo ideológico, más que lo orgánico, como una self-fulfilling prophecy que establece de principio la incapacidad de las mujeres, para después tratarlas en consecuencia: nada más que otro estereotipo de género.

Hace poco más de treinta años, leí una interesante colección de ensayos con el título genérico de LA CULTURA DE LA OPRESIÓN FEMENINA, que analizaba la influencia de la llamada “literatura rosa” –fotonovelas y similares- sobre las actitudes y comportamientos de las mujeres expuestas a ella: toda una sistemática e insidiosa “educación sentimental” que enmascara, entre otras cosas, sus rasgos intelectuales, lo que es consistente con la observación del profesor Hunt. Por ahí va el asunto.

Pero la cuestión presenta un lado aún más siniestro: la existencia de individuos que en nuestras propias sociedades modernas, aparentemente abiertas y equitativas, se dedican a destruir las carreras de mujeres brillantes, y cuyas motivaciones alcanzan profundidad psicoanalítica. Un patrón que identifiqué a principios de los ’90 y que valdría el esfuerzo investigar más…

Imagen: profeco.gob.mx

Fernando Acosta_Reyes

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.