Genes y Derechos Humanos
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10 de noviembre de 2011
El sabio nacido en Dinamarca llamado Wilhelm Ludvig Johannsen (1857-1927) propuso la palabra “gen” (de una palabra griega que significa “raza” o “generación”), para poderla relacionar con el verbo egenómen (que quiere decir suceder) y de esta forma, crear un lenguaje nuevo en la medicina que a cada momento nos sorprende, asombra, llena de promesas e incluso nos asusta: Se trata de la genética.

Tal vez el primer impacto psicológico que nos lleva a experimentar una sensación abrumadora, es la palabra “gen”, porque es difícil de describir y comprender, ya que se trata de un elemento compuesto por una serie ordenada de sustancias conocidas como nucleótidos, formados por algo bastante simple, pues solamente tienen una base nitrogenada (compuesto que tiene dos o más átomos de nitrógeno); un azúcar (pentosa) y ácido fosfórico (H3PO4); lo que da lugar a las denominadas bases púricas y pirimídicas. Estas formarán a su vez los ácidos nucleicos. Por supuesto aquí se van complicando las cosas de modo que podría sugerir, ante cualquier duda, que “consulte a su médico”, aunque muy probablemente lejos de brindar una aclaración, pondrá mirada de político ignorante, en un paseo turístico cultural e intelectual, buscando las baterías a una pieza arqueológica de la época precolombina. Tal vez la mejor forma de imaginar lo que sucede en estos menesteres gira en torno a los juguetes infantiles que por medio de ensambles sencillos, pueden dar lugar a piezas bastante complicadas. Cabe destacar el arte de Nathan Sawaya (Norteamericano nacido en 1973) quien con los populares “lego-bricks” llega a elaborar esculturas tridimensionales sorprendentes; sin embargo, nosotros con nuestras bases púricas y pirimídicas llegamos a complejidades de un carácter imposible de definir. Somos un código, es decir, una serie ordenada de elementos que nos caracteriza y al que se le ha denominado genoma. En 1990, el Departamento de Energía y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos conjuntaron 90,000 millones de dólares para llevar a cabo el Proyecto Genoma Humano, con el objetivo de que en un lapso de 15 años, se pudiesen determinar las combinaciones de bases púricas y pirimídicas, descifrar el código genético que nos define como seres humanos y así, buscar el origen biológico de lo que somos, desde todos los puntos de vista. El ambicioso proyecto tuvo un apoyo internacional sin precedentes, lo que aunado al avance científico y tecnológico, generó un adelanto para el año 2000, culminando la presentación del genoma humano en su forma completa 2 años antes de lo esperado; es decir en el 2003. Es obvio que este conocimiento revolucionará nuestra visión de la medicina y la biotecnología, brindándonos opciones preventivas para un sin fin de enfermedades. Pero no todo es positivo, pues en primer lugar, el acceso a esta tecnología no es equitativo desde el punto de vista económico. Por otro lado, la posibilidad de manipular genéticamente a individuos nos lleva a cuestionamientos que se enmarcan en temas como la dignidad, el respeto, la evolución natural o forzada y la igualdad. Por eso, el 11 de noviembre de 1997 ya se había llevado a cabo la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los derechos Humanos promovida por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Se convierte en una moda hablar de las Bioética, en un intento por unir armoniosamente las consecuencias positivas de la decodificación genética y nuestra biología, buscando solamente el beneficio humano. Lo cierto es que hasta ahora, no sabemos el alcance de los estudios que se están llevando a cabo en la actualidad ni qué tan perversos puedan llegar a ser. Por eso este día, a catorce años de la Declaración Universal sobre el Genoma Humano, debemos detenernos a pensar en un forma seria lo que el futuro, en un momento dado, nos puede deparar y sobre todo, confiar en el humanismo de los investigadores que, manipulando genes, pueden tener la misma caja de Pandora en sus manos.


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Jose_Gabriel_Avila-RiveraJosé Gabriel Ávila-Rivera es médico egresado de la BUAP, especialista en Epidemiología e investigador del Proyecto de Salud Ambiental y Humana, Departamento de Agentes Biológicos, Facultad de Medicina de la BUAP

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