
Puebla, 5 de julio de 2022.
Por Luis Manuel Pimentel
A Tony, su familia y la comunidad de Buenavista
No todos los días sale un equipo macuarro para un pueblo a jugar un torneo de básquet, igual, no siempre los astros se alinean para poder ir, sino que lo diga Arturo, Mario Lima o Germán, que fueron de los más extrañados, porque hasta el último momento sus nombres sonaban más fuerte que el principio de los violines de la canción, Ojalá que llueva café, en la versión de Cafetacuba.
Buenavista, es un pueblo que pertenece al municipio de Zautla del Estado de Puebla, a más de 2100 m.s.n.m. Una comunidad pequeña, agrícola, indígena, donde la tierra de la Sierra Norte se funde con las nubes y las variadas capas de vegetación que generan sus formaciones geológicas. Por momentos daba la sensación, cuando caía tarde, que la luz del sol y la montaña se besaban a escondidas. Junto a ese beso natural se celebró el 2 de julio, el día del Señor de las Maravillas, donde a media mañana la danza ancestral de Los Negritos recorrió todo el pueblo, y al mediodía, se dio el pitazo inicial del torneo de basquetbol. Con música de cuerda en vivo, que nos conectaba con otros lugares de las sierras del mundo.



Mientras comía en un puesto de carnitas, supe que la iglesia la han ido construyendo poco a poco, y que son las mismas personas de la comunidad las que la han levantado, incluso los gastos salen de sus mismos bolsillos y de su trabajo, con un voto de fe y esfuerzo porque quieren verla terminada.
Con el transitar de la mayoría de la población y de los foráneos, daba la sensación de vivir una realidad paralela a las grandes ciudades del mundo, pero también la hermosura de la sencillez y la humildad, de esa vida aparentemente tranquila, cargada de afectividad, de ver a las señoras con sus faldas largas, chamarras tejidas, dos trenzas, como si se hubieran quedado suspendidas en un tiempo, tan distinto al moderno que no se las llevó; igual a los hombres, con sus sombreros y chaquetas gruesas, caballeros de un tiempo que se pronuncian entre el labrar la tierra, la cosecha y la resistencia de una herencia indígena que aún tiene vigencia en sus usos y costumbres, pues son los herederos directos de los secretos de la Sierra Norte con la sangre y su lengua náhuatl.
Breve origen del equipo macuarro
“El equipo de basquetbol se ha ido engranando a lo largo del tiempo”, comenta Juan de Dios, que tiene más de 5 años yendo a las retas de todos los domingos a partir de las 9 a.m., como si el Parque Ecológico fuera una iglesia a cielo abierto, epicentro donde nos reunimos a jugar, eso sí, cada uno con sus achaques, con una alterada visión de la realidad, una lucha constante con esa noción de triunfo que nos lleva a la gloria o al infierno; resultados de unas cáscaras fantásticas, con jugadores mágicos de diversos matices, vicios, mañas y edades.

A veces pienso que, frente al General, todos debemos pararnos firme. Según los organizadores de la liga galáctica, es él una representación viva de lo que nosotros debemos aprender con constancia y esfuerzo, un general simbólico, pero no como los repetidos de la independencia mexicana o venezolana, sino de un rango mayor: el general de un parque de basqueteros. Porque todo sabemos que otro símbolo es el Macurarro, pero este es sexy.
En este equipo es donde me ha tocado jugar durante esta temporada de la vida, y a pesar de los mal cantos, del excesivo marcaje de faltas, codazos, dobles, caminatas, empujones, además de luchar con equilibrar el colesterol y los triglicéridos corriendo como locos por toda la cancha, es una sorpresa anunciada de todos los domingos, porque al despertar, sabemos lo que vamos a encontrar y volvemos a nuestro tóxico amor por el balón.
Cuando el cansancio arrecia y la 1 de la tarde aprieta, en peregrinación llegamos al Tony Club, donde todo transcurre con alegría, armonía, aparecen narradores y comentaristas extraordinarios sobre las historias de los partidos recientes, pero por encima incluso del Popocatépetl, está la ilusión de cada uno juga mejor que el otro, y eso, paradójicamente, los convierte en un verdadero equipo.
Como salidos del cine
Se fue armando el dream team de los basqueteros macuarros y mutó en el equipo Continental, cuyo fichaje estaba organizado por Tony, quien tras haber realizado varias reuniones con empresarios de Zautla, logró conseguirnos el patrocinio del Hotel Continental, donde también nos hospedamos, bajo la responsabilidad del misterioso Gomita y sus dos asistentes técnicos, el Gomitita y Camila, la madrina del equipo quien no aceptó su distinción.

Al llegar al pueblo de Zautla, nuestro representante nos fue a recoger para llevarnos a Buenavista. Íbamos concentrados en la supercombi con el sonido más estridente de toda la vía. Allí subía el equipo por las curvas cerradas, empezando por el Flaco, con las canillas más rápidas del torneo; Roberto, el filósofo sideral de mundos posibles; Juan de Dios, aferrado a los rezos, a los puntos y a la justicia; el Coronavirus, a quien nunca se le perdió el encendedor; Gusi, un estrella gigante de Nigeria que salió de la caja de panes con los que desayunamos; Román el de la novelas épicas y de amores furtivos; Faustino con sus dos pares de zapatos y con la ilusión perdida; Oscar, que se volvía loco cuando lo marcaban entre dos, y este Pana, que aparte de mirar, convirtió unos doble pasos en paradisíacos cantos.
El único equipo que tenía una hermosa barra éramos nosotros, presidida por Magdalena, mujer diligente y servicial, Citlali con la juventud, la fuerza y alegría de vivir dos vidas en una sola, y Noemí que gritaba tan duro que los muertos del micropanteón, se movían al escucharla. Este fue nuestro equipo de lujo, se notaba tanto nuestra fusión, que cada cesta era una celebración como si se fuera acabar el mundo.
Un equipo como sacado de una pantalla de cine, diverso e improvisado, iba más allá de la lógica de las cosas, un equipo que, según Gomita, lo dejaron a él solo y ahora debía sacar mucho dinero de su bolsa para pagarle al chofer porque ya lo había contratado. Como a las 5 de la tarde llegaron Macuarro y Ángel, relevos etílicos encendidos a conquistar a las mujeres solteras que se les atravesaran, pero no les cayó ni una sombra.
Jugamos 4 partidos, ganamos 2, perdimos 2. En el primero que perdimos nos desmoralizamos porque la ventaja fue de 1 punto, con el equipo que luego resultó campeón. En la noche, cuando el trauma ya no era tanto y nos habíamos tomado una botella de tequila y otra de Brandy, nos quedamos en las afueras del concierto, en plena antesala, hasta que empezaron a titilar las luces y a brillar con su música Los Caminantes, las estrellas más esperada por los seres humanos del pueblo y de las comarcas cercanas, quienes vinieron a ponerle swing al bailongo.

La gente emocionada entraba a la pista que horas antes fue donde jugamos. En cada canción al terminar se devolvían a sus puestos dejando libre la zona de la media cancha. Durante esas dos horas brotaron las ilusiones en cada paso bailado; la algarabía de los que bebían, la multiplicación de feromonas de las adolescentes y jovencitas, el acecho de los chavos pendientes de su presa, los borrachitos con sus pasos prohibidos, se precisaba tanto goce, que de pronto, el pueblo frío se alumbró con fuegos artificiales como si se tratara de un cierre cósmico.
Ya íbamos de vuelta a Zautla como a las 3 de la mañana. Caminábamos a la combi, mientras el Macuarro y Ángel iban hasta el carro de Ángel para bajar con mucha precaución porque le estaba fallando el croche. Nosotros nos metimos en el estacionamiento y como si se tratara de una revelación producto de tanto trago, con en ese andar corto y dinámico del Gomita, habló entredientes y pude leer unas palabras en sus labios, cuando emocionado dijo: “qué chingón está el equipo, si valen la pena las retas en el ecológico”.








