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alma janai calvarioDoy inicio a mi día, quizás demasiado temprano, o tal vez muy tarde, no estoy completamente segura, sin embargo estoy aquí, puedo sentir pesadez en mis parpados y como mis ojos protestan por mantenerse abiertos, percibo un sabor amargo en mi boca, puede deberse a la falta de victoria o al exceso de café, mis dedos se sienten torpes y aunque no estoy a oscuras, la ausencia de luz es evidente.

Deseo que amanezca por fin, no es que la belleza nocturna me sea indiferente, tampoco se trata del orgullo de la luna molestándome, amo las estrellas, gusto de permitir que el gélido viento de la noche dance en mi cabello. Pero hoy no, esta madrugada no podría soportarlos más, debo confesar que tengo miedo, que me siento tan pequeña, tan patética.  A veces pienso en las hormigas. Me las imagino sobre la mano de algún niño travieso, miro como van a toda prisa buscando escapar de la mano captora, se desplazan alrededor llegando siempre al mismo punto, y aunque se han desplazado 360 grados, lo cierto es que no avanzaron nada y por supuesto no se hallan a salvo. ¿Sentirán frustración? ¿Tendrán miedo?... ¿Angustia?  Mientras un algo cientos de veces más grande se divierte de su pesadumbre sin tan sólo haberla advertido.

No sé si soy egoísta o poco agradecida, pero hoy le daré nombre a esa hormiga asustada y será el mío. El tiempo cae por gotas, son grandes y pesadas, del color no estoy segura, tal vez sea vino, marrón o rojo. Nunca me gustó el rojo, he escuchado que los colores tienen significado, estoy de  acuerdo, creo que todo cuanto nos rodea contiene algo restringido a los ojos superficiales de lo evidente. Se necesita oler con los ojos y escuchar con la piel, entonces podrás admitir que la miel huele a amarillo, que las rosas se sienten a besos y que sus ojos saben a anís, tendrías que ver más allá de lo que éste y aquel te proponen. ¡Escúchate! ¿Qué te propones tú?

El rojo;  decía, nunca fue de mi agrado, para otros habla de seguridad, control, actitud, quien viste de rojo consigue lo que quiere cuando lo quiere, además es pasión, es belleza, el color del vino y la sangre. Para mí el rojo es… molesto. Podría decir más, pero creo que basta con eso, quizás porque estoy de acuerdo con todos y represente todo aquello de lo que carezco, o simplemente el problema resida, el un suéter rojo ajustado, en la paleta de cereza que me corto la lengua, en la sangre consecuencia de mi duelo mortal con aquel caramelo, o aun más sencillo que no es de mi agrado. Pero la vida no es así de fácil, algunos la hacen fácil, mejor dicho simple. Dando explicaciones rápidas y concretas, que satisfagan su curiosidad momentánea, para ellos es inútil pesar, en la paleta de la infancia, en los olores y dolores, en rodillas raspadas, en el primer cero en la libreta, que por cierto también era un garabato colorado. Prefieren reducir todo a “se ve bien” o “se ve mal”…Pero qué es bien y mal. Yo no lo sé, ni quiero saberlo, quiero seguir dando vueltas en la mano del niño, quiero vestir de verde, morado, rayas, mallas, azul, tirantes y gorro. Necesito buscar, no espero encontrar algo que responda todo, necesito encontrar todo lo que responda a algo. Hoy no me siento bien, hoy no necesito un te quiero, aunque tal vez sea mi rojo el que habla y lo necesito con urgencia. No tengo que preocuparme, no puedo asegurar el color para mi día, cuando la mañana aun no selecciona el suyo.

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