“¿Y la solidaridad musulmana?”
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- IDEAS SUELTAS Y OTRAS MÁS O MENOS ENGANCHADAS -

Las cifras sobre el número de musulmanes que hay en Europa es incierta. Unos hablan de diecisiete millones, otros de treinta y unos más de cincuenta. La única certeza es que los fieles del Islam gozan de la libertad religiosa a la que tiene derecho todo ser humano.

Cuando se anuncia la construcción de una mezquita, indistintamente surgen protestas por parte de los vecinos de las zonas circundantes que objetan cuestiones logísticas. Un ejemplo común se refiere a la aglomeración de autos que obstaculizarían el libre paso en las calles. Sin embargo, las once mil mezquitas(1) autorizadas que existen en Europa, más las numerosas que carecen de un registro, son un ejemplo de la libertad religiosa de los no cristianos inmigrantes en Europa o nativos de ese continente.

Hay otras situaciones en que los ciudadanos denuncian a través de los medios de comunicación, lugares de culto no aptos ni acreditados para practicar esa fe. Por ejemplo, departamentos de edificios donde docenas de zapatos ocupan las escaleras y pasillos, en perjucio de los condóminos que ahí habitan. Recordemos que la práctica del Islam exige descalzarse.

¿Será a acaso que los países donde está debidamente legislada la libertad religiosa, han llegado a un nivel de convivencia social más civilizada que en las naciones de mayoría islámica, donde el que piensa distinto en materia de fe, es un “infiel” que merece la maldición?

Libro Sagrado del Corán: Verso 2:161 Los que no crean y mueran siendo infieles, incurrirán en la maldición de Alá, de los ángeles y de los hombres, en la de todos ellos.

Verso 2:171 Los incrédulos son como cuando uno grita al ganado, que no percibe más que una llamada, un grito: son sordos, mudos, ciegos, no razonan.

Verso 3:85 Si alguien desea una religiòn diferente del Islam, no se le aceptará y en la otra vida será de los que pierdan.

Verso 5:51 ¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Alá no guía al pueblo impío.”(2)

Los musulmanes que viven en Europa (o Eurabia como la han bautizado desde hace algunos años), sabiéndose libres de practicar su fe en países de mayoría cristiana ¿por qué no se solidarizan con las minorías cristianas que viven en el Magreb, resto de África y el Medio Oriente? ¿Por qué los Imam -en su calidad de doctos guías de los ritos islámicos- no toman la iniciativa de hacer público un documento dirigido a las autoridades de los países islámicos, solicitando la protección de los cristianos? ¿Por qué no un desplegado en un periódico de circulación -cuando menos regional- en esta defensa? ¿Por qué no convocar a un ciclo de oraciones o plegarias masivas para orar por los derechos de los cristianos perseguidos? ¿Por qué la indiferencia? ¡Que se vea la solidaridad! Parecería que ellos desean todos los derechos de los países europeos donde llegan a vivir, pero carecen de importancia las violaciones a los derechos humanos de aquéllos que no practican la fe de Mahoma. Sépase que en países islámicos, la discriminación religiosa conlleva a otros tipos de exclusión, como la laboral, educativa, de servicios sociales y de ayuda humanitaria.

Los musulmanes ¿son partidarios silenciosos de las masacres de los cristianos? Con cualquier respuesta se tocarían fibras sensibles. Mejor pensemos que quizá en su léxico doctrinal no existe el concepto de “pecado de omisión” o “consciencia”. Más utópico es creer que entiendan los conceptos de “libertad” y “democracia”.

Contrariamente a esa indiferencia que demuestran, tenemos este ejemplo que no es el único, en defensa de los derechos de los musulmanes:

“..los obispos suizos criticaron la prohibición de los minaretes. En un comunicado publicado el domingo anterior, la conferencia episcopal suiza indicaba que la medida representa un obstáculo y un gran desafío en el camino de la integración, el diálogo y respeto mutuo."(3)

La doctrina del guerrero profeta Mahoma les muestra a un Dios perseguidor que no pacta treguas con los “infieles”. Una doctrina que no vislumbra que hay “otras ovejas que no son de ese redil”, es una doctrina reductivista y pobre, incapaz de convivir inteligente y respetuosamente con el mundo.

Conocidos hombres musulmanes del ámbito político como Muhammar Gaddafi, presidente de Libia, no escapan a esta primitiva idea. Ya lo dijo prepotentemente en una entrevista a la televisión árabe Al-Jazeera en el año 2010: “Somos 50 miliones de musulmanes en Europa y la trasformaremos en un continente musulmán en pocos decenios…Estamos aquí para predecir la victoria de Alá en Europa sin necesidad de la espada o el fusil…” (¿sin la espada? Los hechos demuestran lo contrario).

Lo único que admiro de Gaddafi es su convencimiento en lo que cree y su orgullo de pertenencia al Islam. Pero en los extremistas de esa religión –que son muchos- ese orgullo se distorciona en prepotencia, xenofobia, fanatismo y paranoia, características todas practicadas por igual dentro y fuera de sus países de origen.

Al cristianismo católico y protestante les debemos atrocidades. Entre muchos ejemplos tenemos la colonización de América. Este suceso histórico incluyó la conquista espiritual pasada por la espada. No obstante esta historia de desencuentros, fue sobre todo la iglesia Católica quien, picando en piedra, halló el punto medular para armonizar ese sincretismo que parecía irreconciliable: dar un orientamiento cristiano a los cultos de los pueblos conquistados. Los musulmanes ¿tendrán la disposición y la inteligencia de encontrar ese equilibrio para vivir en paz con los “infieles” mientras los convierten sutilmente al Islam? Ellos han demostrado que no, no hay términos medios ni plazos de espera: se es o no se es seguidor de Mahoma ¡ya!.

Cierto que en el Islam no todos son extremistas, pero casi todos son profundamente anticristianos. Ni Turquía –una nación con fuerte tendencia secular, país en el que se encuentra Esmirna, ciudad donde sólo la mitad de las mujeres usa el velo y la otra mitad alterna los jeans y la minifalda- ha dejado de obstaculizar la práctica cristiana, cuyos fieles representan menos del uno por ciento de sus setenta y un millones de habitantes. Y eso que Turquía tiene históricamente el corazón en Europa, además de luchar desde hace años pare ser admitida en la Unión Europea.

Los cristianos europeos –practicantes y no- están hartos de las muestras de odio anticristiano en su territorio. Ejemplos hay cientos, tal vez miles. En enero de 2010, cuatro estatuas de la plaza del santuario de Fátima en Portugal, fueron grafiteadas con palabras alusivas al Islam. Otro caso reciente del que tuve conocimiento a través del periódico, sucedió en diciembre de 2010 en Italia, en el pueblo de Caerano San Marco, región del Véneto, donde un grupo de marroquíes dañó la estatuilla de San José, colocada en un nacimiento con motivo de la Navidad.

Principalmente los gobiernos de Europa occidental, han sido muy flexibles ante los reatos cometidos contra la ley civil y en agravio de símbolos cristianos. (El lector está en su derecho de argumentar que las potencias occidentales han propiciados hechos peores en todo el mundo y nadie los ha castigado. Hay poco o nada en defensa del Tío Sam y club, mas mi escrito está orientado a la solidaridad que nos debemos entre los seres humanos, sobre todo entre quienes practicamos una religión).

No obstante lo criticable de muchas de los actos de los musulmanes, nada ensombrece el esplendor de sus templos, ni el arte ligado a su religión. Es un mundo apasionadamente complejo para nosotros los occidentales. Quizá falta conocernos un poco más. No para justificar nuestros actos negativos, ni para convertirnos a una u otra religión –salvo el que libremente desee hacerlo-, sino para platicar de lo que nos gusta de nuestros “mundos” y de los puntos de convergencia de nuestras religiones. Somos monoteístas junto con los judíos; somos tres grandes en el vasto mundo; somos muchos y a la vez pocos frente al océano de budistas e hinduístas. Tener a un sólo Dios como centro de nuestra vida y tener como origen de la fe y/o de la raza al patriarca Abraham, puede ser, contra toda esperanza, la partida para la unidad y la paz. Sólo faltan dos cosas: la fe y la voluntad.

(1) Agencia Zenit. 11 de noviembre de 2009.

(2) El Sagrado Coràn. Traducciòn castellana de la Asociación Estudiantil Musulmana de Oregon State University.
(3) Agencia de noticias Zenit. 30 de noviembre de 2005.

*Tesara es una joven mexicana con estudios de posgrado. Actualmente radica en Europa.

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