Masca la Iguana
Reyes Magos: entre la bondad y la represión
Luis Fernando Paredes Porras*
“El 6 de enero da al adulto la oportunidad de jugar a ser rey bondadoso,
justo, leal, se convierte en Rey Mago si lo es los otros 364 días”
Luis Fernando Paredes Porras
Imposible disociar infancia y juego, este vínculo es un referente cultural que anima en gran parte la tradición de los Reyes Magos. Muy poca carga religiosa tiene para la mayoría de los adultos que la practican en México, en comparación a otras fechas provenientes de la historia bíblica. El que la niñez sea feliz y que esta percepción sea motivada por tener con qué jugar, nos mueve a los adultos a jugar a la monarquía bondadosa, aunque luego regresemos a la dictadura y la opresión.
En teoría ningún adulto sano desea el mal para sus hijos, el maltrato creciente que se observa en el mundo hacia la infancia es porque perdemos a pasos enormes la salud mental, los médicos familiares repiten hasta el cansancio “es estrés lo que usted tiene” y cada vez más se difunde la idea de que las peores enfermedades se originan en la mente, “gota a gota”.
Puedo apuntar, osadamente y por intuición, pero en México la tradición de los Reyes Magos debe influenciar el que en el “Índice para una vida mejor” que realizó recientemente la OCDE, nos coloquemos por arriba de la media en el criterio “Satisfacción con la vida”, pese a nuestras condiciones en otros rubros, es decir, como lo reza el refrán “jodidos pero contentos”, o como lo diría José Alfredo Jiménez “pero sigo siendo el Rey”.
En México, dice el documento en línea, “el ingreso familiar disponible neto ajustado promedio per cápita es de 12 850 USD al año, cifra menor que el promedio de la OCDE de 23 938 USD al año. En términos de empleo, alrededor del 61% de las personas entre 15 y 64 años de edad en México tienen un empleo remunerado, cifra menor que el promedio de la OCDE de 65%. En México la gente trabaja 2 226 horas al año, cifra mayor que el promedio de la OCDE de 1 765 horas. En México, el 36% de los adultos entre 25 y 64 años han obtenido el equivalente de un título de educación secundaria, cifra mucho menor que el promedio de la OCDE de 75% y una de las más bajas en los países de la OCDE. El estudiante promedio obtuvo una calificación de 417 puntos en lectura, matemáticas y ciencias en el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) de la OCDE. Esta calificación es más baja que el promedio de la OCDE de 497. En promedio en México, las niñas superaron a los niños por 1 punto, cifra menor que la brecha media de la OCDE de 8 puntos. En México la esperanza de vida al nacer es de casi 74 años, seis años menos que el promedio de la OCDE de 80 años. El nivel de partículas atmosféricas PM10 —partículas contaminantes del aire lo suficientemente pequeñas como para penetrar en los pulmones y dañarlos— es de 29.8 microgramos por metro cúbico, considerablemente más alto que el promedio de la OCDE de 20.1 microgramos por metro cúbico y el 68% de las personas dicen estar satisfechas con la calidad del agua, cifra menor que el promedio de la OCDE de 84%. En México hay un sentido moderado de comunidad y nivel de participación ciudadana: el 74% de las personas creen conocer a alguien en quien pueden confiar cuando lo necesiten, cifra menor que el promedio de la OCDE de 89%. En general, los mexicanos están más satisfechos con su vida que el promedio de la OCDE. El 82% de las personas dicen tener más experiencias positivas en un día normal (sentimientos de paz, satisfacción por sus logros, gozo, etc.) que negativas (dolor, preocupación, tristeza, aburrimiento, etc.). Esta cifra es mayor que el promedio de la OCDE de 76%.
El que regalemos a los niños alegría el 6 de enero nos la proporciona también; es para nosotros, los Reyes Magos, un juego de adultos, como muchos otros que tenemos, de ahí que apunto que si, de acuerdo con la OCDE experimentamos paz, satisfacción por nuestros logros, gozo, etc; en un día común, el 6 de enero es uno de esos días. Dicho de otra forma, los Reyes Magos regalan para recibir.
Sabemos que nuestra idiosincrasia nos lleva a jugar a hacer fiestas y comidas para celebrar todo; ahí bailamos, gritamos, lloramos, nos peleamos, nos volvemos a reunir para volver a hacer lo mismo y sentirnos alegres. El juego proporciona alegría y esta es una emoción a flor de piel en la infancia. Osho, el polémico hindú fallecido a los 58 años en 1990, escribió un provocador libro, como mucho de lo que hacía, titulado “El libro del Niño” el cual puede descargarse en: http://www.formarse.com.ar/libros_gratis/inspiradores/Osho%20-%20El%20Libro%20Del%20Ni%C3%B1o.pdf Para Osho el adulto sensible busca regresar al paraíso de la infancia:
“Pero las personas inteligentes, sensibles, creativas, siguen estando obsesionadas por el Paraíso que una vez conocieron y que ahora permanece en ellas como una tenue memoria, difícil de creer. Empiezan a buscarlo de nuevo. La búsqueda del Paraíso es nuevamente la búsqueda de tu infancia. Por supuesto, tu cuerpo no será ya el de un niño, pero tu conciencia puede ser tan pura como la de un niño. Este es el secreto del camino místico: hacerte de nuevo un niño inocente, sin contaminar por los conocimientos, sin saber nada, todavía consciente de todo lo que te rodea, con un profundo asombro y sentido del misterio que no puede ser desmitificado”.
Cada 6 de enero muchos adultos en México jugamos a hacerle al Rey Mago y eso nos hace felices; muchas de las veces las niñas y niños son el pretexto para este descargo de consciencia, porque los restantes 364 días, nosotros, como personas, no somos el mejor regalo, el mejor presente para ellos.
Dice la iguana que ella puede asegurarme que si los Reyes Magos no vinieran montados en un caballo, un camello y un elefante sino en iguanas, la magia se daría todo el año, pero que los dinosaurios, ya sólo de juguete, porque ella ni loca en dejarse montar a no ser por un garrobo anaranjadizo. Me mira y sentencia alegre y feliz que ni haga mi carta, porque siendo honestos, nada me traerán este año. No le hago caso, total, ¿qué tanto es tantito?... sé muy bien que los Reyes Magos siempre son buenos.
*Pedagogo y comunicador mexicano








