23 de febrero de 2015
Cultivo una rosa blanca en junio como enero para el amigo sincero
que me da su mano franca.
José Martí
Sin duda, el símbolo más importante, tanto del amor como de la belleza y la perfección, es la rosa. Los pueblos antiguos así lo entendieron y la ofrendaban a todos los dioses relacionados con el amor. Teócrito cuenta, que “los enamorados se pasaban mutuamente pétalos de rosas sobre los dedos, y si soñaban, forzados por este dulce sortilegio, era para ellos una gran prueba de amor y de fidelidad”.
Según la mitología griega, Afrodita le dio su nombre a la rosa, pero fue Cloris, la diosa de las flores, quien la creó. Un día, mientras Cloris limpiaba el bosque, encontró el cuerpo sin vida de una bella ninfa. Conmovida, Cloris le pidió ayuda a Afrodita, quien le dio su belleza. Entonces avisó a Dioniso, el dios del vino, que le añadió néctar para proporcionarle un aroma dulce. Al llegar su turno, las Tres Gracias aportaron encanto, brillantez y alegría. Luego Céfiro, el viento del oeste, sopló e hizo que las nubes desaparecieran para permitir que Apolo, dios del Sol, pudiera brillar y hacer que la rosa floreciera. Así surgió una hermosa rosa de pétalos blancos. La primera rosa roja apareció cuando Afrodita, tratando de ayudar a su amado Adonis que se encontraba herido de muerte, se pinchó con una espina del rosal y su sangre tiñó de rojo la flor.
Lo anterior viene al caso, porque un día como hoy, 22 de febrero, pero de 1943, la represión que hubo contra todo aquel que no fuese fiel a las ideas del régimen durante el tiempo de la Alemania nazi, alcanzó a un grupo de jóvenes estudiantes que intentaron cambiar las cosas, organizándose para acabar con los estragos que el nazismo estaban haciendo en el país. Todo inicia en junio de 1942, en el que cinco jóvenes decidieron crear un grupo de oposición llamado “La Rosa Blanca” con el que pretendían, a través de protestas cívicas y pacíficas, acabar con el régimen totalitario de Adolf Hitler, quien había llevado a Alemania a una guerra mundial y estaba cometiendo un genocidio, acabando con la vida de todo aquel que no pensaba como él. Tenían muy claro que la revolución debía comenzar por los propios estudiantes y compañeros de facultad, de ahí que gran parte de su lucha y campaña la llevasen a cabo desde los recintos universitarios.
Los cinco jóvenes se reunían clandestinamente y escribían consignas en contra del nacionalsocialismo, en las que exigían el final de la absurda guerra y acabar con la deportación de judíos. Después realizaban las copias que se convertían en panfletos que distribuirían entre los estudiantes universitarios e incluso que enviaban por correo al domicilio particular de miles de ciudadanos. En ellos denunciaban todas las crueldades que se estaban cometiendo tanto en Alemania como en los países ocupados.
El primer panfleto decía: “nada es tan indigno de una nación como el permitir que sea gobernada sin oposición por una casta que ha cedido a los bajos instintos… La civilización occidental debe defenderse contra el fascismo y ofrecer una resistencia pasiva antes de que el último joven de la nación haya derramado su sangre en algún campo de batalla”.
Fue el 18 de febrero de 1943 una fecha fatídica para los integrantes de La Rosa Blanca (en la que para ellos la palabra ”lealtad” significaba obedecer los dictados del corazón y tenían como divisa “vivir con rectitud y libertad de espíritu, sin importar lo difícil que esto resulte”) ya que mientras se encontraban dejando panfletos subversivos en la Universidad de Múnich, dos de sus integrantes fueron detenidos y, tras horas de torturas, se decidió realizar un juicio rápido en la Corte Popular de Alemania, siendo condenados a morir en la guillotina, una ejecución que tuvo lugar el día 22 del mismo mes. El resto de compañeros, fueron detenidos posteriormente, teniendo el mismo destino.
Vaya pues este documento como un pequeño homenaje, para los hermanos Hans y Sophie Scholl, sin olvidarnos de Christoph Probst, Alexander Schmorell y Willi Graf, estudiantes que organizaron junto al profesor de la Universidad de Múnich Kurt Huber, la organización de la Rosa Blanca con el único fin de que mediante una lucha pacífica pudieran cambiar el gobierno y hacer entrar en razón a los millones de alemanes que apoyaban al nazismo, lo cual quedó demostrado con el paso del tiempo. Al final Usted tiene la última opinión estimado lector.
Imagen: snipview.com

Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com








