- HISTORIAS EN PUEBLA -
Historia familiar de Don Julián
Jorge Alberto Durán Ramírez*
Jorge Alberto Durán Ramírez*
Como mucho de lo que en esta columna se va a contar tiene su origen en las conversaciones con Don Julián, hoy voy a comentar un poco sobre su familia, dónde vivía y qué hacía hasta un poco antes de casarse.
José Julián Antonio nació en la ciudad de Puebla el 9 de enero de 1926, su familia vivía en una vecindad ubicada en la 7 norte entre la 20 y 22 poniente, la construcción estaba conformada por 24 piezas en dos patios. En esta lugar, rodeado de otras 20 familias, vivió con su padre, de nombre Apolonio y de oficio peluquero, su madre llamada María de Jesús y seis hermanos: Teresa, Micaela, Isabel, Antonio, Marina y él; todos acomodados en una pieza pues sólo los que tenían algo más de dinero se podían dar el lujo de alquilar dos.
Cada pieza medía 7 metros por lado y era utilizada para comer y dormir principalmente pues la cocina se encontraba afuera de la vivienda, en el patio, donde el dueño les daba permiso de levantar un jacal de tejamanil; así la habitación de la familia se extiende al exterior, el patio es un cuarto más, comunal si se quiere, pero ahí la vida de las familias se entrelazan formando una especie de familia extensa. Aunque no faltaban los famosos “pleitos de vecindad” en realidad la gente era más sociable, las vecinas se “encomadraban” y como el compadrazgo era “un tabú que se respeta bastante” todos se ayudaban.
El patio es el lugar frecuentado por la mayoría, las mujeres y los niños principalmente, estos para jugar y aquellas para obtener el líquido vital: el agua para tomar -y que en ese entonces no requería de hervirse-, guisar, lavar la ropa, para bañarse, etc., se obtenía de una fuente “larguísima” que medía 6 metros de largo por 5 de ancho, con llave y tapadera de lámina, de la cual se servía toda la gente, de la misma forma se compartían 20 lavaderos y los baños.
La entrada a las vecindades era libre, el zaguán se encontraba abierto todo el día pero en algunas casas dando la 9 de la noche se cerraba atravesando una viga que se incrustaba en sendos hoyos hechos en las paredes
“...ya si usté llegaba tarde le tocaba, (o con) una seña ya pasaba la señora (la encargada), le pagaba usté para que le abriera a usté la puerta sino no lo dejaba a usté entrar...”
La encargada o portera era, además, la responsable de mantener limpios los patios, con piso de laja “de piedra muy bonita” y los baños (con taza de barro y una que otra de fierro), pero estos últimos “eran cochinos” porque la encargada sólo los lavaba en la mañana, ya para la tarde se encontraban sucios y aunque había agua suficiente la gente se acostumbró a no lavarlos.
Esa fue la casa infantil, posteriormente, al fundarse la Colonia Santa María, el padre compró un terreno y construyó su casa a la altura de la 32 poniente, en ese tiempo como no había mucho ladrillo, la mayor parte de casas eran de adobe, apenas estaban haciendo las guarniciones de las banquetas e introduciendo el drenaje y el agua potable.
La casa estaba situada en la 7 norte 3206, un terreno de 20 metros de frente por 50 de fondo, ahí construyó primero 2 piezas grandes y una cocina, para entonces ya solo vivían 5 de los hermanos pues la mayor ya se había casado, poco a poco siguió construyendo hasta levantar cerca de 15 piezas que rentó a otras familias.
En aquel entonces todos ambicionaban tener una casa, por eso, al fundarse nuevas colonias la gente salía del centro de la ciudad para habitar la periferia
“en ese tiempo la primera colonia que se fundó en Puebla fue la Humbold y Santa María era un rancho, comenzó a fraccionar (y) casi la mayor parte de gente que era obrera textil comenzó a comprar terrenos pa’ tener su casa propia”.
A esta colonia llegó gente de clase media pues el metro le costó al padre “un peso y fracción”, mientras que él cobraba el corte de pelo a 10 centavos
“usté se imagina... para juntar cien pesos, un peso, pus era difícil”.
Don Julián le gustó “ver la vida”, disfrutó de tomar y de la mujer pero nunca de las drogas, aunque fumaba cigarro, solamente una vez fumó mariguana y se sintió tan mal que no la volvió a usar.
“... se me alteraron mucho los nervios...las calles se me hacían como acordeón... subían y se encogían... ya le dije al amigo:
-Oye Bruno, fíjate que siento esto.
-No te afliges.
Enton’s en las vecindades no cerraban las puertas, ya nos metimos a una vecindad que me echo harta agua en la cabeza, comenzó a platicar y que me lleva a San Luis, fuimos a cenar, ya con esa experiencia qué le van a quedar a usté ganas de fumar.”
De los amigos que recuerda esta Bruno, al que conoció cuando vivía en la 7 norte, este amigo, que cuidaba autos en el convento de Santa Mónica, se dedicó a robar acumulando más de 300 ingresos al penal por ese delito, de él recuerda uno de los enfrentamientos que tuvo con la policía:
“...había un agente de la policía que se llamaba Navarro, un flaco él que andaba en bicicleta..., tengo un amigo que ya en paz descanse, tenía un carro de sitio allá en la esquina de la 2 y la 7, (se llamaba) Bedolla, llegaba y le decía Navarro
-Bedolla, tu carro lo quiero para las dos de la mañana, pero bien, revisa todo.
-Sí señor.
-Me vienes a ver.
Lo subía (al ladrón) y en la carretera de México-Puebla los iba empujando, y eso se lo digo a usté con seguridad porque hay un amigo mío, Bruno, que nos criamos de niños y él se tiró a ratero y le pasó eso, le decía:
-Si te salvas de esta no te quiero ver en Puebla porque te mueres a balazos.
Mi amigo se fue a México y regresó y un día estábamos en la zona de tolerancia, tomando allá con el Bobi y diga usté que vio al diablo, se puso blanco, blanco, era blanco de color.
-¡Vámonos Julio, vámonos!
-¡Oh, pérate!
-¡Vámonos!
-¿Qué?- ya nos salimos
-No, pus que aí esta Navarro
-¿Y qué?
-Pus si me ve, me mata...”
En el Distrito Federal Bruno conoció a gente más lista y se hizo mejor ratero, en alguna ocasión mientras Don Julián trabajaba en México se lo encontró, lo invitó a su casa en Tacubaya y le regaló tres trajes; cuando Bruno regresó a Puebla llegó bien vestido, con buenos sombreros y gabardina, lo último que supo de él fue que estaba en la cárcel de San Juan, preso, pero por miedo no lo visitó y nunca supo más de él.
“... tuvimos un amigo muy íntimo que se llama Adolfo, (le) decíamos Canelo... hasta la fecha aunque sea tres veces al año me viene a visitar...
... un amigo que se llamaba Lucio... que le decíamos El Pinto, otro amigo mío que fue campeón de los Guantes de Oro en el Distrito Federal que se llamaba Campos,... peleaba con el mote de Erick Campos,... un cuñado que se casó con mi hermana la mayor, también nos criamos chamacos, se llama Ramón Rodríguez, sus hermanos Manuel y Rosalío...”
La mayor travesura de esta palomilla de Don Julián era irse a la 6 poniente y 5 norte a robarse los duraznos y los plátanos, ocasionalmente se iban a la matineé al Guerrero, jugaban canicas, al toro de estoque y otros juegos que hoy se pierden en la memoria.
*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor.
Más de la obra de Jorge Alberto Durán Ramírez:
- Tu Aroma
- Gloria
- Aprendiendo
- El Objeto
- No'mbre
- La Espera
- Tu Figura
- Tus Ojos
- El Dragón
- Adicciones
- La Lluvia
- Casualidades
- Yolanda
- El Sueño
- El Bolero
- Imposible
- Una Prueba de Amor
- La Respuesta
- La Cama
- El Puente de Ovando
- La Ventana
- Diálogo de una Noche Inexistente
- Las Estrella
- Profanación
- La Oficina de la Puerta Cerrada
- Mis Tesoros
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- Cómo sobrevivir en siete lecciones de teatro
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- El Festival
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