Gajes de la Investigación Independiente
Minuto a Minuto

26 de agosto de 2014
 
- La Historia Jamás Contada -

El oficio de investigador independiente tiene ciertamente un aire romántico y hasta novelesco, como los personajes de Auguste Dupin (Poe), Sherlock Holmes (Doyle) o Héctor Belascoarán (Taibo), que son como sus arquetipos: individuos no encuadrados institucionalmente pero influyentes por su profesionalismo, sagacidad y eficacia en casos que dejarían perplejos incluso a curtidos investigadores oficiales. Pero esa misma actividad es bastante escabrosa cuando se la traslada a la realidad, más que nada por efectuarse en condiciones de casi absoluta desventaja.

bosquePrimero, porque a diferencia del mundo de la novela, aquí los indicios, ya no digamos pistas, no se dan en racimo. Es más, ni siquiera se dan, pues primero hay que reconocerlos como tales, ya que donde la gente ocupada en sus quehaceres cotidianos sólo ve personas, objetos y fenómenos circunstanciales, el investigador percibe una sutil relación con otros que ocupan o han ocupado su atención en el pasado, es decir, descubre semejanzas formales o funcionales entre ambos, pero tiene que validar sus sospechas.

Y aquí surge el primer gran inconveniente, pues casi seguramente nadie se molestó en registrar sistemáticamente sucesos o comportamientos parecidos y por tanto no existen archivos a los que acudir. (Internet no mejora mucho la situación, pues aún con toda la “inteligencia artificial” involucrada, faltan los insumos pertinentes –que serían fruto de investigaciones anteriores- y, sin materia prima, no puede hacerse más.) El trabajo faltante debe hacerlo entonces el propio investigador, robándole tiempo y recursos a su investigación original.

Pero no es sólo la falta de documentación disponible, sino que el mismo sujeto investigador depende de sus habilidades y experiencia en el campo, y si a lo largo de su escolarización no recibió el entrenamiento necesario, esto será una dificultad adicional para encaminar correctamente su labor. Es el caso típico entre los estudiantes investigadores de nivel escolar medio-superior y superior, obligados a recurrir casi exclusivamente al llamado “método científico del tanteo”. (Cuando en 1989 llegué a la investigación sobre cine pornográfico, la miembro más entusiasta me dijo: “Ya preguntamos a maestros –psicólogos- y médicos, pero no saben”. No. Los expertos en el tema estarían entre los antropólogos culturales –es una expresión humana- y los artistas y críticos de arte. Igual con lo (muy) extraño, como brujería, íncubos y posesiones, donde los más indicados no serían, contrariamente a la opinión general, los ministros religiosos –institucionales o hechizos- ni en los OVNIS los astrónomos.)

Un tercer gran inconveniente es que el mismo hecho de investigar PERTURBA el medio donde se realiza, incomodando y hasta alarmando a quienes plácidamente vivían o medraban en él. Por eso no es casual asociar al investigador independiente con el detective: ambos se mueven en territorio hostil y más cuando hay alguna conspiración en progreso. Pero hasta en los medios puramente académicos, la investigación de uno(s) despierta la envidia de otro(s).

Estos son tan sólo algunos de los “gajes del oficio” de investigador(a) independiente pero, aun así, ALGUIEN TIENE QUE HACERLO.
 
Fernando Acosta ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.