Maldita sea la confianza
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Con esta frase, mi amiga Mayleth, remataba cualquier plática en donde se abordaba el tema del abuso de confianza, de hecho, la frase completa era: “como decía mi abuela: maldita sea la confianza”, y ante la evidencia de los hechos a todos los oyentes no nos quedaba de otra que asentir. Cada vez que alguna persona o suceso pone a la confianza en juego, viene a mi memoria esta frase; y en momentos específicos se convierte en sentencia natural.

Con el actual gobierno que anda estrenando el Estado, esta frase se presenta oportuna para blandirla, los cambios naturales en la estructura de gobierno allegan a todos las dependencias un mar de trabajadores de confianza.

Primero creo conveniente mencionar algunas consideraciones, digo, para que nos vayamos entendiendo. Hasta donde mi corto entendimiento me permite, sé que existen tres tipos de trabajadores, de base o planta, de confianza y de honorarios. Los primeros son defendidos por las leyes y por los sindicatos. Los segundos y terceros quedan a la buena de Dios.

Sin embargo, en una institución de gobierno, a pesar de lo que dicen las leyes, existen cuatro tipos de empleado: los de base o planta, que a su vez se subdividen en los comunes y corrientes y aquellos que son de todas las confianzas de los directivos (en esta categoría entran varios tipos de personalidades, desde los adictos al trabajo, pasando por los que nada más les gusta trabajar, hasta los lamebotas, a estos últimos especímenes no les importa pasar sobre sus compañeros trabajadores para mantenerse dentro del círculo cercano a su jefe, de ellos nos ocuparemos en otra ocasión).

Los de confianza, también se dividen en dos: los de confianza con antigüedad (incluye a los de honorarios) y los de CONFIANZA nuevos. Aquí es donde surgen algunos problemas.

Todo inicia con la llegada de un nuevo Director (en adelante se utilizará este denominación para nombrar al más alto directivo de la institución u organismo gubernamental, pero que incluye al Delegado, Directora o Delegada, para hablar con perspectiva de género), normal es que llegue con su equipo de trabajo, y para darle cabida requiere de los lugares o puestos del personal de confianza. Entonces no importan tus años de servicio en la Institución, de nada sirve tu experiencia, lo único que tienes de valioso para el recién llegado es tu puesto, mismo que pasará a ocupar un empleado de SU CONFIANZA.

En muchos lugares, esos puestos de confianza son ocupados por personal de base que con trabajo, empeño y entrega lograron una oportunidad y que su mismo trabajo los mantiene; otros han llegado con alguna administración pero dada su capacidad y empeño o aprovechando sus habilidades acomodaticias trascienden a esa administración y continúan laborando; sin embargo, con cada cambio de gobierno, todos sufren las amenazas y temor de perder su empleo; pues tienen que combatir contra un oponente que tiene todas las de ganar: únicamente porque es conocido del recién llegado director, recalco, es de su CONFIANZA.

Y esa confianza se la han ganado de muchas maneras, por compadrazgo, por recomendación, para quedar bien con alguien más arriba, porque lo mandaron, etc. Y se mantienen con ese status volviéndose total, completa e irracionalmente incondicionales, siguiendo instrucciones sin pensar en su viabilidad u oportunidad, también logran acomodarse, llevándolo a comer y/o tomar o, en casos excepcionales otorgando sus “favores”. El recién llegado nunca dice que no a su Director, siempre acepta, al fin tiene empleados (de base y confianza) bajo su mando que lo tendrán que sacar adelante.

Pero tal sometimiento tiene sus recompensas, los empleados de CONFIANZA tienen además de su sueldo, bonos de productividad que el Director reparte a discreción, y nuevamente no importa tu antigüedad o desempeño, el dinero se reparte de acuerdo al grado de confianza nunca al trabajo realizado.

Otro ingreso que se ve modificado es el correspondiente a los viáticos, simplemente por ser de CONFIANZA esos viáticos son mayores que para el resto del personal, de confianza o de base, asumiendo que los de CONFIANZA deben comer y dormir en lugares con mayor categoría, como si los demás no necesitaran comer y dormir bien.

Y reciben otras prestaciones: automóvil de la institución para uso personal, vales de gasolina, gastos de representación, etc. El resto del personal para transportarse a comisiones oficiales debe de utilizar el transporte público, aun estando el vehículo estacionado y además conseguir los comprobantes oficiales para justificar su gasto.

He conocido muchas personas, compañeros de trabajo o no, que ocupaban puestos de confianza y puedo decir que, gracias a Dios, la mayoría son comprometidos con sus respectivos trabajos, pero es esa pequeña fracción, los de CONFIANZA, la que echa a perder el trabajo de toda una institución.

Son esos, que están esperando a ver a que hora el Director “se hecha un pedo para aplaudírselo”, a quienes no les importa la misión de la Institución, ni las personas que se esperan ver beneficiadas con su trabajo y el de la institución, quienes dejan de existir. Su trabajo no está comprometido con la Institución que le está dando de comer, sino con quien lo llevó ahí, todo lo demás no importa.

Y tan no importa, que pretende que los trabajadores bajo su responsabilidad, estén totalmente bajo sus órdenes, sin cuestionar uno solo de sus actos, aunque sean contrarios ya no a derecho, sino a la simple lógica del trabajo institucional. Y si por casualidad hay personal de confianza o por honorarios, no tienen ninguna consideración para ellos, los quiere tener todo el tiempo a su disposición sin importar lo poco o mucho que ganen, vamos a veces hasta les impide tener vida personal a riesgo de perder su empleo.

Todos deben estar a la espera de las indicaciones del Director, nada se mueve si el Director no lo pide. El Director y su personal de CONFIANZA, pueden enfermarse, tener hambre, hijos que atender, derecho a vacaciones, mientras que el resto debe cumplir con su trabajo porque “para eso se contrató”; el dicho para los empleados de confianza es “tienes hora de entrada pero no de salida”, y bajo ese lema, la explotación del trabajador raya en el esclavismo, que por si se había olvidado, fue abolido por Hidalgo y Morelos, hace 200 años y lo acabamos de celebrar.

Y los de CONFIANZA, cuando se presentan a trabajar (bueno, a su lugar de trabajo) normalmente después de la hora de entrada, se quedan hasta tarde, por si los busca el Director, para estar a sus órdenes, por si se ofrece algo, y se quedan las horas, aunque sea jugando solitario, chateando o navegando por páginas insospechadas del Internet, en algunas ocasiones hasta haciendo trabajo de otras chambas cuando las tienen.

En ciertos casos, y aduciendo al contrato de confianza, aquellos que se mostraron opuestos a los deseos del Director son despedidos aun antes de terminar el sexenio correspondiente, otros son reubicados con un menor sueldo y en áreas totalmente opuestas a su preparación o intereses; algunos Directores se pasan de la raya autorizando de último momento puestos de base, que fueron peleados por los sindicatos durante largo tiempo, para ubicar a sus familiares y amigos pasando por encima de los derechos legalmente establecidos.

En fin, esperemos que en este sexenio no tenga que citar a mi amiga y su “Maldita sea la confianza”.

Jorge_Alberto_Duran_Ramirez*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor

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