"¿Dónde quedó la bolita?"
Minuto a Minuto

21 de noviembre de 2013

El Centro Histórico de la Ciudad de México es un espacio multicultural donde se puede encontrar de todo un poco, pasando por libros, antojitos, artículos deportivos, antigüedades, instrumentos musicales, zapatos, etc.  No obstante nadie dice que uno que otro despistado no encontrará algo más.

Hace algunos días algunos familiares vinieron de visita desde provincia y pidieron con ansias conocer el Centro y de paso gastar un poco de su dinero comprando una que otra bagatela.  Así pues, no quedó más que acompañarlos para recorrer esas calles llenas de historias y de Historia. Sin embargo hubo algo que llamó particularmente su atención.

En una de las principales avenidas del primer cuadro, un usurero sobre unos cuantos jacales ilusionaba con sus manos los reflejos de los transeúntes mediante el afamado juego de "encuentra la bolita". Rodeado de gente, movía sus manos para que algunas personas ganaran (sospechosamente) en repetidas ocasiones de tal forma que los ilusos curiosos se maravillaran de la facilidad de ganar y quisieran intentarlo.

Para mala suerte de uno de mis familiares, la curiosidad hizo que dejara el grupo y se adentrara en el juego primero indirectamente,  pues esta mafia lo que hace es que uno de los que "juegan" ganan y comparten su premio con el intrigado. Pero obviamente no queda allí, sino que le piden que saque dinero para así "comprobar" que podría apostar y duplicar su premio.  Así el pobre saca su cartera y muestra el dinero, sin percatarse que miradas coludidas lo observan detenidamente. De tal forma que el ingenuo empieza a ganar y mientras su mirada está perdida en la bolita, los cómplices se ponen tras de él para empezar de manera muy discreta e imperceptible un bolseo para poder extraer el dinero del susodicho. Tras acabar con el rito, el que ilusionado creé que ganará, se lleva un trago amargo al descubrir que pierde y ahora debe pagar el doble de lo que originalmente "ganó" y menuda sorpresa al no hallar su billetera o su dinero, quedando a merced de la mafia y haciéndole pagar con algún objeto de valor.

Parece increíble, pero esto opera a plena luz del día, bajo la mirada de policías que no son más que otros cómplices, pues también reciben su respectiva comisión.  Los "chilangos" estamos acostumbrados a nuestro pan de cada día pero cuando llega alguien más que haga honor al dicho "la curiosidad mató al gato" no podrá recibir ninguna clase de ayuda pues la autoridad resuelve el echar la culpa a la misma gente diciendo que uno mismo sabe a lo que se atiene al “jugar”, y la gente le echa la culpa a la autoridad diciendo que no realizan su trabajo.

He aquí un ejemplo de tantos de el por qué cada vez se pierde más la fe en la autoridad y cómo si no se empieza a establecer un orden empezando primeramente por los “vigilantes de la ley”, el turismo interno decaería, pues como sea sólo el que vive aquí conoce.

Se sabe que la situación no es para nada nueva, pero si ya la conocemos, y no hacemos nada y al contrario, nos vamos acostumbrando cada día a la cultura de la ilegalidad, no queda más que preguntar: ¿dónde quedó la bolita de la competencia, en nosotros mismos o en la policía?

Luis Canchola Cupich

 

Luis Canchola Cupich es estudiante en la Facultad de Derecho de la UNAM.