La Música… Materialmente
Minuto a Minuto

08 de enero de 2015

- La Historia Jamás Contada -

Como todas las (bellas) artes, la música no se da por sí sola: alguien tiene que hacerla. En primer lugar, componiéndola o ejecutándola. Pero también en la larguísima cadena de actividades que la sitúan como expresión e incluso necesidad de una sociedad. Me refiero a su registro o codificación, enseñanza, presentación, difusión, comercialización, crítica, etc. Todas cosas materiales, a pesar de su poético nombre –música, lo propio de las musas-, que el Romanticismo, movimiento idealizador por excelencia de lo “retro”, tomó literalmente al equipararla con sus arquetipos míticos, con el artista como intermediario, médium o channel entre esas “esferas celestes” y los simples mortales.

De esa época data la paradoja de que el ascenso de la burguesía, al liberarlo de la servidumbre personal –herencia del feudalismo-a que estaba obligado todavía en la época clásica, lo despoja al mismo tiempo de los medios materiales para su tarea, como a cualquier otro trabajador libre, no dependiente de un señor en particular, resultando la imagen del artista solo e incomprendido, alejado del mundo, (auto)marginado y un poco misántropo que ha prevalecido en los círculos académicos.

piano horAsí, el estudiante de arte da por natural la permanente escasez de medios y servicios a su alcance que, aparte de la considerable dificultad intrínseca de su formación y posterior desempeño profesional, le dificultará enormemente adquirir el status, prestigio, consideración y respeto que merece, dejándolo reducido a un paria que acepta lo que le arrojen con tal de sobrevivir. (Recuerdo el aviso en las puertas de las cantinas todavía en los años 80: “Se prohíbe la entrada a menores de edad, uniformados y MÚSICOS”.)

Aquí en el Conservatorio local había una biblioteca que tenía de todo, menos de música, pero no importaba porque tampoco se podía consultar(¡!), pianos desvencijados y frecuentemente desafinados para practicar o ensamblarse, salones sin aislamiento acústico, ausencia de equipamiento escénico para presentaciones y ni hablar de vestidores, sala de Prensa , cafetería, taller para mantenimiento de instrumentos o una pequeña sick bay –enfermería- por aquello de los inevitables ataques de pánico. (Solicitarlo o exigirlo, constituía un acto de lesa autoridad castigado con la expulsión sumaria sin derecho de apelación, sancionada por el Estado y hasta con apoyo policiaco. Sé lo que digo.) En cuanto a tecnología educativa, no existía dispositivo alguno de apoyo, ni siquiera un tocadiscos.

Esta escasez institucionalizada adoctrina(ba?) al futuro músico que tendría que actuar en el rayo del sol para cualquier político ignorante o a los cantantes e instrumentistas que presentarían una Gala de Ópera en el patio de la Penitenciaría de la Cultura (Instituto Cultural Poblano) después de un aguacero. (¡Real!) O a los pianistas de escuela, sujetos a los caprichos del personal docente y administrativo, pues para la Secretaría de Educación, son personal de intendencia.

Es así que las deplorables condiciones materiales de las escuelas de arte en los países subdesarrollados, prefiguran las que encontrará el artista a lo largo de su carrera: algo para reflexionar detenidamente y tomar medidas adecuadas para mitigarlo, cuando menos.

Fernando Acosta_ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.