EL CALENDARIO AZTECA O PIEDRA DEL SOL (II)
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calendarioazteca.jpgEL CALENDARIO AZTECA O PIEDRA DEL SOL (II) 
Por: Lucio Vilchis Zapata*
 

El origen del calendario azteca proviene de la cultura de los olmecas; los aztecas, un pueblo astrónomo, observador de los acontecimientos del universo, lo adoptó y perfeccionó al comparar los movimientos del Sol con el del planeta Venus y la constelación de las Pléyades.

Los conocimientos profundos sobre el calendario estaban reservados a los sabios o Tonalpohuque, quienes transmitían los principios básicos a los jóvenes en la escuela obligatoria o Calmecac.

           El gran Tlatoani de México Axayácatl fue quien en  el año 13 caña (1479) mandó labrar la piedra conocida hoy como Calendario Azteca, grande, muy  grande, donde están esculpidas las figuras de los meses, años, días y semanas con tanta curiosidad que  es admirable. Tan sólo 42 años antes de la caída de Tenochtitlan.

 

 

Con un peso de 25 toneladas y un diámetro de 3.60 metros tallaron sobre piedra de basalto de olivino lo que hoy conocemos como el Calendario Azteca o Piedra del Sol. En 1479 según el cronista Hernando Alvarado Tezozomoc, 50 mil indios de Azcapotzalco, Tacuba, Coyoacán, Culhuacán, Cuitláhuac, Chalco, Míxquic, Texcoco y Cuahutitlán fueron a sacar la piedra de "una gran peña de la falda de la sierra grande de Cuyuacan". La movieron con sogas gruesas y carretoncillos hasta colocarla donde fue tallada con pedernales "recios y agudos". La obra la ejecutó un artista de nombre Técpatl, quien también tuvo a su cargo realizar la escultura de Coatlicue, deidad de la Tierra y madre de los dioses.

De los pueblos aliados trajeron la mano de obra, la cal y la arena, para construir el sitio donde fue colocada la Piedra del Sol. De acuerdo al cronista Fray Diego Durán, ese recinto se llamó Cuauhxicalco "que era un patio muy encalado y liso, de espacio de siete brazas en cuadro".

"En un sólo día fue perfeccionada la obra y edificio y puesta la piedra encima (...) se tocaron en los templos muchos tambores y bocinas y caracoles; cantáronse muchos cantares en alabanza de la piedra del sol, y se quemaron gran cantidad de inciensos por manos de los Turíbulos que tenían sólo aquel oficio de incensar..." El Calendario fue fijado junto a otra piedra redonda de nombre Cuauhxicalli, o "vaso de águila", con los rayos del sol esculpidos.

En el signo 4-Movimiento, el de Nahui Ollin, durante cuatro días y cuatro noches la gente ayunaba y hacía penitencia allí donde estaba la imagen del sol pintada "como teniendo una cara de hombre, de allí salía su resplandor. Su aderezo solar: redondo, grande, como mosaico de plumas de Guacamaya."

Y es que aún los colores hablaron en los símbolos aztecas y un día también la piedra fue pintada con el color verde del jade, el azul de las turquesas, el amarillo-oro, el blanco de las conchas, el negro de la obsidiana y el rojo simbolizando los rayos de luz.

La piedra estuvo en su nicho quizá hasta que Hernán Cortés mandó quitar los ídolos "y limpiar aquellas capillas donde los tenían, cuando todavía gobernaba Motecuhzoma. Puede ser también que la gran piedra del sol haya sido arrojada fuera de su templo en la fecha en que mandó quemar todas "las casas grandes de la plaza". Lo cierto es que, a partir de agosto de 1521 y durante los primeros 38 años de la colonia, la piedra de 24 toneladas permaneció expuesta, ya mutilada, en un costado de la Plaza Mayor.

Fray Diego Durán dice haberla visto junto a la acequia, "donde cotidianamente se hace un mercado frontero de las casas reales; donde perpetuamente se recogían cantidad de negros a jugar y a cometer otros atroces delitos, matándose unos a otros. De donde el Ilustrísimo y Reverendísimo, señor Don Fray Alonso de Montúfar, de Santa y Loable memoria, Arzobispo Dignísimo de México, de la Orden de los Predicadores, la mandó enterrar, viendo lo que allí pasaba de males y homicidios y también, a lo que sospecho, fue persuadido la mandase quitar de allí.

En 1559, según la cuenta de los días de los aztecas, se cerraba un nuevo ciclo sagrado de 52 años, simbolizados en la parte superior de la Piedra por cuatro cañas atadas en un nudo que marca la unión de dos calendarios: el solar y el ritual. Era la fecha de la ceremonia del Fuego Nuevo. En un intento por sofocar la amenaza de los ritos "paganos", la piedra fue volteada y arrojada a la acequia donde quedó sepultada junto con los escombros de la antigua Tenochtitlan.

Lucio Vilchis Zapata (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de e-mail está protegida contra spam bots, necesita Javascript activado para verla ) realizó estudios de física matemáticas y bibliotecología.

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