Mis ritos mágicos
Minuto a Minuto

 

 

2 de septiembre de 2021

 

Laura Márquez Córdoba
Crónica y fotografías

 

Los días se suceden, unos a otros, a menudo vamos y venimos, haciendo todo como de memoria, sin detenernos por un instante a sentir, pensar, mirar, los ritos mágicos que realizamos en la cotidianidad.

 

 

Los ritos mágicos están ocultamente a la vista, son actos que realizamos buscando protección, poder, sentido o conexión con otros planos. Los ritos mágicos son el resultado místico de un sincretismo de creencias, religiones, mitos y figuraciones a las cuales les damos vida, aunque no lo recordemos. Basta fijar la vista en las calles, mirar en algún rincón de tu casa, de tu cartera, de tu cuerpo para encontrarlos.

 

 

Los ritos mágicos son milenarios, han sobrevivido desde tiempos inmemorables. Los primeros análisis de estos actos provienen de las familias Fenicias y Púnicas, las cuales consideraban que las enfermedades, las malas cosechas y otros males que afectaban a la casa y a sus bienes, estaban provocadas por agentes demoniacos y malos espíritus, por ello, practicaban rituales diarios con objetos que consideraban mágicos y que estaban destinados a proteger la casa y las personas que vivían en ella.

 

 

En las iconografías y en los espacios funerarios también se presentaban objetos utilizados como amuletos. Lo mismo en las culturas prehispánicas, en las cuales encontramos el uso de piedras o minerales como protección, así como la presencia de dioses materializados en piedra o en animales.

 

 

Al darme a la tarea de salir a las calles del centro de Puebla, a entrevistar a las personas que tenían objetos, santos o plantas y otras cosas de esa índole, afuera de sus negocios o casas, me encontré en que había una vergüenza e incomodidad al ser cuestionados por la naturaleza de su fe en tales objetos o actos del uso del ritual.

 

 

Fue así como yo misma me cuestione cuáles eran mis ritos mágicos diarios y si sentía pudor de mostrarlos. Resultó que también me sentí juzgada por mí misma. Esto que estábamos sintiendo, tanto los entrevistados como yo, apareció con el mundo moderno, y en las ciudades fue desplazado el carácter sagrado de la trascendencia y sustituido por el triunfo de la ciencia, la tecnología y la razón.  Los actos de nuestros ancestros como artificios profanos y los objetos de usos religioso los fetichizarían como artículos de belleza.

 

 

Y debo confesar, que por las mañanas honro a los volcanes, con una vela, porque para mí representan a la madre tierra. También tengo pequeños altares a la feminidad, elefantes blancos de varios tamaños para atraer la buena fortuna, tengo un gato a quien considero un ser con poderes superiores, recojo plumas en las calles y me gusta coleccionar ojos de dios.

 

 

Cuando mi trabajo en las ventas de casas, o de fotógrafa, me hace ir algún lugar que para mí resulta pesado, llego y limpio esa energía atrapada en mi cuerpo con un huevo. Me gusta tener plantas en el jardín, sábila, limones, tengo cuarzos y piedras, creo que mi perro me guiará al final del Mictlán. 

 

 

Mis diferentes ritos diarios hablan de mis raíces y creencias, me ayudan a saber quién soy.

 


Este trabajo fue el resultado del Taller Virtual Literario de Crónica y Fotografía, bajo la Dirección de Fomento Cultural, de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, impartido por el Mtro. Luis Manuel Pimentel

 

 

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