Condiciones para meditar (Artículo)
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18 de octubre de 2019

Después de haber asimilado la definición etimológica de la palabra meditación, son necesarias una serie de condiciones auxiliares sin las cuales nuestro intento no podrá ser fructuoso.
En primer lugar, tenemos que estar contagiados por una fuerte aspiración para meditar, luego haber comprendido que la felicidad y el sufrimiento dependen esencialmente de nuestra mente y, al mismo tiempo, experimentar la alegría de esta práctica . En segundo lugar es indispensable ser guiado por un instructor que nos enseñe correctamente la técnica. Si nos proponemos ir a un lugar de un país desconocido para nosotros, sin la ayuda de alguien que lo conozca bien, nos será imposible llegar a nuestro destino. Abandonados a la aventura, no podríamos más que perdemos y dar vueltas.
Por último, el lugar en que meditemos reviste cierta importancia, sobre todo para los principiantes. Las circunstancias estresantes en las que vivimos actualmente, ejercen sobre nosotros una influencia muy fuerte y conllevan un abundante flujo de pensamientos que paralizan nuestros intentos de meditar. Los rudimentos de la navegación no se aprenden en medio de una fuerte tormenta, sino cuando hace buen tiempo y la mar está en calma. Por eso es importante, al principio meditar en un lugar tranquilo para darle a la mente la posibilidad de que se vuelva clara y estable.
Habiéndonos instalado en un lugar aislado, tenemos que dejar nuestro cuerpo libre de toda actividad, nuestra mente libre de cualquier pensamiento del pasado o del futuro, y nuestra palabra libre de cualquier conversación trivial. Nuestro cuerpo, palabra y mente deben permanecer en reposo en su estado natural.
Mantener el cuerpo y la mente en quietud evita que se genere un flujo de pensamientos demasiado abundante. Igual que un jinete que, bien sujeto en su montura, esta cómodamente sentado; cuando el cuerpo y la palabra se controlan, la mente esta predispuesta a la calma.
A veces, la meditación nos proporciona experiencias de bienestar, y nos alegramos de haber hecho una buena meditación. Otras veces, por el contrario nuestra mente está muy perturbada por numerosos pensamientos a lo largo de toda la sesión, y entonces nos juzgamos como malos meditadores.
Algunas personas, desde que empiezan, obtienen rápidamente buenas experiencias; se aferran a ellas esperando que se repitan constantemente pero, como esto no ocurre, se decepcionan y abandonan la meditación. En el curso de un largo viaje tenemos que recorrer tanto buenos caminos como malos. Si las maravillas de un tramo agradable nos llevarán a pararnos para poder disfrutar, o bien si las dificultades de un mal camino nos hicieran renunciar a seguir adelante, nunca alcanzaremos nuestro destino. Sea el camino bueno o malo, hay que continuar. De la misma manera, en el camino de la meditación hay que perseverar, sin preocuparse por las dificultades ni aferrarse a los momentos felices.
Para los principiantes es preferible limitarse a sesiones cortas de diez minutos, incluso si la meditación está siendo buena, hay que parar. Después, si se dispone del tiempo necesario, se puede hacer una segunda sesión corta después de una pausa. Es mejor hacer una sucesión de sesiones cortas que embarcarse en una larga sesión que, incluso aunque sea buena al principio, corre el peligro de caer en dificultades y cansar al meditador.
El objeto de la meditación es la mente, pero, por el momento dicha mente está confusa, agitada, rebelde, y sometida a innumerables condicionamientos y automatismos. El objetivo de la meditación no consiste en quebrantarla ni anestesiarla, sino en conseguir que se vuelva libre, clara y equilibrada.
Según el budismo, la mente no es una entidad, sino un flujo dinámico de experiencias, una sucesión de instantes de conciencia. Estas experiencias a menudo están marcadas por la confusión y la insatisfacción, pero también pueden vivirse en un estado amplio de lucidez y paz interior. Cualidades que no se desarrollarán por el mero hecho de quererlo; necesitan entrenamiento, requieren perseverancia y entusiasmo. No se aprende a esquiar practicando solamente uno o dos minutos al mes.

Dany Dharma
(Daniel León Islas)
Es escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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