10 de noviembre de 2014
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
Jorge Luis Borges
Vencer la muerte (vinceret morten), objetivo que ha tenido el hombre desde la más remota antigüedad y que hasta la fecha ningún ser humano ha podido lograr. La muerte es el término de la vida a causa de la imposibilidad orgánica de sostener el proceso homeostático. Se trata del final del organismo vivo que se había creado a partir de un nacimiento. El concepto de muerte ha variado a lo largo de la historia, en la antigüedad se consideraba que la muerte tenía lugar cuando el corazón dejaba de latir y el ser vivo ya no respiraba, recuérdese lo del espejo que se colocaba en la boca o en la nariz de la persona y si lo dejaba empañado indicaba señal de vida. Con el avance de la ciencia, la muerte pasó a entenderse como un proceso que, a partir de un cierto momento, se vuelve irreversible, como la muerte cerebral.
La religión considera a la muerte como la separación del cuerpo y el alma, por lo que la muerte implicaría el final de la vida física pero no de la existencia. Es por ello que la creencia en la reencarnación es un concepto de uso común. Se dice que la muerte es el paso a otra vida en la cual igualmente permaneceremos por un tiempo y regresaremos a este mundo terrenal, repitiendo el ciclo tantas veces hasta que alcancemos la perfección, representado todo ello por el uróboros símbolo que muestra a una serpiente que come su propia cola y que conforma, con su cuerpo, una forma circular, representando el ciclo eterno de las cosas.
En consecuencia, el vencer a la muerte nos lleva a buscar una cualidad llamada inmortalidad (in- negación; mor, mortis- muerte, es decir, no morirse), estado que se ha buscado a través de diferentes culturas. Por ejemplo, la búsqueda de la piedra filosofal, que consistía en una sustancia alquímica que se dice tenía la propiedad de rejuvenecer y lograr la inmortalidad. Los esfuerzos para descubrir la piedra filosofal eran conocidos como los Opus magnum -"Gran Obra". Así mismo, en la Biblia en Génesis 2:9 encontramos: “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida (inmortalidad) en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal”.
Otro esfuerzo del hombre fue el encontrar el elixir de la vida o elixir de la inmortalidad, que consistía en una bebida que garantizaba la vida eterna, meta
perseguida por muchos alquimistas como remedio que curara todas las enfermedades y prolongara la vida eternamente. En la Antigua China se creía que la ingestión de algunos minerales podía producir que una vida durara más de lo normal. La fama del elixir fue decayendo a medida que el Budismo e Hinduismo, introducen otras ideas sobre la inmortalidad.
En la mitología griega, a través de los pasajes homéricos que mencionan la ambrosía (del griego an –no y brotόs -mortal, significando literalmente –inmortalidad), comida o bebida asociada a los dioses, con la cual se trataba de vencer la muerte. Según Píndaro, una de las irreverencias de Tántalo fue ofrecer a sus invitados la ambrosía de los inmortales, un robo parecido al que cometió Prometeo. Circe mencionó a Odiseo que una bandada de palomas llevaba la ambrosía al Olimpo.
La ambrosía está relacionada con la amrita hindú, una bebida que confería la inmortalidad a los dioses. En sánscrito, amrita significa literalmente “sin muerte”. En las doctrinas yóguicas, la amrita es un líquido que puede fluir desde el chakra del tercer ojo, centro de energía del cerebro, a través de la garganta en estados profundos de meditación. Se le considera una bendición, los textos yóguicos indican que una sola gota es suficiente para conquistar la muerte y adquirir la inmortalidad.
Dice Sun Tzu en el arte de la Guerra que: “si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”, es así que como no hemos podido a lo largo de la historia de la humanidad vencer la muerte, los seres humanos nos hemos unido celebrándola, es por ello que aquí en México el Día de Muertos es considerado como la tradición más representativa de nuestra cultura, llevándola a cabo en dos días: el 1 de noviembre dedicado al alma de los niños y el 2 de noviembre a la de los adultos.
Es por ello, amable lector, que la Unesco en el año 2003, declaró esta festividad mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, disfrutemos de ella.
Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com








